6 citas de Poniatowska, José Agustín y otros autores para entender el 2 de octubre

6 citas de Poniatowska, José Agustín y otros autores para entender el 2 de octubre

Por: Abril Palomino -

1968 fue un año emblemático para México, muchos de los jóvenes revolucionarios de ese entonces se formaron como artistas, escritores o periodistas y han dejado sus valientes y trágicos testimonios por escrito para poder entender mejor uno de los días que cambio la historia.

Los testimonios de las personas involucradas o testigos directos de los sucesos del 2 de octubre de 1968 suelen ser impactantes por la crudeza y violencia con la que trataron a estudiantes y civiles. A pesar de no haber sido un evento mediático, algunos de los jóvenes que lograron sobrevivir esos enfrentamientos tuvieron la oportunidad de compartir su recuerdo con obras escritas, aquí una recopilación de los textos más emblemáticos;

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José Agustín, Armablanca

Se editó en el año 2006, José Agustín narra varios sucesos relacionados directamente con los movimiento estudiantiles de 1968 como un observador reflexivo que intenta generar en los lectores conclusiones propias acerca de las consecuencias y el legado de este año y las protestas sociales. No solo habla sobre el 2 de octubre, contextualiza los hechos con muchos meses de anticipación con su característico estilo narrativo jovial y fluido.

«¿No te enteraste? ¿No lees los periódicos, no ves la tele? ¿Cómo es posible? Nomás te dejo solo un minuto y ya no sabes lo que pasa en el mundo. Carajo, pues mira, hubo una bronca común y corriente entre pandillas de las prepas que están en la Ciudadela. Fue el 22 de julio, por un juego de fut que termino en madrazos. Como los pleitos siguieron dos días más, los granaderos llegaron a imponer el orden, pero estaban peor que los chavos, macanearon salvajemente a todos y luego los siguieron al interior de las prepas, porque ahí se metieron muchos, y le dieron por igual a estudiantes, maestros y trabajadores. Chíngale, exclame, entonces se les apareció la Santa madriza a los preparatorianos. Sí, maestro, no sabes, se les paso la mano gacho. Pues lo único que lograron fue que aumentaran los estudiantes encabronados, porque muchas escuelas de la UNAM y el Poli se disque solidarizaron, ya sabes cómo les gusta el mitote. Decidieron hacer una manifestación para protestar por las golpizas, para que indemnizaran ala bola de heridos y para que sacaran del bote a los arrestados. Se programo para el 26 de julio, nada más que se día, todos los años, los rojillos procastristas siempre hacen una patética manifestacioncita de apoyo a la revolución cubana. Y entonces gobernación, o sea, Luis  Echeverría, salió con el viejísimo truco de hacer creer que la marcha de los estudiantes era la misma que de los procubanos. Así se podría argumentar que una conjura de fuerzas subversivas del extranjero pretendía desacreditar a México en proximidad de las olimpiadas y blablablá. La represión del 26 de julio fue peor, Dionis; la brutalidad de los granaderos dejo a medio mundo golpeado, las corretizas se dieron por todas partes, hubo muchos arrestos y también destrozos, pues los porros infiltrados entre los estudiantes rompieron los aparadores de varios negocios para que la prensa acusara de vándalos a los chavos ».

6 citas de Poniatowska, José Agustín y otros autores para entender el 2 de octubre 1Foto: Gatopardo

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Paco Ignacio Taibo II, 68

Otra de las obras que dan una visión muy contextualizada sobre la perspectiva y vida de los jóvenes de esa época, con un lenguaje mucho menos popular que el de Agustín, Taibo brinda una mirada ligera y precisa a los conflictos generados en esos días.

«El 30 de septiembre el ejército devolvió las instalaciones universitarias. El gobierno esperaba que el movimiento hubiera aprendido la lección y que la huelga se levantaría. El día primero de octubre las asambleas votaron la continuidad de la huelga y exigieron que fueran devueltas las escuelas del IPN. El movimiento tenía una tremenda capacidad de recuperación. Había creado en dos meses millares de cuadros, millares de oradores. En cuanto encontraba un espacio donde poder actuar se desplegaba en él, reconstruía sus fuerzas, se reorganizaba, y volvía a la carga de despliegue y propaganda».

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Heberto Castillo, Si nos agarran nos matan

Un texto lleno de pasión y entrega a manos de Heberto Castillo, defensor de la libertad de expresión en los años 60 y profesor de ingeniería simultáneamente en  la UNAM y el IPN en 1968.

 «A cada rato nos avisaban que venía el ejército. Pero ahora el paso de las tanquetas sobre las baldosas de CU producían un ruido ensordecedor impresionante. Me puse de pie y oí todavía decir a Gilberto: “Saquen al ingeniero, sí lo agarran lo hacen pedazos”. Olvidé mis heridas. El miedo da fuerzas. Corrí como muchacho tras los muchachos, primero, y después, delante de los muchachos. No sé dónde perdí el bastón con que me ayudaba a caminar. Vi que podía correr y que iban menos estudiantes conmigo. Al llegar a un paso a desnivel una tanqueta nos echó la luz. “¡Alto!”, dijo una voz desde la torre de mando. Decidí: “si me paro me matan, si corro quizá no”. Corrí. Al rato sólo iba conmigo alguien más. No sé quién. Al caminar por el camino de acceso al nuevo local de Ingeniería, donde construían Medicina Veterinaria, aparecieron tanquetas. “¡Fuera del camino!”, dije a mi compañero. “Hay muchas alimañas”, replicó. Yo me arrojé al pedregal. No supe más de él. Me sentí angustiado, solo, entre matojos y piedras. Se escuchaban las “estaciones” de la radio de CU, que habían sido instaladas por los jóvenes en lucha. Reseñaban la entrada del ejército que miraban desde lo alto para dar oportunidad a que salieran el mayor número de compañeros. Decía una voz juvenil: “Van entrando a Rectoría, van por Ciencias, por Ingeniería, llegan de Medicina, suben por nosotros. ¡Viva México! Cuidado, salgan por…” Calló la estación y escuché a lo lejos el Himno Nacional. Luego un ruido como de ametralladora. Después nada. Lloré imaginando muertos y traté de escapar, de salir de CU».

