Historia

¿Cómo nacieron los cuentos de hadas y qué dicen de nosotros?

Historia ¿Cómo nacieron los cuentos de hadas y qué dicen de nosotros?

Conoce la importancia de la tradición oral para la sociedad y cómo demuestra la ideología y los miedos de las culturas que las crean., a través de la historia de los cuentos de hadas

Texto escrito por: Rubén Monasterios


La tradición oral, o literatura oral, es una fuente de argumentos inacabable; en todas las épocas y lugares los escritores han echado mano a los proverbios, versificaciones, leyendas urbanas y teorías de conspiración, entre otras variantes de la oralidad literaria.


En el pasado, llamaban a las leyendas y otras formas más elaboradas de ese material, "cuentos de camino", porque los narraban los viajeros para aliviar las penurias de las travesías o en el reposo en torno al hogar. Con el correr del tiempo algunos de contenido más o menos interesante a los niños, o supuestamente adecuado para ellos, pasaron a denominarse "de hadas" (contes des Fées) un término que identifica al género de relatos que ocurren o se resuelven por obra de la magia, cuya invención se atribuye a la escritora francesa madame d'Aulnoy. Por cierto, la antología de cuentos, contrario a una sola narración a lo largo del libro, fue el modelo adoptado por Giovanni Boccaccio para darle estructura a su Decamerón (mediados del siglo XIV); al resultar exitoso, fue imitado por numerosos autores.


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Por lo general, el material oral además de distraer, tenía una intención aleccionadora o didáctica resumida en la moraleja; esta solía ser explícita y expuesta en verso en los cuentos de antaño. Como en la versión original de Caperucita Roja de Perrault, descartada de las ediciones modernas:


Vemos aquí que los adolescentes / y más las jovencitas / elegantes, bien hechas y bonitas, / hacen mal en oír a ciertas gentes, / y que no hay que extrañarse de la broma /de que a tantas el lobo se las coma. / Digo lobo, porque estos animales / no todos son iguales: / los hay con un carácter excelente /  y humor afable, dulce y complaciente, / que sin ruido, sin hiel ni irritación / persiguen a las jóvenes Doncellas, / llegando detrás de ellas / a la casa y hasta a la habitación. / ¿Quién ignora que son estos melosos / Lobos, ¡ay!, los que son más peligrosos?


El primer verso revela que a Perrault no dejaban de preocuparle los “lobos de salón” interesados en jóvenes varones.


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No todo el material oral es valioso desde el punto de vista estético o social, pero al menos una parte del mismo está marcada por la chispa del talento, y toda la producción literaria oral invariablemente refleja las tensiones de la dinámica sociopsicológica de un momento de la colectividad. Las ansiedades vigentes, miedos, expectativas, frustraciones, rabias, actitudes y otros contenidos emocionales y cognitivos generalizados en la masa se hacen sentir en ellas.


No obstante, el más trascendente efecto cultural debido a la escritura de la tradición oral, radica en que esa práctica intelectual conduce a la consolidación de los idiomas. Contribuyó a darle forma a todas las lenguas de la civilización, al castellano por ejemplo lo hicieron las obras de Berceo, Juan Ruiz, Lucanor,  el mester de clerecía y las recopilaciones del mester de juglaría; las fuentes principales de toda esa literatura escrita fueron narraciones y canciones de la gente del pueblo, lírica tradicional y cantos de gesta para ser recitados. La escritura de la oralidad contribuyó en tal sentido en el remoto pasado, y continúa haciéndolo en el presente, porque el idioma es un fenómeno cultural cambiante; en la oralidad se generan los nuevos vocablos y formas de decir que enriquecen y modifican los idiomas.


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Fue raro el recopilador del pasado que copió un texto verbatim a partir de la fuente original; entonces no existía el concepto de Folclorología como rama de la Etnología. Casi siempre se dejaron llevar por su imaginación al transcribirla; con frecuencia se vieron obligados a modificar parcialmente los argumentos debido a presiones del entorno social. Alterando o no la oralidad, preservaron lo esencial de ella, porque el verbo es frágil; está sujeto a la deformación y al olvido, dado su tránsito de una generación a otra de portadores, y ─lo más importante desde la perspectiva de  la cultura artística─  a partir de la oralidad crearon piezas notables de la narrativa y la poética de todos los tiempos.


Corresponde a ese logro la obra de Jean de La Fontaine en sus Fábulas escogidas y puestas en verso; como puede valorarse hoy el cuento popular, en su época se veía a la fábula por encima del hombro, era un género menor indigno de la atención de un intelectual. Sin embargo, el poeta pasa por alto el prejuicio y escoge la fábula como tema de su obra; gracias a su tratamiento la dignifica, por así decirlo, y le restituye al género la magnitud que tuvo en los tiempos griegos y romanos. A lo que era sencilla diversión de campesinos, le incorpora una dimensión estética: la transforma en obra de arte.


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Los hermanos Grimm, Jacob y Wilhelm (primera mitad del siglo XIX), fueron los primeros en valerse del procedimiento verbatim en su recopilación de los relatos; ellos no se consideraban a sí mismos escritores para niños, sino lingüistas y folclorólogos, de aquí que rehusaran presentarlos como cuentos infantiles, suavizados en sus situaciones argumentales y lenguaje y decorados con ilustraciones; en lugar de ello  los enriquecieron con notas eruditas que, al decir de un comentarista eran más extensas que los cuentos. 


Pero una vez descubierto el interés del público infantil y animados por el propósito de darles la mayor difusión posible, en las ediciones siguientes los textos fueron adornados y censurados en sus contenidos más atroces. La primera edición del libro de los Grimm, realizada con criterio científico, apenas se movió en las librerías; en cambio las arregladas para los niños se convirtieron en best-sellers hasta el día de hoy.


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Referencias: