De dónde nace la leyenda de vender el alma al Diablo y cómo funcionan estos pactos
Historia

De dónde nace la leyenda de vender el alma al Diablo y cómo funcionan estos pactos

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Por: Cultura Colectiva

7 de enero, 2019

Historia De dónde nace la leyenda de vender el alma al Diablo y cómo funcionan estos pactos
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7 de enero, 2019

Descubre cómo vender tu alma al diablo y de dónde nace esta leyenda según la cual puedes obtener poderes increíbles con un simple pacto.


Texto escrito por: Sergio Sepúlveda

Se cuenta que la idea o la posibilidad de hacer un pacto con el Diablo se dio por primera vez en los inicios del siglo V y quien fue testigo de ese acuerdo con Satanás fue San Jerónimo o Jerónimo de Estridón, considerado padre o doctor de la Iglesia. El santo, un gran estudioso de las sagradas escrituras, inteligente, sabio, humilde y generoso, contó que en alguna ocasión un joven que deseaba tanto que una mujer le correspondiera pidió la ayuda de un mago para que influyera en la decisión de la fémina; san Jerónimo aseguró que el hechicero aceptó ayudarlo a cambio de un pago, el cual consistió en que el enamorado debía renunciar por escrito a Cristo, condenando su alma a un doloroso final.

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Otra leyenda apunta a San Teófilo de Adana (ciudad en Turquía) o Teófilo el Penitente. Él era un hombre de buen corazón que gozaba del cariño de los pobres, los enfermos y las personas que buscaban consuelo en él o en la palabra de Dios. Era archidiácono, es decir, un vicario que ayudaba en la administración de la diócesis del obispo de Adana. Cuando murió el obispo, Teófilo era el candidato más popular para sustituirlo, pero él decidió hacerse a un lado y no aceptó esa responsabilidad, así permaneció en la administración con la llegada del nuevo obispo. Sin embargo, alguna envidia jugó en su contra y se difundió el rumor de que Teófilo había rechazado la oportunidad porque robaba las arcas de la iglesia. El obispo, en lugar de averiguar o defenderlo, decidió quitarlo de su cargo, hiriendo el corazón del archidiácono. Sin nadie que le creyera, el inculpado acudió con un mago quien lo llevó a un cruce de caminos cuando el reloj marcaba la medianoche para enseñarle cómo vender su alma al diablo, ahí, ambos invocaron a Satanás. Cuando el malévolo se hizo presente, le prometió a Teófilo que lo reintegraría a sus responsabilidades en la Iglesia y que limpiaría su nombre de la sospecha infundada. A cambio, debía renunciar a Cristo y a la Virgen sellando el pacto con el Diablo por escrito, firmándolo con su propia sangre. Teófilo así lo hizo.

A la mañana siguiente, el obispo llamó a Teófilo para limpiar públicamente su imagen y solicitarle regresara a sus menesteres en la diócesis. Acudió. Todo parecía haber regresado a la normalidad, pero el Penitente no contaba con que su conciencia lo iba a torturar. Comenzaron para él las enfermedades y la oración constante que no lo consolaba. Cuentan que, en su desesperación, se sometió a un prolongado ayuno de 40 días y rezaba todas las noches hasta que amanecía. Al final, la Virgen se apareció ante sus ojos y le llamó la atención por haber recurrido al Diablo y por haber traicionado su fe. Teófilo, avergonzado, pidió perdón y ayuda a cambio de reconocer públicamente el pacto sangriento que firmó con Satanás. pasó una noche y la Virgen apareció de nuevo para darle la noticia de que Jesucristo lo perdonaba.

Al día siguiente, cuando despertó, Teófilo encontró en su pecho el contrato que había hecho con el Diablo. Se levantó y fue al templo a buscar al obispo. Arrodillado le contó a él y a la gente que había asistido a la misa dominical cómo el rencor lo había llevado ante Satanás. Teófilo quemó ante todos el papel y el obispo lo perdonó y le dio la bienvenida a la fe cristiana. Teófilo regresó a su casa en paz con su conciencia, pero tres días después murió al padecer una fiebre muy alta. ¿Quién se lo llevó? ¿Dios o el Diablo?

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La sonata del Diablo

Es momento de que a este recuento de almas vendidas al Diablo le pongamos música. Pueden hacer una pausa en su lectura, busquen alguna pieza de violín de Niccolò Paganini o alguna canción del blues que ejecutaba Robert Johnson. Aquí los esperan las letras, éstas nunca se irán, jamás envejecen, como si hubieran hecho su particular pacto con Satanás.

