El campeón queer que cambió los estereotipos de la lucha libre mexicana
Historia

El campeón queer que cambió los estereotipos de la lucha libre mexicana

Avatar of Rodrigo Ayala Cárdenas

Por: Rodrigo Ayala Cárdenas

29 de agosto, 2017

Historia El campeón queer que cambió los estereotipos de la lucha libre mexicana
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Por: Rodrigo Ayala Cárdenas

29 de agosto, 2017


En el vestidor de la arena se respira adrenalina, sudor, emoción y nervios ante la lucha inminente en la cual se vivirá mucho sufrimiento, tensión, una lluvia de insultos del "respetable" y, muy probablemente, dolor. Mucho dolor. Los ahí reunidos son hombres aguerridos que llevan años subiendo a un cuadrilátero, exponiendo su vida y cuerpo. Sus rostros curtidos de cicatrices sudan y sonríen a la vez hacia sus colegas de profesión. Todos conversan los giros que tendrá la lucha dentro de quince minutos.


En los vestidores son amigos, pero una vez que suban al ring toda su furia será desatada y lucharán a ganar dos de tres caídas sin límite de tiempo. Todos pesan por encima de los 90-100 kilogramos, escupen en el suelo, golpean sus pectorales, ajustan sus rodilleras y amarran sus botas. Están listos para deleitar al público con sus mejores llaves y contrallaves.


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Justo en medio de ellos, otro gran gladiador mezcla su ritual de preparación con un poco de lápiz labial, sombras con brillantina en los ojos y un traje de color esmeralda que destaca por sus formas femeninas. Su voz suave se mezcla con el tono grave del luchador que prolifera un insulto y se decide listo para 'romper madres'. Una vez que el maquillaje ha quedado en su lugar, se coloca la capa y avanza hacia la zona de pasillos de la arena. Los demás luchadores le respetan, saben perfectamente que a pesar de parecer frágil, es un rival de cuidado con mucha experiencia a sus espaldas y una tremenda técnica a ras de lona. No se diga su gran fuerza física que contrasta con la sutileza del nombre que ha decidido usar desde hace más de 25 años para luchar: Cassandro.


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Heredero de antiguas glorias luchísticas como: Gardenia Davis, Rudy Ruvalcaba o El Bello Greco, que saltaban al ring haciendo gala de un aspecto femenino poco convencional. Saúl Armendariz, mejor conocido en el pancracio nacional como Cassandro, es un gladiador que representa a la estirpe de los llamados Exóticos, luchadores que asumen un rol homosexual o afeminado en el cuadrilátero, como parte de una personalidad que luego de muchos años se fue asumiendo como auténtica.


Este paso al principio desconcertante para los espectadores fue dando pie a que muchos gladiadores se presentaran orgullosos de ser parte de la comunidad LGBT+ y demostraran que la lucha libre no tiene que ser terreno exclusivo de hombres heterosexuales de apariencia brava y machista. Los exóticos se preocupan de suma manera por su aspecto personal, por lucir trajes dignos de un certamen de belleza y maquillaje que sería la envidia de cualquier Miss Universo.


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En una sociedad machista como la mexicana, llena de prejuicios y rechazos hacia los considerados “diferentes”, Cassandro tuvo que abrirse paso no sólo a través de caídas y castigos en el ring, sino con la manera de pensar de toda la familia de la lucha libre: «Por muchos años, la gente, los fans, promotores y los luchadores veían a los Exóticos como lo más bajo, como si no significáramos nada. Sólo estábamos ahí para que la gente se burlara de nosotros», dice en una entrevista con Fusion.


Oriundo de El Paso, Texas, desde los cinco años de edad, Saúl Armendariz se dio cuenta de que tenía una identidad sexual totalmente distinta a la de los niños de su edad. De esa manera creció, se reivindicó y hoy no sólo representa a los denominados Exóticos, sino a toda la comunidad homosexual de México.


Las siguientes palabras corresponden a una entrevista concedida por el luchador al programa Experiencias con el Hijo del Santo: «Mi vida no depende de los que me acepten ni soy un esclavo de mi pasado. Tuve que pasar por toda esa discriminación y rechazo para llegar adonde estoy ahora. Yo fui un niño que fue abusado tanto sexual, física y mentalmente desde los seis años y en mi casa. Tuve tres abusadores en toda mi vida hasta los 15 años y nunca dije nada por el miedo y el qué dirán y porque no era normal y no me iban a creer. Cuando llegué a la lucha libre encontré un escape donde desquitar mi coraje y mi garra de toda la discriminación, el rechazo, las golpizas, porque hasta en la escuela me golpeaban y me decían maricón».



Cassandro es un luchador que a lo largo de su carrera ha tenido la oportunidad de medirse ante varios de los gladiadores más fuertes y experimentados en la historia de la lucha libre. Como muestra, sus batallas contra: El Ángel Blanco Jr., Hijo del Santo y el Hijo del Solitario. También ha pisado templos emblemáticos del pancracio como el Toreo de Cuatro Caminos o la Arena México. Durante varios años formó un cuarteto con los luchadores exóticos Pimpinela Escarlata (con quien tiene una gran amistad que se consolidó tras una intensa rivalidad), May Flower y el fallecido Rudy Reyna. De ellos guarda grandes memorias y recuerdos:


«Fuimos los primeros en ponernos maquillaje y pantimedias. La gente nos decía: "¿qué diablos están haciendo?"». Acerca de sus trajes y forma de vestir, afirma: «Lo más importante es el brillo. Uso muchos colores, naranja, azul, blanco, plateado. Soy el exótico más glamoroso de todo el mundo», afirma en entrevista para la BBC.


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La primera gran prueba de este luchador se dio el 28 de enero de 1991 frente al Hijo del Santo, disputando el Campeonato Mundial Welter de la UWA, lucha que perdió, pero que dejó una huella imborrable en su alma y en la del público, que reconoció su coraje y calidad innata. Después, el 29 de noviembre de 1992 se dio la consagración de Cassandro; se convirtió en el flamante Campeón Mundial Peso Ligero de la UWA, derrotando a Lasser en la Arena Toluca. Su reinado duró un año con 5 meses y 29 defensas. También logro coronarse en Londres con el Campeonato Mundial de Peso Welter de la Alianza Nacional de Lucha Libre Profesional (NWA, sus siglas en inglés).


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Cassandro ha sido un luchador que ha dejado huella en la lucha libre nacional; con una excéntrica imagen y el valor para hacer pública su tendencia sexual en un nicho machista de la sociedad mexicana, ha llenado de personalidad su estilo al luchar, ganándose el respeto de rivales y amigos en el cuadrilátero. Sus ademanes amanerados y femeninos se contrapone de manera notable a la rudeza de sus rivales, a quienes aplaca y derrota de manera firme, dejando en claro que el machismo a veces puede ser la ridiculez más débil de un tipo rudo. «La religión es para los que temen ir al infierno, pero la espiritualidad es para los que ya han estado en él. Ese soy yo», afirma Cassandro.


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Es muy probable que si has terminado de leer este texto, seas un verdadero fan de la lucha libre y disfrutes de El Santo, el Cavernario y la Lucha Libre Mexicana en 12 fotografías. Igualmente es muy probable que hayas visto las 8 películas que demuestran que El Santo fue el mejor héroe del cine mexicano