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HISTORIA

La soldado trans que "traicionó" a su país y se convirtió en un ícono de la moda

Por: Eduardo Limón 8 de septiembre de 2017

«Sin Chelsea Manning, Julian Assange solo sería otro actor marginal que se resiente con lo que ve como la hegemonía de un Estados Unidos con orgullo desmedido» comentó P.J. Crowley, subsecretario de Estado de 2009 a 2011 en tal país, a Matthew Shaer, un reportero norteamericano. Algo que probablemente sea cierto; sin ella como personaje fundamental en las implosiones en la era de la información, los Wikileaks no serían el signo de data insecurity y de ilusoria privacidad que hoy son.

Chelsea Manning pasó casi siete años encarcelada en condiciones deplorables o incluso tachadas de inhumanas por revelar secretos militares de alto nivel a esa rebelión informática; hubiera cumplido una condena de 35 años si Obama no le hubiera concedido el perdón en uno de sus últimos actos ejecutivos como presidente y su auge como celebridad nunca hubiera llegado sin dicha expiación.

Chelsea entró a la cárcel como Bradley y, mientras estaba allí reveló su identidad transgénero, lo que catapultó su notoriedad en medios y grupos activistas. Durante el tiempo que estuvo en prisión, el mundo conoció el día a día de su evolución y de su transición de género gracias a las columnas en The Guardian, a los informes de Amnistía Internacional y demás entrevistas puntuales en las que esta exsoldado lamentaba que en la cárcel militar no se le permitiera llevar el cabello largo.

Tras aquel enero de 2017 en que fue exculpada por sus actos, Chelsea estaba libre y buscaba su readaptación en el mundo que ayudó a formar y que hoy conocemos en la red. Con su salida, se dio a conocer que durante esos años, Manning utilizaba la moda como inspiración, escape y herramienta identitaria en sus momentos de anhelo.

Soñando con su salida, pensando en todo lo que pudo hacer de haber adoptado su verdadero género con anterioridad, Manning hizo un registro a futuro de quién quería ser si algún día recuperaba su libertad. Listaba sus preferencias, armaba sus looks y reseñaba colecciones que le hubiera gustado adquirir y, antes de salir de la cárcel, entregó parte de esa carpeta a la periodista Sally Singer para el próximo September Issue de Vogue.

«Que Chelsea Manning, quien vivió siete años en condiciones inhumanas, encontrase cierta esperanza, cierto consuelo, al contemplar la belleza de una chaqueta de Dior o la fealdad de las mallas con estampados de puzzle, no era la clase de filtración que esperaba de ella, pero sí era reveladora», escribió Singer para la revista de moda más famosa del planeta.

Después de tal publicación, se le montó a la exsoldado un “vestuario cápsula” para su salida de la cárcel, con ayuda de los contactos en Vogue y amigos de la redactora. Fue así como etiquetas de la talla de Altuzarra, Marc Jacobs, Vetements, The Row, Dior, Gaultier y Michael Kors llegaron a su cuerpo femenino.

Esa mujer trans que Trump ha calificado como una «traidora desagradecida» es hoy también una mártir en tono de fashion icon que entre sus escritos y testimonios menciona la estética de Blade Runner, Matrix y Hackers, con un poco de Johnny Cash y María Antonieta como líneas de inspiración. Sin embargo, debajo de sus siluetas cyberpunk y haute couture, se encuentra una mujer vilipendiada por la crítica que sólo atina en decir que todo el apoyo recibido por Manning es señal de una moda políticamente correcta que aboga por lo trans y demás luchas LGBT+. Que la gente no comprende las consecuencias de sus actos y que le dan palmadas en la espalda sin sentido alguno.

Pero, ¿política, teoría de género, moda e historia contemporánea no son compatibles en ningún momento? Chelsea Manning es la muestra de que una visibilidad sexual es tan jurídica como una acusación de filtros informáticos; la prueba viviente de que la moda es resultado de los juegos de representación política y los relatos de nuestra humanidad se escriben no sólo en términos de gobierno.

Una Chelsea Manning en bañador rojo y fotografiada por Annie Leibovitz sí es el encumbramiento de un símbolo fashion, pero sobre todo es la materialización de la libertad, el poder de la información y los alcances o posibilidades de la intimidad demostrada.

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