INICIO NOTICIAS VIDEO SERIES INFOGRAFÍAS ARTE FOTO CINE HISTORIA LETRAS MÚSICA DISEÑO ESTILO DE VIDA MODA VIAJES CIENCIA Y TECNOLOGÍA COMIDA

Todos los derechos reservados 2017
© Cultura Colectiva

El boxeador que se quitó la vida después de perder la pelea más sucia de la historia

19 de diciembre de 2017

Rodrigo Ayala Cárdenas

Billy Collins Jr. y Luis Resto protagonizaron uno de los episodios del boxeo más lamentables de la historia.



No había quien pudiera ganarle: como profesional sumaba 14 batallas, todas ellas invictas, 11 ganadas por la vía del knockout. Sus puños eran certeros, sus piernas rápidas, su condición física excelente para soportar una pelea entera sin sentirse exhausto. Su depurada técnica era herencia de su padre, Billy Collins, un púgil que había triunfado en el circuito profesional en los ya lejanos años 40 y 50. Sin duda, su hijo había heredado las facultades para este deporte y todo indicaba que iba a superarlo ampliamente.


Para Billy Collins Jr., de apenas 21 años de edad, el futuro se veía brillante. Las revistas especializadas hablaban de él como la próxima gran estrella del boxeo de los Estados Unidos y dentro de poco le auguraban la oportunidad inminente de competir por el cinturón de los pesos welter. Sin embargo, al joven le faltaba fuelle y medirse contra un boxeador que no fuera de peligro pero que le exigiera algo más de lo que lo habían hecho sus rivales en turno.



Después de mucho buscar, su padre dio con el oponente adecuado: se eligió para este combate a Luis Resto, oriundo de Puerto Rico, un peleador experimentado de 28 años, criado en el Bronx, al que le faltaba mucha calidad y que estaba lejos de brillar en los combates estelares. Sus números no eran nada para asustarse: 19 victorias (8 por knockout), 7 derrotas y 3 empates. Con un entrenamiento adecuado como los que estaba acostumbrado a llevar a cabo, Billy Collins Jr. tendría que emplearse a fondo en la pelea, pero al final ganaría al boricua, tal vez hasta por knockout. De esa manera les demostraría a los promotores y periodistas que su oportunidad por el título mundial había llegado.



La técnica del joven sumada a la velocidad de sus piernas y golpes eran superiores a los de Resto. El combate quedó pactado para el 16 de junio de 1983 en el mítico escenario del Madison Square Garden de Nueva York. Los periodistas tenían como amplio favorito a Billy Collins Jr., quien se sentía tranquilo, más no confiado. Sabía que era superior a Resto pero que éste le ganaba en experiencia. Por su parte, las casas de apuestas estaban totalmente del lado del nacido en Tennessee. Sin embargo, nadie contaba con que las cosas iban a ser muy diferentes…


En el ring, el boricua lucía con mucha confianza mientras que en la otra esquina, el púgil más joven lucía fuerte y entusiasmado porque la pelea diera comienzo. Al sonar la campana Billy Collins Jr. se fue de inmediato hacia adelante dispuesto a dominar la pelea y demostrar que las riendas las llevaría él a lo largo de los 10 rounds pactados. Pero algo comenzó a ir mal desde el inicio. Sus golpes parecían no hacer nada a Resto a comparación de lo que los puños de éste provocaban en el rostro del muchacho: al tercer round Collins Jr. ya estaba herido. Al quinto, sus ojos estaban casi cerrados. Al octavo, lucía desconcertado y seriamente castigado.



El público que abarrotaba el Madison Square Garden no podía creer lo que veía: la joven promesa del pugilismo estadounidense iba a perder la pelea a menos que noqueara a su enemigo, lo cual parecía imposible debido al estado lamentable que exhibía. En su esquina, su padre lucía preocupado, las instrucciones a su hijo no resultaban y el panorama al que se enfrentaban era opuesto al que habían calculado: Luis Resto golpeaba muy fuerte y hacía mucho daño. Un golpe suyo valía por tres del boxeador más joven. En uno de los descansos, Billy Collins Jr. le dijo a su padre con evidente miedo y consternación: «Es más fuerte de lo que pensaba». Su padre le respondió: «¿Quieres que se detenga el combate?» El joven, mostrando una actitud valiente, le contestó: «No, voy a noquearlo». 



