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La historia del hombre que se suicidó en el metro por culpa de Bob Dylan

23 de marzo de 2018

Luis Espinosa

El primer suicida de la estación Indios Verdes fue Arcadio Parra, crítico de jazz que se lanzó a las vías del metro luego de que su novia le confesó que prefería a Bob Dylan sobre Coltrane

La primera vez que se pudo leer la historia de Arcadio Parra fue el 15 de marzo de 1980, en el suplemento Sábado del diario Unomásuno. Tiempo después se habló de él en un programa radiofónico del Instituto Nacional de Bellas Artes. Ahí el locutor comentó: "Su cadáver destrozado por el embate de la vida que llevaba y del tren de metro que complementó el suicidio aquella noche en la estación Indios Verdes… el primer suicida de la joven línea, ¡valiente honor!".



La vida de Arcadio Parra puede semejarse a la de un personaje de una ficción periodística. Durante la adolescencia abandonó la idea de tocar jazz porque sabía que no era lo suyo, a pesar de que con optimismo él se justificaba diciendo que su estilo era similar al de Thelonius Monk. Vendió el piano, una antigüedad heredada por su abuela, y guiado por su gusto por el jazz se dedicó a la crítica. Sus jornadas de lecturas lo llevaron al punto de poder distinguir si una pieza era ejecutada con un saxofón tenor o un saxofón radiado, barítono, bajo, soprano o alto.

Junto a su novia era concurrente a los conciertos de jazz en la Casa del Lago, Bellas Artes, el bar El Ágora y el Teatro del Fuego. Según el testimonio de Alain Derbez, leyó más de diez veces El perseguidor (obra dedicada a Charlie Parker), de Julio Cortázar, siempre subrayando las partes más importante de cada página.


John Coltrane


Viajó a Nueva York para escuchar de primera mano a Woodie Shaw. Entrevistó a Ornette Coleman, Max Roach y Yusef Lateef. A su regreso abrió un espacio radiofónico dedicado al jazz, lo llamó "Jazz aquí y ahora". En dicho programa se transmitió en vivo el concierto de 1976 de Carmen McRae y Dizzy Gillespie. En sus preferencias no cabían Dave Bubreck, ni Stan Getz ni Paul Desmond, y se aburría con Bill Evans. En contrapunto admiró a Charlie Mingus, Ella Fitzgerald, Manfred Schoof y Dexter Gordon. El declive de Arcadio Parra inició cuando terminó abruptamente con su novia, durante un concierto de Lionel Hampton. Ella le confesó que prefería la música de Bob Dylan sobre la de John Coltrane, el santo de los artistas, y que de hecho el jazz le aburría.



Aquel acontecimiento se unió con sus lecturas de Boris Vian, autor que leyó antes de aventarse a las vías del metro, y a la renuncia a su trabajo en la Dirección de Servicios Sociales cuando se enteró que la jefa de la dirección definió que el jazz no era cultura. A Arcadio nunca le gustó que hablaran de él, comentó Homero Zertuche colega y amigo en la transmisión radiofónica del INBA. Eso era perder el tiempo en algo ya perdido, decía. Es mejor aprovecharlo siempre en difundir la música que más nos gusta. La idea de no perder más tiempo lo atormentó toda su vida. "Fue por eso que se suicidó, yo creo: el tiempo perdido".

***

La década de los 20 estuvo marcada por la convulsión social, especialmente en la Ciudad de México, donde las reivindicaciones por los derechos fundamentales se hicieron necesarias, por lo que sus pobladores tomaron iniciativas drásticas, como la huelga de alquileres que protagonizaron en 1922.

TAGS: muerte Jazz cdmx
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Luis Espinosa


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