Beethoven: la historia de un genio
Historia

Beethoven: la historia de un genio

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Por: Rafael Perez

10 de febrero, 2014

Historia Beethoven: la historia de un genio
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Por: Rafael Perez

10 de febrero, 2014

Sin duda, somos la suma de una serie interminable de eventos fortuitos, de alegrías y tristezas que van moldeando nuestro carácter, y el recuerdo que de nosotros quede será el resultado de la manera en que afrontamos cada experiencia, por triste y desagradable que sea, para crecer como personas. Es cierto, la vida es un balance de buenos y malos momentos… o debería serlo.

Pero, ¿qué pasa cuando la vida misma se muestra implacable arrebatándonos aquello que más alegría nos da? Existen dos opciones: sucumbir a la tragedia sin apenas oponer resistencia, dejando que aquella vorágine nos borre por completo, o afrontar la desgracia con una entereza casi sobrehumana para cincelar en el tiempo y la memoria aquel valor que nos hizo transfigurar una desgracia en victoria. No es fácil, pero tampoco imposible, ejemplo de ello es la vida de Ludwig van Beethoven.

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Se podría decir que la epopeya de Beethoven comienza, incluso, antes de haber nacido. Su abuelo, después de varios años de recorrer el mundo en busca de fortuna, decidió instalarse en la ciudad alemana de Bonn, lugar en que abrió un negocio de vinos y donde finalmente contrajo matrimonio.

Su gran afición a la música, así como su voz de bajo, le hizo ganar un lugar en el coro del Elector de Colonia, aunque al mismo tiempo tuvo que sufrir la pérdida de dos de sus pequeños hijos. Johann, futuro padre de Beethoven, de constitución débil y enfermiza, logró sobrevivir.

Johann no tenía el talento paterno para la música, aunque estudió en el coro del Elector y llegó a tocar en la orquesta del teatro. Más tarde se casó con María Magdalena Haym.

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El hogar de Beethoven no era, en modo alguno, un sitio reconfortante donde pudiera desarrollar su talento nato con alegría y felicidad. Su padre, de modales toscos, acostumbraba beber alcohol en demasía y lejos de celebrar desinteresadamente la habilidad del pequeño Beethoven, sólo veía en él el modo de sacar un provecho personal. Su madre, por otra parte, siempre le prodigó amor y comprensión y fue a ella a quien amó y admiró por encima de todo.

El padre de Beethoven lo obligaba a pasar horas enteras frente al piano, ejecutando ejercicios una y otra vez hasta dejarlo exhausto. Fueron varios años de sacrificios hasta que a la edad de siete años ya era capaz de tocar piezas de manera experta frente a varias personas. Un par de años más tarde estuvo bajo la tutela del organista y compositor Christian Neefe, quien lo acercó a la obra de los grandes maestros y le dio las primeras lecciones del arte de la composición. Los avances de Beethoven eran extraordinarios, por lo que fue elegido clavicembalista de la orquesta del teatro de Bonn, y más adelante ayudante organista de la capilla de la corte. En 1787 se dirigió a Viena con la intención de perfeccionar sus métodos, esta vez bajo la tutela de Mozart, aunque este encuentro fue demasiado breve debido a que por este tiempo la madre de Ludwig cayó enferma de gravedad. Ante esta desgracia, Beethoven se apresuró a regresar a Bonn, pero sólo llegó para verla por un instante.

Beethoven (1)


Tras la muerte de su madre, Beethoven abandonó la idea de regresar a Viena, en su lugar, obtuvo el cargo de violinista de la orquesta del teatro y trabó amistad con Stephan von Breuning, joven de noble familia. Es en casa de Stephan donde Beethoven vuelve a sentir el afecto que no pudo encontrar en su propio hogar al morir su madre.

El conde de Waldstein, consiente del gran talento de Beethoven, lo insta a volver a Viena para que, en la corte del emperador, obtenga el reconocimiento que tanto merece y que en Bonn no podría encontrar. Con las cartas de presentación del conde Waldstein y del Elector de Colonia, Beethoven deja su ciudad natal en noviembre de 1792 para no volver jamás.

Una vez en Viena, Beethoven es admitido en la corte e invitado a tocar ante el emperador. Su música conquistó a todos los presentes, ya que nunca antes habían escuchado algo semejante, su estilo no sólo era original y audaz, sino que tocaba con un ímpetu vigoroso y apasionado. De golpe, la vida de Beethoven cambió totalmente ante el gran éxito obtenido y llegó a él un bienestar económico que le dio seguridad a partir de ese momento y hasta el final de su vida. Pero Beethoven, lejos de contentarse con esto, busca seguir creciendo como músico y vuelve a sus estudios bajo la guía de Franz Joseph Haydn, quien le mostró el maravilloso universo de las sinfonías.

