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Horror, explotación y muerte: cómo era vivir un día en un campo de concentración nazi

20 de febrero de 2018

Alonso Martínez

Desde que despertamos en la miseria, hasta los asesinatos al final del día, así es la vida en un campo nazi.



Despertamos...


... fríos y sucios, los que al menos logramos dormir un poco durante la noche para recuperarnos del día anterior. El Kapo (guardia prisionero) a cargo de nuestra área comienza a gritar como un cerdo mientras golpea las paredes y las mesas con la pequeña macana que tiene en la mano. Tenemos que despertar rápido si no queremos ser brutalmente golpeados desde temprano. Dicen que en algunas partes los Kapos son un poco más relajados, pero nosotros no tenemos esa suerte.


Algunos de los prisioneros no encuentran sus zapatos, otros se los robaron durante la noche, sólo por necesidad. Podrían castigarlos con una paliza o con otro tipo de tortura; quizá los guardias se sientan bondadosos y les den un par para que puedan trabajar, pero también puede pasar que hoy no sea un día de buena suerte y se los lleven al campo más lejano, donde matan a nuestros hermanos; a los niños y mujeres.



Lo primero que tenemos que hacer es tender nuestras camas perfectamente, lo cual es imposible con los colchones de paja casi destruidos. Si el guardia cree que no se ve como una digna cama militar, es otra oportunidad para descargar su furia sobre nosotros, y como cada día estamos más débiles, un golpe podría ser suficiente para terminar con esto (y quizá no sería algo tan malo).


Después de eso tenemos la "suerte" de poder bañarnos. Todos corremos hacia allá tratando de ser los primeros y no rezagarnos porque de lo contrario, otra paliza podría esperarnos. Cientos de nosotros entramos en las instalaciones sanitarias con agua fría y ni un solo producto saludable, así que en realidad no tiene sentido que lo hagamos, pero si nos rehusamos, la muerte nos espera.


Es hora del desayuno. Todos los judíos nos formamos en filas para recibir un pedazo de pan y un poco de "café", como le llaman a ese líquido que parece más agua sucia que otra cosa. Sólo eso nos dan; se supone que debería darnos energía para los trabajos que vamos a realizar, pero no es suficiente. Algunos deciden guardar su pan para comer después o usarlo como moneda y hacer trueques por productos dentro del campo. No sabemos cómo pero podemos conseguir cosas como cigarros, jabón y más comida si tenemos la moneda adecuada en las manos.



Algunos Kapos y guardias aprovechan el momento en el que comemos para jodernos la vida. Tiran la comida y luego golpean diciendo que es un desperdicio. Insultan, se burlan de nosotros y nos golpean por placer.


Esa pesadilla continúa mientras nos formamos para la revisión de rutina. Todos los prisioneros que estaban aquí ayer, tienen que estar hoy, excepto los que ellos mataron. Esto puede que dure cinco minutos, pero también podría extenderse hasta entrada la tarde. Tenemos suerte. Hoy no está lloviendo ni nevando y el sol no quema. Pienso en las mañanas de frío entre la lluvia mientras los cerdos arrastraban a todos los que habían asesinado la noche anterior y a los que habían muerto de gripa o hambre para ponerlos frente a nosotros.



Esperamos quietos a que terminen de contar. Miramos hacia la nuca de que tenemos enfrente. Cualquier movimiento es motivo para un castigo. Los guardias se enojan si alguno de nosotros muere durante el conteo. Eso los hará retrasarnos aún más, y no llevamos ni la mitad del día.


Al final los líderes de la SS le dan indicaciones a los Kapos de lo que haremos hoy. Todos tratan de poner atención a pesar de no poder escuchar y todos se dirigen con sus equipos hacia el área de trabajo. Lo que nos espera son turnos de 12 a 14 horas cargando o picando rocas, construyendo, llevando comida o cavando. Algunos judíos tuvieron más suerte y trabajan dentro de la cocina, la enfermería o la orquesta, que siempre toca cuando partimos y regresamos. Los alemanes creen que eso nos hace sentir tranquilos, pero nos parece deprimente.


Todos los días es un volado. No sabemos si nos tocará trabajar con las manos o con herramientas dignas. Si es lo primero, no funcionaremos tan rápido y eso podría ser visto como sabotaje por los guardias. Si es lo segundo, al menos estamos un poco más a salvo. Desde que llegamos he visto a gente morir de un momento a otro por cansancio, y también he observado a quienes mueren por trabajar demasiado lento. Quieren que todo lo hagamos demasiado rápido pero es imposible. No podemos ni pensar en gritar de vuelta. Es en estos momentos cuando pensamos que la muerte podría ser mucho mejor que esta pesadilla.



Llega la hora de regreso al campo. Los miembros del equipo miramos a nuestro alrededor para ver si hoy también tenemos muertos. Como nadie más nos ayudará los cargamos para ponerlos en la pila de los cadáveres del día. Escuchamos la orquesta mientras llegamos, y pienso en que en otros campos obligan a cantar a los prisioneros, y si no lo hacen los matan a golpes. Tenemos suerte.


Una vez que estamos de vuelta es hora de formarnos de nuevo para que nos cuenten. Puede que pasemos otras cuantas horas parados, así que algunos de nosotros no lo soportarán. Estamos demasiado cansados y si alguien ve a un prisionero quejarse o sentarse, indudablemente será su último día. Por ahora estamos tranquilos, ya que el líder de la SS no ha decidido castigar a nadie. A veces cuelgan a alguien frente a nosotros como una advertencia. Nos fuerzan a verlo, como si no fuera suficiente el miedo con el que vivimos todos los días.


Después es hora de la cena. En lugar de la cosa que llaman "café" nos dan sopa. Los que guardamos el pan en la mañana podemos tener un mejor menú, pero muchas veces los Kapos castigan o golpean a quienes guardan la comida acusándolos de avaros.



Y llega la noche. Regresamos a nuestro lugar de descanso, y aunque creamos que ha sido el final del día, el blockführer está ahí para recordarnos que aún no es hora de dormir. Él es quien está a cargo de los cuarteles y dependiendo de su humor decidirá si matar a algunos prisioneros esa noche o si nos dejará en paz. Esta noche elige a un inocente y lo obliga a hacer ejercicio hasta que está agotado, entonces lo golpea hasta que deja de quejarse. Uno menos esta noche. Tengo suerte. ¿De verdad la tengo?


Es hora de dormir. Mañana será otro día.


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Este texto es una interpretación de lo que vivieron los prisioneros de distintos campos de concentración. Está inspirado en los libros L'ere des camps, The Theory and Pracetice of Hell, Le livre des camps, Dora 1943-1945 y Maus, escritos por sobrevivientes o familiares de quienes lograron mantenerse con vida después del Holocausto. Esta es una visión general de los sucesos; muchas historias, crímenes y abusos por parte de los alemanes y los kapos no son contadas aquí. Si quieres saber más, busca testimonios de los sobrevivientes. Son historias que no debemos olvidar para que nunca se vuelvan a repetir.


TAGS: Segunda guerra mundial Historia mundial Nazismo
REFERENCIAS: Holocaust Museum Yad Vashem Auschwitz

Alonso Martínez


Editor de Cine

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