¿Están listos? Comencemos con el virtuoso genovés Niccolò Paganini. El público que lo veía ejecutar sus obras en el siglo XIX, no dudaba de la leyenda que lo apodó como el violinista del Diablo. Nadie podía interpretar como él, entonces empezaron los rumores de que había vendido su alma para poseer tal virtuosismo, es decir, nadie reparaba en que su formación musical empezó desde los cinco años de edad, era más fácil y divertido pensar que al tocar las cuerdas de su violín sus manos eran manipuladas por Satanás.

Si esto fuera cierto, ¿en qué momento Niccolò Paganini se dejó tentar por el maléfico?

Una versión dice que cuando Niccolò tenía cinco años, el Diablo se le apareció a su madre, Teresa Bocciardo; tal encuentro no fue en persona sino a través de un sueño. Satanás le aseguró a la mujer que su hijo sería uno de los mejores violinistas de la historia. Teresa compartió lo que soñó con el padre de Niccolò, Antonio Paganini, quien apresuró la educación musical de su vástago y le enseñó a tocar la mandolina.


Pasó el tiempo y el joven Niccolò se convirtió en un gran violinista. Pero, así como tocaba el instrumento con una técnica sobrehumana, no eludía los placeres mundanos, excesos que lo llevaron muchas noches al infierno de la decadencia y desde ahí resurgía con el sonido de su violín que lo elevaba a la superficie; no era atractivo físicamente, su palidez y cuerpo delgado, su falta de dientes y su languidez hubieran sido motivo para alejar los ojos femeninos, pero las mujeres caían seducidas por sus manos, que hacían vibrar las cuerdas de su violín Guarnerius. ¿Acaso las mujeres fantaseaban con la maestría por Paganini? tal vez, lo cierto es que tuvo mujeres, muchas, de distintos códigos postales, demasiadas como para adquirir la sífilis.

Pero si tenemos que hablar de su expediente médico, la sífilis es una anécdota comparada con la tuberculosis que lo dejó afónico dos años antes de su muerte; si tenemos que hablar de sus padecimientos, el más notable lo hizo trascender en la música. Niccolò Paganini padecía el síndrome de Elhers Danlos que se le manifestaba con una hiperflexibilidad en dedos y muñecas, tanto que la uña de su pulgar podía tocar sin esfuerzo el dorso de su mano, entonces su talento innato y el también llamado síndrome de Marfan jugaron a favor de los oídos mundanos de su época que lo escucharon tocar magistralmente el violín. Mendelssohn sostuvo que Paganini iba más allá de lo inimaginable y Liszt se conmovía con el exquisito sufrimiento que derrochaban sus ejecuciones.

Hasta aquí sabemos que, al igual que muchos genios, empezó su formación desde muy pequeño, también es cierto que una malformación genética ayudó a su arte, entonces, ¿por qué tiene tanto peso la epifanía diabólica que le reveló a su madre la maestría que tendría Paganini? Podemos resaltar dos cosas en favor a esto: la actitud del artista y la prensa.

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Paganini se sabía tocado por Dios o por el Diablo, su mano siniestra asombraba a todos quienes no comprendían cómo en su Movimiento perpetuo podría tocar hasta 12 notas por segundo, entonces Paganini enriquecía su propia aura satánica, vistiendo siempre de colores oscuros y moviéndose como un cadáver que resucitaba en cada concierto, en sus 24 caprichos. Los rumores decían que Niccolò Paganini daba largos paseos nocturnos con su violín por los cementerios para consolar a las almas en pena.

Por otro lado, los reporteros de la época adornaban sus crónicas con tinta que casi olía a azufre; como en la Gazzeta Piamontese, que sugería que a Niccolò Paganini lo acompañaba una sombra en el escenario que dibujaba la cola del Diablo e insistían en que ese virtuosismo sólo podía haberse gestado en el infierno.

Infernal, celestial o terrenal, el cuerpo de Niccolò Paganini pidió tregua eterna el 27 de mayo de 1840, con 57 años de edad. Fue en la ciudad de Niza donde la muerte le recogió el arco al maestro cuyo violín Guarnerius era su favorito y lo llamó Il Canone (el cañón) por su potencia sonora. Paganini, capaz de tocar de forma excelsa con sólo una de las cuatro cuerdas del violín, rechazó el alivio espiritual que un sacerdote le ofreció en la recta final de su vida. Luego, unos piensan que por esa displicencia a la fe cristiana y otros por tener la fama de tener un pacto con el Diablo, el obispo de Niza le negó la sepultura. Cinco años estuvo embalsamado el cuerpo del violinista, un tiempo estuvo en el sótano de la casa donde murió, después trasladado a varios lugares hasta que en la ciudad de Parma autorizaron que fuera enterrado.

