Cómo la ciencia ayudó a que los cínicos y déspotas permanecieran en el poder

Jueves, 20 de abril de 2017 14:48

|Gabriel Gutierrez



Hubo una época en la que las personas fueron capaces de reinventarse y construir el mundo. Una época ilustrada surgida de la mente de la humanidad, que revitalizó la vida y acercó a las sociedades a los ideales utópicos más benévolos. Sin embargo, a pesar de conseguir grandes avances rumbo a la modernidad, la Ilustración también fue un mundo de reyes absolutos.


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Las monarquías, desde la perspectiva humanista y moderna, son formas de gobierno perversas, pues acarrean en quienes ostentan en el poder vicios que, en el peor de los casos, extinguen los derechos fundamentales de los demás.

Hay una gran frase de José II de Alemania que enmarca las ideas de los déspotas ilustrados: “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Si bien los grandes monarcas ilustrados facilitaron el proceso de modernización, pues trabajaron (algunos) en el bienestar de la sociedad al fomentar las artes, la educación y las ciencias, no hay que olvidar que las condiciones de una monarquía absoluta no pueden por sí mismas tener los niveles de bienestar que pudiera alcanzar un sistema más democrático. Sobre todo por los riesgos que corre la sociedad de encontrarse frente a un monarca que, sin contrapesos, utilice sus facultades para cumplir los caprichos más pasionales que crucen por su cabeza.


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Thomas de Hobbes


Es importante partir de esta premisa: el conocimiento es un recurso muy valioso. En él reside el sustento de la tecnología, la medicina, las armas. Y podría pensarse que la ciencia y el conocimiento siempre han estado del lado de la buena voluntad de los hombres y los objetivos que ofrecen más beneficios a las sociedades, pero no siempre ha sido así. Incluso lo que hoy se considera antinatural, sólo por utilizar un término, fue justificado, argumentado y defendido por una mente científica, pues los caminos del conocimiento de la ciencia no conducen siempre a creaciones útiles. En ese sentido, las mentes ilustradas de la época, como Thomas Hobbes, colaboraron con sustentar y prolongar las monarquías absolutas. Para el filósofo, los hombres no eran más que bestias y por lo tanto necesitaban la guía y vigilancia de un líder capaz de corregir los males que acechaban a los hombres, aún si limitaban o coartaban sus libertades fundamentales.


ciencia y monarquia


¿A quién podría culparse? ¿Quién fue el responsable de prolongar la vida de los grandes reyes absolutos? ¿Los intelectuales que con sus argumentos, teorías y formas de entender la vida del hombre justificaron el ejercicio absoluto de los reyes o los monarcas que fueron audaces e interpretaron a su conveniencia las ideas de la ciencia? Quizás ambas proposiciones son ciertas. Quizá Federico II de Prusia, Catalina II y José II de Alemania aprovecharon la grieta que los intelectuales ilustrados dejaron para ellos.


catalina ii
Catalina II de Rusia, quien fomentó las artes, la educación y la ciencia


En perspectiva la ciencia triunfó y las monarquías fueron decayendo en estructura y en su mayoría están sometidas a un modelo constitucional que amparó los derechos de los gobernados. Sin embargo, a pesar de la buena voluntad de Hobbes y los demás para mejorar las condiciones de vida de las sociedades, las ideas no pudieron expandirse de un modo más profundo a corto plazo. Los grandes intelectuales de la época lograron defender los regímenes absolutos en las tierras occidentales, lo cual deja un claro antecedente de las formas en que los hombres que ejercen el poder buscarán en los enemigos más confiables la interpretación perfecta para seguir ejerciendo el mando máximo.

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Entre otras cosas, la monarquía se instauró como un linaje de personas cuyo poder político proviene del mandato divino. En teoría, reyes, reinas, príncipes, princesas y gran parte de su corte son los embajadores de Dios en la Tierra. Por esa razón los españoles ejecutaron métodos bien peculiares para hacer creer a los indígenas en su existencia.

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