6 citas de Poniatowska, José Agustín y otros autores para entender el 2 de octubre 2Foto: Wikimedia Commons

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Elena Poniatowska, La noche de Tlatelolco

Uno de los relatos más citados y leídos acerca de la masacre de estudiantes de 1968, Elena Poniatowska logra cautivar a audiencias de distintas generaciones gracias a sus poéticas y descriptivas narraciones que escribió a partir de una recolección de relatos y testimonios de distintos estudiantes que vivieron la angustia y violencia por parte de las autoridades esa tarde en Tlatelolco.

«Aquí vienen los muchachos, vienen hacia mí, son muchos, ninguno lleva las manos en alto, ninguno trae los pantalones caídos entre los pies mientras los desnudan para cachearlos, no hay puñetazos sorpresivos ni macanazos, ni vejaciones, ni vómitos por las torturas, ni zapatos amontonados, respiran hondo, caminan seguros, pisando fuerte, obstinados; vienen cercando la Plaza de las Tres Culturas y se detienen junto al borde donde la Plaza cae a pico dos o tres metros para que se vean las ruinas prehispánicas; reanudan la marcha, son muchos, vienen hacia mí con sus manos que levantan la pancarta, manos aniñadas porque la muerte aniña las manos; todos vienen en filas apretadas, felices, andan felices, pálidos, sí, y un poco borroneados pero felices; ya no hay muros de bayonetas que los rechacen violentamente, ya no hay violencia; los miro a través de una cortina de lluvia, o será de lágrimas, igual a la de Tlatelolco; no alcanzo a distinguir sus heridas, qué bueno, ya no hay orificios, ni bayonetazos, ni balas expansivas; los veo nublados pero sí oigo sus voces, oigo sus pasos».

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Luis González de Alba, Los días y los años

González de Alba encabezo el movimiento estudiantil en México de 1968, el 2 de octubre fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri durante dos años. Esta novela fue escrita en sus estancia en la cárcel y habla directamente sobre su propia experiencia en el movimiento estudiantil.

«Después de la sangrienta ocupación del Casco de Santo Tomás, 149 las palomas blancas que anunciaban en toda la ciudad la próxima celebración de los Juegos Olímpicos fueron manchadas en el pecho con pintura roja. La V, también roja, se encontraba en todas partes, surgía en el momento menos esperado: la levantaban sorpresivamente, durante las ceremonias olímpicas, los jóvenes que integran el Pentatlón Militar; la madre de un compañero, muerto en el Casco, la formaba con la mano en alto... Así, con esos métodos, nada. Al llegar los granaderos y otros cuerpos de policía para disolver el mitin, ya los compañeros habían desaparecido. Así transcurría todo el día y buena parte de la noche, sin dar ni tomar descanso. No se permitió que la población dejara de estar informada sobre los hechos diarios y el estado de la lucha que en ese momento giraba en torno al rector y la desocupación de las escuelas».

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Anónimo, ¡El Móndrigo!

Esta es una novela engañosa, comenzó a circular  en los puestos de periódicos con una editorial desconocida y sin un firma determinada, se reseñaba a si misma como un diario personal de uno de los dirigentes del movimiento estudiantil que se encontró muerto en uno de los edificios de Tlatelolco después de la matanza. Después de severas investigaciones periodísticas, este documento se le atribuye a Fernando Gutiérrez Barrios, el agente mexicano de la CIA quién, ese entonces, era titular de la extinta Dirección Federal de Seguridad, es evidente que se buscaba desprestigiar al movimiento estudiantil y culparlo por las muertes y desapariciones de cientos de estudiantes.

«Hemos tenido una plenaria del Consejo –afirma, el día 30 de septiembre–, y votamos de acuerdo con la línea dura, lanzarnos de plano a la rebelión. Las Olimpiadas hay que impedirlas al precio que sea. Un acto espectacular derrumbará los planes del gobierno y los olímpicos se irán con su música a otra parte… Sócrates Campos, Rufino Perdomo, Sóstenes Tordecillas, Roberto Escudero, Fernando Carona, Florencio López Osuna, Sabino Flores, Oscar Levin, Rafael Cordera, Humberto Musaccio, Rubén Santana Alavés, José Luis González de Alba, Hugo Araujo y Raúl Álvarez Garín presentaron una moción tendiente a que el combate definitivo se libre en la Plaza de las Tres Culturas, porque seguramente los granaderos y el Ejército impedirán que salgamos a rescatar las escuelas del casco de Santo Tomás». 

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En portada: Wikimedia Commons

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