Cómo Foucault, Sartre y Lacan inspiraron a los mejores espías de la CIA

Jueves, 13 de julio de 2017 13:12

|Julieta Sanguino

 

¿Qué tienen en común Sartre, Foucault y Lacan? Los más intelectuales antepondrían sus teorías filosóficas para desenredar el enigma. Lacan y su análisis de personalidad, Sartre y el existencialismo o Foucault estudiando el poder, suena a que, entre las líneas de sus estudios filosóficos no hay un punto verdaderamente fuerte en el que converjan.

En realidad la respuesta es mucho más sencilla: los tres son franceses. Durante la Guerra Fría, antes de que la URSS y el gobierno de Gorbachov cayera, los estadounidenses buscaron diversas maneras para afianzar su poder y denostar el dominio de su archirrival en ese mundo bipolar. Los medios de comunicación, por ejemplo, cumplieron un papel fundamental con caricaturas, películas y noticias que, mientras exaltaban al gigante americano, hacían pensar que la URSS era parte de los villanos crueles que no merecían piedad.

Las masas entonces se dejaban llevar por la opinión pública y así, el gran interés en vencer a los soviéticos se convertía en una preocupación diaria de una nación unida. Pero, ¿cómo controlar a los más fuertes? ¿Cómo cambiar la ideología de quienes tenían bases y cimientos claros para pensar como pensaban?

La Agencia Central de Inteligencia (CIA) no sólo espiaba a sus rivales políticos sino que, en un momento de su compleja estrategia, se dio cuenta de que, espiar también a los filósofos franceses y su actividad intelectual podría abrir un nuevo pensamiento en el mundo, dejando de lado el socialismo, las ideas marxistas y la lucha de clases para centrar su atención en una nueva manera de ver al mundo.

Entonces, según un informe de diciembre de 1985, la CIA estudió la obra y filosofía francesa que tenía postulados posestructuralistas. Un análisis superficial podría mostrar lo ilógico de esta decisión; los investigadores de esta corriente teórica eran sumamente críticos. Sin embargo, repensar este argumento nos muestra con claridad que ellos serían los mejores detractores; después de estar en el Partido Comunista, se habían desencantado de sus ideas políticas y la práctica de sus postulados.

La CIA tenía como objetivo evaluar las consecuencias de sus teorías, tanto en el viejo continente como en Estados Unidos. Teóricos como Althusser, Lacan y Foucault eran seguidos y espiados. Mientras debatían en un café, probablemente eran observados por aquellos que reportarían cualquier movimiento, arrebato, duda o el cambio de un paradigma en sus postulados.

El informe titulado “Defección de los intelectuales izquierdistas” asegura que los intelectuales habían tomado distancia por sí mismos del socialismo, tanto del partido como de la ideología: «Muchos de estos jóvenes filósofos rechazaron el marxismo y desarrollaron una antipatía de raíces profundas hacia la Unión Soviética. De hecho, el antisovietismo se convirtió en el toque de legitimidad en los círculos de izquierda, haciendo cada vez más débil el espíritu antiamericano que los intelectuales de izquierda profesaban y permitiendo a la cultura americana –y también la política y economía– encontrar un nuevo impulso».

En el informe se encuentran además conclusiones que mostraban cómo espiar y conocer las teorías de filósofos como André Glucksmann y Bernard-Henri Lévy podrían resultar benéficos para los ideales americanos. Según la CIA, ellos eran quienes habían sufrido el desencanto de las políticas soviéticas con más fuerza. Sartre, Roland Barthes, Jacques Lacan y Louis Althusser, los últimos sabios comunistas, habían sido desplazados por sus protegidos y ninguno de ellos tenía la fuerza para pelear en contra de los nuevos argumentos y postulados en contra del marxismo.

Según la CIA, gracias a sus profundas investigaciones, en 1985 sólo el 27 % de los franceses tenía una opinión desfavorable contra los estadounidenses en cambio, según los críticos la cifra aumentaba hasta el 51 % sólo tres años atrás. El historiador y practicante comunista Emmanuel Le Roy Ladurie escribió que se sorprendió cuando notó que los estudiantes de la Universidad de París habían huido de los postulados de izquierda.

La Alta Cultura (como la calificaría Umberto Eco) parecía influir en el pensamiento de aquellos universitarios que una vez creyeron. El Mayo del 68 ya no era el momento cumbre de la lucha política sino el flanco que provocó el cambio de paradigma y la adaptación a una nueva ideología.

El novelista Laurent Binet afirmó; “resulta halagadora la influencia que les suponía. También es halagador para los franceses, a los que la agencia ve como lectores asiduos de Foucault y compañía, lo que me parece un poco exagerado y, por último, es halagador para la propia CIA. Ignoraba que en su interior hubiera especialistas capaces de leer y entender sus ideas y debates. En el fondo, es tan divertido como revelador. Si la CIA se toma en serio el mundo de las ideas, será que el mundo de las ideas todavía no ha muerto”.

Entre los pensadores vigilados se encontraban Michel Foucault (el pensador más influyente), Louis Althusser (quien renovó el marxismo), Gluksmann (crítico del comunismo) y Sartre (quien ya había sido espiado por el FBI).

Si fue el espionaje del gobierno americano el que provocó el desencanto de la juventud ante las ideas soviéticas o simplemente el régimen cayó después de un desgaste social y dictatorial que nunca estuvo planeado, parece ser que para el gobierno estadounidense sus investigaciones a los más grandes pensadores (quienes tenían un amplio pensamiento crítico y nunca pensaron en que Estados Unidos debía ser la potencia ideal) dieron los resultados planeados.

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Referencias

CIA
El País
The Philosophical Salon

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