Trabajo forzado, segregación y odio: los campos de concentración para musulmanes

Trabajo forzado, segregación y odio: los campos de concentración para musulmanes

Por: Beatriz Esquivel -

«Ahora Xinjiang no sólo es hermosa, también es bastante segura y estable». Shohrat Zakir, político chino de origen uigur.

Los uigures son una etnia de musulmanes chinos que habitan en la zona noroeste del país, así como en otros países como Uzbekistán, Kazajistán y Kirguistán. A pesar de vivir al interior de China, la mayoría de los uigures sólo hablan su propio idioma que comparte rasgos con el turco —razón por la cual algunos uigures suelen emigrar hacia Turquía—: tanto su lengua como el grupo étnico son reconocidos por el gobierno de China.

Xinjiang es la principal región que los uigures habitan y conforman la mitad de la población de este lugar, que se caracteriza por sus difíciles condiciones de vida dada la orografía. No obstante, la zona ha probado ser conflictiva, en particular por las tendencias separatistas de los uigures que con el paso de los años han sido confrontadas por la población "han", es decir, la etnia principal que habita el resto de China. El conflicto entre la influencia de lo podría considerarse como la China central ha ido incrementando de tal forma que de acuerdo con las autoridades del país, los musulmanes han comenzado a radicalizarse y bajo la influencia del Islam, también ha incrementado la actividad terrorista. 

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La descripción de los uigures como un grupo radical ha provocado que la opinión pública en torno a su identidad se forme una imagen negativa, así como un sentimiento de rechazo en su contra, por lo cual el gobierno de China comenzó a implementar fuertes medidas de seguridad, teniendo como principal motivo la amenaza del extremismo y el terrorismo.
Trabajo forzado, segregación y odio: los campos de concentración para musulmanes 1La televisión china muestra escenas de estudiantes musulmanes en estos centros de re-educamiento que suponen estar ahí de manera voluntaria. / Foto: NY TimesTales medidas escalaron a un extremo intolerable en 2017, cuando los uigures fueron aprisionados. La cifra estimada es de casi un millón de musulmanes detenidos en lo que el gobierno de China llama centros de entrenamiento vocacional (o de trabajo),  mismos que meses atrás eran considerados como centros de re-educamiento. 

Estos centros —que son más que un eufemismo para campo de concentración— son enviados aquellos musulmanes que han cometido alguna infracción “menor”, allí son “re-educados” para enseñarles sobre la amenaza del extremismo, así como crear lealtad al partido comunista de China, el idioma chino y también proveerlos de habilidades para que puedan desempeñar algún oficio. 

No obstante, la realidad es que estos centros se han convertido en sitios donde buscan terminar con la identidad uigur, es decir, sus prácticas religiosas están limitadas, su indumentaria prohibida, son sometidos a abusos físicos, les piden renunciar a sus votos y jurar lealtad al partido comunista. Esto de acuerdo a los testimonios que periodistas de medios como la BBC o el New York Times han podido recopilar.

Trabajo forzado, segregación y odio: los campos de concentración para musulmanes 2Shohrat Zakir, presidente de la Región Autónoma de Uigur, en Sinkian. Él ha sido uno de los principales defensores de estos centros vocacionales o de re-educación. Así como él, todos los oficiales uigures en el gobierno o en la policía tienen prohibido rezar o utilizar indumentaria propia de su religión.  / AP PhotoLas infracciones menores siguen reglamentos que denotan la política segregacionista que existe en esta parte de China. Por ejemplo, se han instaurado fuertes prohibiciones contra el uso de indumentaria islámica como las burkas o ciertos rasgos faciales como las barbas largas. Del mismo modo, la instrucción del Islam o la demostración pública de los ritos religiosos son motivo para ser enviado a los centros. 

