El Brexit: ¿Qué es lo peor que puede pasar cuando la gente vota sin informarse?

El Brexit: ¿Qué es lo peor que puede pasar cuando la gente vota sin informarse?


Hace casi ya dos años que el triunfo del voto de Reino Unido a favor de dejar la Unión Europea sorprendió al mundo. De inmediato, y por meses después de que sucedió, analistas, columnistas y comentaristas enardecidos en redes sociales intentaron explicar lo sucedido. Británicos en negación aseguraban que era imposible que sucediera algo así en su país e incontables artículos intentaban calmarnos con diferentes maneras en las que la catástrofe podría evitarse. Pero no sucedió, las negociaciones comenzaron y la Unión Europea, demostrando más amor propio que tu amiga regresando con su ex, aseguró que la salida sería rápida y que no les permitirían regresar tan fácilmente si esa fuera su intención. 



Al menos ahora podemos mirar atrás y entender un poco mejor las causas. Al observar la manera en la que se ejecutó la campaña, las reacciones inmediatas posteriores y el proceso actual podemos distinguir dos grandes razones: la falta de información y el desinterés generalizado en las decisiones políticas más pequeñas. Habían diferencias considerables entre lo que los votantes aceptaron como verdadero durante la campaña y lo que estaba sucediendo en realidad:


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Pensaban que la élite política no veía por sus intereses


Una de las principales razones por las que la decisión de separación sorprendió tanto al mundo fue que Reino Unido, o Londres para ser más precisos, se consideraba uno de los lugares más abiertos y progresistas de occidente. Pero las opiniones y sentimientos de la gente fuera de la capital eran muy diferentes y de hecho, sentían que la élite londinense, adinerada y privilegiada, los estaba haciendo a un lado, sobornando a la clase política y asegurándose de que solamente trabajaran por sus intereses sin respetar el proceso democrático. Además, el partido que propuso e hizo campaña en favor del infame referendo estaba formado por políticos que abandonaron los partidos establecidos más grandes, repudiándolos públicamente y obteniendo la simpatía de la gente. 


En realidad el proceso democrático no tenía mucho de dónde agarrarse. A partir de la década de los noventa, la participación en las elecciones más importantes fue bajando, mientras que durante los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial se encontraba encima del 80 %, para el 2017 ya había bajado del 70; mientras que en las zonas más alejadas del centro incluso decayó a menos del 60. 


Es difícil esperar que las decisiones de los servidores públicos consideren las necesidades y opiniones de todos si gran parte de los votantes prefiere no expresarse. 



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Temían un exceso de migrantes 


El eje divisorio más importante fue sin duda la migración. Es bien sabido que una condición de la Unión Europea era la apertura de fronteras entre los países que la integran, esto significaba facilidades para estudiar y trabajar en cualquiera y una revisión laxa entre fronteras. Para los británicos esto se volvió inaceptable, consideraban que no debía ser tan fácil para los migrantes obtener los beneficios de programas sociales y que, además, les estaban reduciendo las oportunidades de obtener empleos. 


Por supuesto, no estaban considerando los casi 1.5 millones de migrantes de Reino Unido instalados en otros países de la Unión Europea quienes perderían sus beneficios en sus nuevos hogares y probablemente tendrían que regresar a ocupar los empleos y exigir la seguridad social que les fue arrebatada. Además, claro que no contaban con los migrantes de otras partes del mundo, sometidos a políticas internas en las que la Unión Europea no tiene injerencia. 



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Culpaban a la Unión Europea por todos sus problemas


Durante la campaña en favor de Brexit, no sólo los problemas de migración se le atribuyeron erróneamente a la Unión Europea., también el asunto del desempleo estuvo basado en temores infundados. Los votantes estaban convencidos de que, como algunos integrantes de la Unión, tenían un 20 % de desempleo que se extendería hasta su territorio, sin contar por ejemplo Alemania, que se encuentra por debajo del 4 %. 


Por otro lado, Nigel Farage, uno de los líderes en favor del Brexit, proclamaba en todos los medios posibles que si dejaban la Unión, se ahorrarían hasta 350 millones de libras en tarifas que luego podrían invertir en la organización en pro de los desempleados en su país. Unas horas después del voto se retractó de esta afirmación, pero las 50 mil millones de libras que tendrán que pagar a la Unión Europea, dependiendo de los compromisos que hubiera adquirido el Reino Unido al afiliarse, siguen siendo bastante reales, aunque, hasta después de votar, nadie se había puesto a pensar en ellas. 



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Y luego, ¿qué dijo la gente?


Cómo olvidar a los entrevistados unas horas después de concluido el conteo, que a pesar de haber votado a favor de la separación, proclamaban su arrepentimiento al haber entendido finalmente qué pasaría ahora o a los miles de jóvenes que se manifestaron en contra de ver su futuro arrebatado por votantes mal informados. Aunque nos parezca que nuestro voto no cuenta, o que con leer un par de noticias en redes sociales tenemos suficiente para tomar una decisión. Nuestra participación y votos son importantes y representan una responsabilidad a la que debemos responder informándonos tanto como sea posible, cuestionando promesas de campaña y tomando una decisión consciente. 


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¿Tú cómo te involucras?


Las campañas presidenciales están por arrancar y los candidatos estarán dispuestos a prometer cualquier cosa con tal de obtener nuestro voto. Para ayudar a construir un voto informado, Cultura Colectiva lanzó la convocatoria #ConcienciaParaElegir un espacio de diálogo donde podremos hablar con líderes de opinión, políticos e intelectuales sobre el contexto electoral. ¿A quién te gustaría que invitáramos?