Concierto Beethoven


En este nuevo ambiente, Beethoven  se convierte en asiduo visitante de las mejores familias de la cúpula vienesa, quienes lo reciben con gran alegría, siempre dispuestos a pasar por alto sus extraños modales con tal de disfrutar de su maravilloso talento. Mientras tanto, Beethoven conoce mujeres distinguidas y fascinantes de las cuales se enamora sin remedio, pero las familias de éstas con frecuencia se oponen y obstaculizan que florezca una relación duradera. Ante esta situación, Beethoven comienza a sentirse presa de una angustiosa soledad, tal como él mismo expresó en anotaciones encontradas en una de sus libretas de apuntes en 1793: “No soy malo; sangre caliente es mi maldad, la juventud es mi culpa, no soy malo de verdad. Aun cuando, a menudo, movimientos salvajes afligen mi corazón, mi corazón es bueno. ¡Hacer el bien cuando se puede, amar la libertad sobre todas las cosas; la verdad jamás, ni siquiera ante el trono, renegarla!” De este periodo surgen la Sinfonía No. 1 en do mayor y la Sonata para piano op. 13 en do menor llamada “Patética”.


En 1799 aparecen en él los primeros síntomas de sordera a los que Beethoven quiso restarles importancia hasta que se dio cuenta que no eran algo pasajero sino que se agravaban más conforme pasaba el tiempo. Intentó ocultar su mal temiendo que sus enemigos usaran su desventura para desacreditarlo ante todos. El constante zumbido en sus oídos lo mantenía en un estado de exasperación e irascibilidad constante, colándolo al borde de la locura. Abandonó el sueño de dirigir una orquesta pero continuó componiendo música, reflejando en sus obras el dolor humano que lo embargaba, así como la fuerza indomable de quien busca afrontar y vencer dicho dolor. Es 1802 y su Segunda Sinfonía se erige como el rompimiento definitivo con toda la música del siglo XVIII.


Por esta misma época, Napoleón Bonaparte dominó la atención pública, así como la escena política. Para Beethoven, Napoleón encarnó los ideales de justicia y libertad y confía en que él será el hombre que hará desaparecer la esclavitud de todos los pueblos del mundo. A él dedica su Tercera Sinfonía, la “Heroica”, que representa todos los ideales de la Revolución Francesa. Pero pronto es defraudado por Napoleón cuando éste se proclama emperador de Francia, Beethoven entonces arranca la dedicatoria que había escrito en la portada de su sinfonía.


Su mal sigue avanzando y Beethoven consulta a distintos médicos en busca de una solución. Todo es en vano. A pesar de todo él sigue componiendo. Nace así la Cuarta Sinfonía, hermosa melodía investida de una poética serenidad.


Más tarde aparece la Quinta Sinfonía, cuyo dramatismo fue llamado por Beethoven “El destino que llama a la puerta”.


En la calma de Heiligenstadt, campiña de los contornos de Viena, Beethoven encontró la inspiración para escribir su Sexta Sinfonía, la que nació como un himno a la grandiosa e inigualable belleza de la naturaleza así como una forma de agradecimiento al Creador. Esta sinfonía la escribió completamente sordo, contemplando la vida a su alrededor y adivinando el sonido de las aves, de los árboles y de los arroyos.


En un estado de auto reclusión, al borde de la misantropía, sólo hacia su sobrino muestra el afecto que guarda en su corazón aunque finalmente éste también termina decepcionándolo debido a su conducta escandalosa, asestando un duro golpe afectivo a Beethoven.

Beethoven se encuentra extenuado y muy enfermo, pero lejos de entregarse a la resignación, continúa componiendo como si con cada nota intentara arrebatar del exterior el sonido que le es negado para hacerlo brotar de su propia alma, no para apresarlo sino para embellecerlo y regresarlo al mundo. Así surgen la Séptima y Octava Sinfonías, cuya majestuosa alegría y etérea serenidad parecen haber brotado del corazón de un hombre embargado por la dicha.




Entonces nace la Novena Sinfonía, expresión más honda del arte de Beethoven, clímax de su obra compositiva con su extraordinaria conclusión coral, el Himno a la Alegría.


En el invierno de 1827, Beethoven viaja para visitar a un amigo en Gneizendorf, el regreso a Viena lo emprende en un coche descubierto. Al llegar a su casa se encuentra enfermo de gravedad. Le diagnostican pulmonía, padecimiento implacable que en aquella época era sinónimo de muerte.

Ni los mejores cuidados que se le prodigaron fueron suficientes para revertir la enfermedad, Beethoven entró en agonía y falleció la tarde del 26 de marzo de 1827, más la indomable pasión de sus sentimientos que supo proyectar en todas sus composiciones, le han otorgado un sitio inmortal en la historia humana y han hecho de él uno de los más grandes compositores de todos los tiempos.


Referencias: