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Datos que no conocías sobre el signo de Géminis

23 de mayo de 2018

Rodrigo Ayala Cárdenas

Cástor y Pólux son los protagonistas de esta historia en donde el amor entre hermanos trascendió hasta llegar a los cielos.



Leda, reina de Esparta, caminaba tranquilamente por el bosque cuando de pronto vio a un cisne nadando en un hermoso y cristalino estanque: era una criatura hermosa, tenía un plumaje blanco que brillaba intensamente con la luz del sol, su aspecto plácido y seguro de sí mismo hizo suspirar a Leda. Se acercó hasta el estanque de manera sigilosa para no alterar al cisne y se hincó para observarlo de cerca. Era un ser majestuoso.


De pronto, el animal pareció reparar en la presencia de la mujer, cambió la dirección en la que se desplazaba sobre el agua y aprovechando que un águila pasaba volando por el lago, fingió escapar de ella para arrojarse hacia Leda. Cuando menos se dio cuenta, la reina ya tenía al cisne posado en su regazo. Vio con una mezcla de horror y consternación cómo el ave la envolvía con sus alas. Leda sintió la virilidad de aquel atractivo y extraño animal entrar en ella y un inmenso placer la inundó. Todo se volvió blanco para sus sentidos y el bosque pareció recobrar un aspecto nunca antes visto por sus ojos.



Fue cuando el acto se consumó y ambos se separaron que Leda reparó en que el cisne se había convertido en un hombre. Tenía el mismo aspecto que su dios Zeus, a juzgar por las esculturas que poseía en su palacio o que adornaban los espacios públicos. El hombre sonrió a la mujer, le dio un último beso en los labios y se alejó caminando por el bosque hasta perderse de vista.



Esa misma noche, Leda, llena de una lujuria insaciable proporcionada por Zeus —o debido a un sentimiento de culpa— tuvo relaciones sexuales con su marido Tindeo. El destino caprichoso quiso que la reina fuera una de las pocas mujeres en el mundo que quedara preñada de dos hombres distintos ese mismo día. De sus encuentros por separado, resultaron dos niños que nacieron al cabo de nueve meses: Cástor, el mortal hijo de Tindeo, y Pólux que, como hijo de un dios, resultó ser inmortal. Además su nacimiento fue algo totalmente anormal que aterrorizó a Leda, Tindeo y su personal del palacio: ambos niños emergieron del huevo que puso su madre en el momento de dar a luz.



Cástor y Pólux crecieron inseparables y fieles el uno al otro: aprendieron a cazar juntos, se relataban sus confidencias, eran capaces de leer sus pensamientos y destacaban por igual en las artes de la guerra. Su fama con el uso de la espada era tan grande que el mismo Pólux enseñó al héroe Hércules a dominarla.


Sabiendo de las habilidades y valentía de los mellizos, un día, el héroe Jasón acudió hasta ellos para reclutarlos como parte de una misión que estaba dispuesto a emprender: la búsqueda del famoso Vellocino de Oro, la piel de un carnero al que se le atribuían ciertas manifestaciones mágicas. Cástor y Pólux aceptaron unirse al famoso grupo de guerreros conocidos como los Argonautas, que acompañaron a Jasón en este viaje por tierras lejanas a bordo de la nave Argo, hasta llegar a la Cólquida.



Sin embargo, la mitología está llena de tristes episodios que condenan a los héroes a la tragedia: los mellizos desde su más tierna infancia sostenían una disputa con sus primos Idas y Linceo por demostrar quienes eran los más valientes, fuertes y habilidosos en batalla. Son muchas las historias que se han contado acerca de la manera en que los cuatro resolvieron sus conflictos, pero la más extendida es la que se centra en el compromiso de Idas y Linceo con sus primas Hilaíra y Febe. Cuando los hermanos estaban a punto de contraer matrimonio con ellas, Cástor y Pólux se presentaron antes de la celebración de la ceremonia para raptarlas en el palacio donde las jóvenes habitaban.





Una vez enterados de lo ocurrido, Idas y Linceo se lanzaron, guiados por toda la rabia de su ser, a la persecución de sus primos. Antes de que pudieran darles alcance, el primero atravesó con su lanza al desdichado Cástor, que murió en el instante. Pólux se enfrascó en una batalla sin cuartel con el poderoso Linceo y el eufórico Idas, cuya sangre hervía como un volcán por haber dado muerte a Cástor. Las espadas de los tres chocaron con estrépito y las heridas se hacían cada vez más profundas. Pólux era fuerte y hábil como el semidiós que era pero, al enfrentar a dos rivales frenéticos que anhelaban que corriera la misma suerte que su hermano, su fuerza iba mermando de manera paulatina.



En ese instante, emergió de entre el follaje del bosque la presencia de Zeus, quien dispuesto a vengar la muerte de su hijo dirigió un rayo hacia el cuerpo de Idas. En el acto, el hombre cayó al suelo tras proferir una serie de agónicos gritos al sentir su piel quemada. Pólux dirigió su espada hacia el vientre de Linceo y lo atravesó hasta ver el filo emerger por la espalda de su rival. Zeus presenció —con una profunda tristeza, que lo llevó al borde de las lágrimas— cómo su hijo inmortal se arrodillaba al lado del cadáver de su mellizo caído.


«Quiero renunciar en este momento a mi condición de semidiós» —escupió Pólux a su padre—. «No puedo vivir si me falta mi hermano, mi compañero de batallas, mi alma gemela. Quiero morir tal y como él lo ha hecho».



Zeus, quien no pudo convencer a su hijo de seguir con vida, hizo un trato con Poseidón: de alguna manera sus hijos debían alcanzar la inmortalidad y ser recordados por la raza humana todos los días. Al saber que los hijos de Zeus habían destacado como uno de los Argonautas que fueron hasta Cólquida, el dios del mar los convirtió en una constelación —como protectores de los marineros—, la de Géminis. Desde entonces Cástor y Pólux observan al mundo desde las alturas, juntos por toda la eternidad, como siempre quisieron estar. 


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Si te gustan los mitos griegos, existen otras historias fascinantes que también puedes conocer:


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TAGS: Historia mundial Datos curiosos Mitología
REFERENCIAS: Mythology Ancient History

Rodrigo Ayala Cárdenas


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