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Pongamos pausa a la música de Niccolò Paganini para dejar que otro gran músico te enseñe cómo vender tu alma al diablo. Llamemos al escenario a Robert Johnson, llamado el Rey del blues del Delta.

De Robert Johnson hay información con muchas imprecisiones, tantas que no se puede asegurar sus fechas de nacimiento y defunción. Sin embargo, esos datos resultan poco importantes cuando el nacido en Misisipi debe su trascendencia, aparte de su música, a la leyenda de haber vendido su alma al Diablo con tal de poseer un don para tocar la guitarra.

Este mito surge porque de acuerdo al músico Eddie James Houser Jr., mejor conocido como Son Houser, cuando conoció a Robert Johnson carecía del mínimo talento, pero tras unos meses de haber desaparecido regresó como un mago de la guitarra. ¿Qué hizo Robert Johnson para sublimarse? Esa era la pregunta de todos, la única respuesta la decía Robert Johnson: vendió su alma al Diablo.

Según Johnson, en un cruce de carreteras de Clarksdale, Misisipi, se rindió de rodillas y recibió el favor del señor de las tinieblas; al menos la letra de su canción Cross road blues lo sugiere: “I went down to the crossroad, fell down on my knees. Asked the lord above: ‘Have mercy now save poor Bob if you please’” (Fui al cruce, caí de rodillas. Le pedí al señor que está arriba: ‘Ten piedad ahora y salva al pobre de Bob, si tu quieres’).

Para mi la letra no es clara en cuanto a que haya dialogado con Satanás, pero ¿quién soy yo para quitarle morbo a las historias truculentas que nos hacen comernos las uñas?

Hay quienes dicen que murió el 16 de agosto de 1938 con 27 años de edad; según el músico Sonny Boy Williamson, fue envenenado con estricnina, un veneno para matar roedores; si esto fue verdad, habría sido víctima de una venganza por enredarse con la mujer de otro. ¿A dónde habrá ido el alma de Robert Johnson? Imposible saberlo, al igual que su cadáver no tiene dirección exacta de dónde reposa.

Pongamos pausa al blues.

Si después de leer los párrafos anteriores les asalta la curiosidad de cuánto podrían obtener vendiendo su alma y quieren hacerlo, pero no saben cómo, les comparto que el escritor ruso Mijail Bulgakov narra en su novela El maestro y Margarita, que cuando deseemos algo de Satanás no debemos pedírselo, sino esperar a que él mismo nos lo ofrezca tres veces y negarnos las tres veces para que al final, el mismo señor de las tinieblas nos lo regale sin ningún daño o trampa.

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El los grimorios (libros donde se explican muchos ritos satánicos), se recomienda que para invocar a los demonios o al mismísimo señor de los infiernos hay que recurrir a sacrificios de animales y en ocasiones hasta de humanos. Poseer alguna reliquia demoníaca que nos permita abrirles la puerta a nuestro mundo también es de mucha utilidad y para realizar el ritual se debe escoger una noche tormentosa y con relámpagos, mientras se está en el centro de la habitación únicamente iluminados por la luz de las velas.

Por último, lo más importante es creer con toda la fuerza del alma, misma que vamos a entregar, que la petición será atendida y estar dispuestos a realizar cualquier cosa que el maestro de la oscuridad pida como prueba. Por todo esto los expertos en las ciencias ocultas recomiendan tomar precauciones, si es que esto es posible, como protegerse dentro de un círculo de sal o marcar la habitación con símbolos mágicos que debiliten a la entidad maligna invocada poniéndola a nuestra merced. Difícil de creer.

La historia de la humanidad está llena de misterios y situaciones increíbles y Sergio Sepúlveda ha decidido dedicar su trabajo a investigar sobre ellas y compartirlas, para que no sólo nos asombremos, sino estemos conscientes de la historia de inventiva y curiosidad que caracterizan a la humanidad como conjunto. En el libro Grandes temas difíciles de creer puedes encontrar relatos como El doloroso final del cuerpo de Evita Perón; Calígula, crueldad en carne viva y La Ouija: puerta a todos los males.

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Referencias: