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Cómo se hace un exorcismo, según la Iglesia Católica

Historia Cómo se hace un exorcismo, según la Iglesia Católica

El exorcismo es el ritual por el que se intenta expulsar un demonio del cuerpo de su víctima; en él no sólo se busca salvar al afectado sino evidenciar el poder de una energía benéfica sobre el Mal.


En la actualidad el rito de exorcismo más famoso y practicado es el establecido por la Iglesia Católica, aunque seguramente existen otros procedimientos seguidos en distintas religiones y por otros expertos en combatir contra demonios y otras energías malignas cuyo propósito es dañar el cuerpo de una persona viva. 


Un exorcismo es un proceso que busca expulsar de una persona la entidad maligna que lo tiene sometida por medio de la posesión. En la posesión el demonio o espíritu busca torturar y asesinar a toda costa al cuerpo en el que ha decidido alojarse. Es su manera de demostrar su poder y malignidad sobre el bien. Si existen energías benévolas entonces también existen aquellas malévolas que se alimentan del miedo. 


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El ritual de exorcismo más común se despliega conforme las siguientes etapas: 


Evidencia. El exorcista, previamente autorizado para llevar a cabo este tipo de rituales, debe hacer una consulta al poseído para dictaminar que, en efecto, es necesaria la práctica de un exorcismo. 


El ritual. El sacerdote debe vestir con sus indumentarias religiosas (una estola morada nunca debe faltar) para hacerle saber al demonio que está a punto de llevar a cabo un rito contra él en el nombre de Dios. Una vez que el sacerdote esté frente a su enemigo, debe trazar en la frente del poseído el signo de la cruz y rociarlo con agua bendita. 


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Oraciones. Será con base en ciertas oraciones de poder que el sacerdote tiene que pelear contra el espíritu invasor para obligarlo a salir. La “Letanía de los santos” es una de las oraciones más efectivas en estos casos. Las oraciones deben ir acompañadas de enérgicas órdenes de parte del sacerdote hacia la entidad para que salga del cuerpo que posee. 


Igualmente importantes son los salmos y rogativas, los cuales tienen el poder de hacer que la presencia se sienta intimidada por otro tipo de energías poderosas que buscan expulsarlo del cuerpo tomado. Todas las oraciones deben ser exaltaciones al poder de Dios y su hijo Jesús, seguidas de órdenes que busquen intimidar al demonio. 


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En muchos exorcismos no sólo toman acción los sacerdotes sino también los familiares del poseído quienes participan en las oraciones y los actos de fé que el exorcista establezca en su rito. Asimismo el sacerdote debe evitar que el exorcismo se convierta en un acto público o mediático que sucite el morbo  el escándalo. Se trata de una acto delicado donde el poseído necesita tranquilidad y su familia intimidad debido al difícil momento. 


Según uno de los exorcistas más poderosos en la historia del Vaticano, el italiano Gabriel Amorth, la imagen y mención de la Virgen María es especialmente intimidante para los demonios. Así lo confirmó en uno de sus varios exorcismos que se traduce en la siguiente conversación que sostuvo con Satanás:


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P. Amorth: “¿Cuáles son las virtudes de Nuestra Señora que más te encolerizan?”

Satanás: “Ella me enfurece porque es la más humilde de todas la criaturas y porque yo soy el más orgulloso. Porque ella es la más pura de todas las criaturas y yo no. Porque ella es la más obediente a Dios y yo soy el más rebelde”.

P. Amorth: “¿Por qué temes más cuando yo digo el nombre de María que cuando digo el nombre de Jesucristo?”

Satanás: “Porque me humilla más ser derrotado por una mera criatura que por Él”.


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No siempre basta con una sola sesión, a menudo una posesión puede durar horas o hasta meses enteros. Por ello es que la labor de un exorcismo es extenuantes y puede demorar tanto como el demonio se resista. A veces no basta con la intervención de un sacerdote sino de la labor de varios de ellos que estén dispuestos y capacitados para enfrentar una tarea semejante. 


Un buen exorcista debe ser una persona fuerte no sólo a nivel físico sino también a nivel mental, ya que los insultos de la entidad a su persona se harán presentes en todo momento para demostrar su enojo pero, sobre todo, para intimidar a su enemigo. 


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