Llegaron al último round y la diferencia en los rostros era radicalmente opuesta: el puertorriqueño apenas exhibía heridas, mientras que su rival más joven enseñaba golpes de gravedad. Sonó la campana y el calvario del estadounidense llegaba a su final. Luis Resto estaba eufórico ante lo impensable: había derrotado al favorito de manera contundente, lo había humillado y callado las bocas de quienes lo daban por perdedor siquiera antes de subirse al cuadrilátero. Como suele ocurrir en el boxeo, el vencedor se dirigió a la esquina del derrotado para abrazarlo y felicitarlo. Billy Collins Jr. lucía con rostro compungido y felicitó al vencedor. Sin embargo, su padre no estaba tan seguro del resultado...



Cuando Luis Resto se dirigió a Billy Collins padre para saludarlo, éste lo tomó por los guantes y apretó en ellos. El boricua hizo un gesto a medio camino entre el dolor y la desesperación tratando de zafarse de las manos del entrenador de su oponente. Algo había en los guantes usados por el boricua en la pelea. El presentador del combate ratificó la victoria de Resto y éste bajó de manera apresurada del ring. Sin embargo, Billy Collins padre protestó y pidió que se investigara el vendaje del rival de su hijo.



Dos semanas después, la verdad salió a la luz pública: tras una indagación de la Federación Mundial de Boxeo, se descubrió que Carlos “Panamá“ Lewis, manager de Luis Resto, había quitado el relleno de los guantes de su dirigido y en el vendaje había puesto yeso para que los golpes de Resto se sintieran con mayor intensidad en el rostro de Billy Collins Jr. El oriundo de Puerto Rico llegó a reconocer que en casi toda la pelea no sentía los dedos a causa del yeso que le había dejado sin sensibilidad.



El manager y su dirigido fueron vetados de por vida en el boxeo profesional y llevados a prisión: el primero por tres años mientras que el púgil estuvo dos. Los siguientes nueve meses después del combate fueron para Billy Collins Jr. un suplicio: los médicos le detectaron una ceguera parcial irreversible producto de los golpes y el joven se sumió en una oscura depresión. Su carrera había llegado a su final, no estaba apto para seguir boxeando a menos que asumiera el riesgo de quedar ciego por completo.



El final de esta prometedora estrella del deporte llegó el 6 de marzo de 1983 cuando se estrelló en su flamante Oldsmobile de 1972 en lo que muchos creen que fue algo más que un mero accidente de auto. La familia Collins quedó destrozada tras la muerte del joven que alguna vez había tenido al mundo en sus manos y al que unos sucios golpes le arrebataron la vida. Su padre declaró: «Tuvimos un sueño para Billy Jr desde que tenía trece años, y se lo robaron. Él quería ser un luchador, quería ser alguien».


-

El deporte también ha dado grandes episodios a la historia llenos de dramatismo, dolor y una visión diferente a lo convencional como lo demuestra el relato del campeón queer que cambió los estereotipos de la lucha libre mexicana. Por otro lado, la máxima fiesta del deporte a nivel mundial ha dado ceremonias de apertura hermosas para conmemorar los Juegos Olímpicos, el momento en que el mundo se une para ver a los mejores atletas del mundo compitiendo por la gloria de sus países.


TAGS: muerte Historia mundial Datos curiosos
REFERENCIAS: Boxing News Online The Roar Libertad Digital

Rodrigo Ayala Cárdenas


Articulista

  COMENTARIOS

  MÁS DE CULTURA COLECTIVA

¿Qué dice realmente la nueva canción de Paul McCartney "Fuh You"? 6 datos que debes saber acerca de la pastilla del día siguiente El rasgo físico que delata que un hombre es infiel, según la ciencia 6 Reasons That'll Finally Convince You To Learn A Foreign Language Los beneficios (saludables y románticos) de dormir desnudo con tu pareja 10 canciones que no sabías inspiraron brutales asesinatos

  TE RECOMENDAMOS