Historia

C.U., más que la máxima casa de estudios, es un icono e identidad de México

Historia C.U., más que la máxima casa de estudios, es un icono e identidad de México




“Suele decirse que la memoria de los pueblos siempre será el orgullo de su existencia”.

Mtra. María Asención Morales Ramírez

 

No es el espacio, ni el lugar, son los momentos. Pensemos en nuestros espacios urbanos favoritos; lo que les da significado son los momentos que hemos vivido ahí, ya sea con uno mismo o con otro.

En esta ocasión nos toca mirar un lugar con significados infinitos, Ciudad Universitaria; más allá de ser una de las mejores universidades en América Latina, máxima casa de estudios, es un espacio incluyente, que nos pertenece a todos. Si has estudiado ahí, sabes de lo que hablo, los estudiantes sentimos que es un segundo hogar, habitamos ese espacio, pero el sector universitario no es el único que conforma a la comunidad puma.

Si pudiéramos recrear en nuestra mente un mapa de la Ciudad de México con sus lugares característicos, seguramente colocaríamos C.U.; la Universidad Nacional Autónoma de México ha desempeñado un papel de primer orden en el contexto del quehacer cultural del país, además de ser un espacio de posibilidades donde los que estudian, lo hacen de manera contestataria, porque estudiar es una herramienta para transformar, así, simple y literal.

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Los significados convierten a la UNAM es un  lugar icónico; un icono se define como aquel signo que representa un objeto o una idea con los que guarda una relación de identidad o semejanza formal. Y sí, la UNAM es una figura que encuentra semejanza con muchas figuras del mundo: la educación, la política, la cultura y el arte. 

Una de las obras más significativas del periodo de la construcción de C.U. se encuentra ubicada en la Facultad de Ciencias, el "Prometeo-Quetzalcóatl", obra realizada entre 1950 y 1952 por Rodrigo Arenas Betancourt. Es una pieza que presenta una combinación de dos mitos aparentemente lejanos entre sí: el de Prometeo, dios griego del fuego, hijo del titán Yápeto y hermano de Atlas, que robó el fuego a los dioses para dárselo a los hombres ; y el de Quetzalcóatl, divinidad de origen tolteca presente en diversas culturas mexicanas, identificado con el planeta Venus, y quien enseñó a los pueblos mesoamericanos la agricultura, el trabajo de los metales, las artes y el calendario. El rasgo común de estos mitos es que ambos protagonistas –Prometeo y Quetzalcóatl- son dioses que inician la civilización en sus respectivos ámbitos geográficos y humanos. Su fusión es emblemática de la universalidad de la cultura y de sus aspiraciones de conocimiento y de dominio sobre la naturaleza.

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Actualmente se genera un programa de bienes muebles, dicho programa se sostiene con fondos otorgados por el Patronato Universitario para la restauración de bienes culturales de la UNAM, las obras que se han restaurado rebasan por mucho la simple función decorativa. En este caso, el objeto no es el que da el sentido, es lo que evoca y para Rodrigo Arenas, su pieza evoca el conocimiento, la civilización, el progreso, la tecnología junto con sus ventajas y sus peligros.

En el libro "Memoria de restauración de bienes culturales de la UNAM", podrán encontrar múltiples obras que resignifican espacios dentro de Ciudad Universitaria, y fuera también.

Así que si te encuentras en la Facultad de Ciencias, frente al "Prometeo-Quetzalcóatl", recuerda cuántas reflexiones puede desencadenar la escultura y el espacio que habitas.

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“Arte para el pueblo y excelencia en el arte”

Rodrigo Arenas Betancourt





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