Sin embargo, los uigures también se enfrentan a perfiles raciales en puestos de control en los que sólo los musulmanes son detenidos e inspeccionados, o si cometen otro tipo de falta –como no pagar su agua a tiempo– entonces también son enviados a tales lugares e incluso sus pasaportes son decomisados, orillándolos a migrar de forma ilegal si es que es necesario y por supuesto, impidiéndoles viajar fuera de China

«Ellos dicen que los campos son para erradicar el terrorismo, pero en el interior vi abogados, doctores, intelectuales, incluso oficiales que no tenían nada que ver con el extremismo. Ellos los llaman centros de entrenamiento vocacional, pero era en realidad una prisión». Declaró Omurbek Eli, un comerciante que estuvo en uno de estos centros en el 2017, para el New York Times.

Trabajo forzado, segregación y odio: los campos de concentración para musulmanes 3Foto: Tracey Nearmy / AAPEstas prisiones han ido creciendo de manera exponencial desde el 2016. Un reportaje de la BBC ubicó hasta 44 inmuebles que sospechan que podrían ser centros vocacionales dado las condiciones de la estructura. Ejemplos de tales condiciones son la construcción rápida, así como la expansión de estos lugares, además de las torres de control y paredes con alambres de púas. A esto se suma que en ocasiones los reporteros no eran capaces de alcanzar tales lugares debido a la presencia de retenes policiacos que no les permitían el paso. 

Así como estos centros de reclusión han crecido —pues la mayoría inicialmente eran una fracción de tamaño de lo que actualmente ocupan— las reglas se han hecho cada vez más estrictas, si bien antes era común que tras unos meses los musulmanes fueran liberados, actualmente ninguno lo es. 

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A esto se suma el reporte del New York Times en el que se establece a partir de estos campos está surgiendo una oleada de trabajo forzado, pues no sólo los “re-educan”, sino también les asignan labores en fábricas. El modus operandi consiste en que los uigures liberados deben seguir laborando en ciertas fábricas cercanas, lo cual tiene como finalidad mantenerlos controlados y bajo monitoreo, al tiempo que se aprovechan de los bajos costos de una mano de obra tan barata. Sin embargo, de acuerdo al mismo reporte, las imágenes satelitales, así como una averiguación sobre las direcciones de algunas empresas, sugieren que en cada centro se están instaurando líneas de producción, por lo que es aún más difícil comprobar las condiciones de trabajo y pago. Entre esas empresas se encuentran fábricas de impresión, fideos, ropa y manufactura de textiles. Trabajo forzado, segregación y odio: los campos de concentración para musulmanes 4Nir Elias/Reuters

Las familias divididas, la pérdida de identidad uigur

Sin embargo, cabe preguntarse si tal medida tendrá el efecto contrario. Suponiendo que el objetivo de hacer a los uigures leales al partido comunista y abiertos a la influencia china, el aprisionamiento, la labor forzada, la negación de su identidad y la separación de las familias tan sólo auguran mayor resistencia no sólo de los detenidos, sino de sus familiares, por lo que podría resultar no sólo en un renovado odio, sino que la gente verdaderamente tienda hacia el extremismo que tanto se intenta prevenir. 

Trabajo forzado, segregación y odio: los campos de concentración para musulmanes 5Foto: IndependentLas autoridades chinas argumentan que desde el inicio de este tipo de prácticas, la región de Sinkiang se ha vuelto mucho más segura y las amenazas terroristas han disminuido; sin embargo, el costo ha sido alto y controversial, tanto como muchas de las políticas de control en dicho país, donde el espionaje en general es la regla. La inversión en seguridad en esta región ha aumentado drásticamente y a pesar de tratarse de zonas rurales, se han implementado cámaras de reconocimiento facial, así como de toma de datos biométricos para supervisar a la población, en particular de uigures. 

Del mismo modo, la defensa de China de estos centros como humanos y benéficos para la población, aunado a su rechazo categórico a la apertura de las puertas de los centros a comisionados de derechos humanos de la ONU —como fue el caso del comisionado Barbel Kofler— o a periodistas tan sólo limita el conocimiento de las condiciones de vida y trabajo de los musulmanes detenidos, al tiempo que incrementa las especulaciones y el sospechosismo, confirmando la tajante violación de los derechos humanos de las minorías musulmanas. 

Foto en portada: Ozan Kose/AFP/Getty Images

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