Historia

Cosas que no sabías de Akenatón, el primer humanista de la historia

Historia Cosas que no sabías de Akenatón, el primer humanista de la historia


El enigmático antiguo Egipto no deja de sorprendernos, y es que el paradigma de su cultura fue acrecentado debido a mitos creados por su misticismo, religiosidad, películas o hasta por los accidentados descubrimientos de Howard Carter. Lo cierto es que esta cultura ha sido muy estudiada por arqueólogos, antropólogos e historiadores, quienes han tratado de entender y reconstruir la complejidad social que desarrollaron.

El Egipto inmortal del que hablaremos brevemente, estuvo situado en medio del desierto, en un corredor fértil abastecido por el río Nilo, que tiene desembocadura en el sureste del mar Mediterráneo. Como sabemos, este punto fue estratégico para el comercio con otras zonas como el Levante, Grecia, Roma, Asia, África y como es evidente, el oriente cercano donde ya se habían desarrollado culturas como la Mesopotámica, Sumeria y Uruk, entre otras.[1]

La cultura egipcia desarrolló una anonadante arquitectura, compleja escritura pictográfica -llamada jeroglífica-, pintura que logra embelesar a pesar de la rigidez de lo representado y escultura de dimensiones estratosféricas que deleitan la pupila, haciéndonos cuestionar siempre cómo una cultura logró tales avances tecnológicos.
El proceso no fue espontaneo, se requirió de miles de años para que este desarrollo tuviera el impacto que hoy vemos y que, posiblemente, no conozcamos su totalidad debido a las múltiples intervenciones que se han dado.

Hacer un breviario de toda esta cultura nos resultaría muy extenso, por lo tanto, nos avocaremos a nuestro personaje de interés; Akenatón. Su origen es particularmente curioso, ya que su familia materna era asiática y llegó a la realeza egipcia. Según Jorge Dulitzky, es posible que esa familia haya tenido vinculación con algunos episodios bíblicos, y eso explique el origen egipcio del pueblo judío; este personaje está íntimamente ligado con las escrituras antiguas, ya que su abuelo Yuya pudo ser el José del antiguo testamento.

cultura egipcia

Amenofis IV (como también se le conoce a Akenatón) fue hijo de la dinastía XVIII, su padre fue Amenofis III y su madre fue Tiy (de origen asiático, como mencionamos antes).
Accedió al trono a temprana edad debido a la muerte de su hermano mayor; se casó con Nefertiti y sólo tuvo descendencia femenina con ella. Fue con su segunda esposa, Kiya, con quien tuvo a su heredero Tutankhamón; la madre del heredero es todo un misterio y no se tienen datos precisos de ella, es más, desaparece poco después del nacimiento del primogénito. [2] 

Akenatón gobernó durante diecisiete años, y su muerte es un enigma. Tal es el misterio que hasta hoy no se sabe el paradero de sus restos fúnebres.
Lo que más nos atañe es su proyecto religioso, en el que fue un innovador; reformó el dogma politeísta y creó la fe monoteísta. En este credo, el principal dios al que se le rendía culto era al sol, Atón; la energía solar era la única deidad y era imposible representar en monumentos. Esta revolución religiosa difundía bondad entre los seres humanos y tuvo la esperanza de que alcanzara una divulgación internacional que jamás logró. [3] 

Dicho cambio implicaba importantes consecuencias en todos los órdenes de la vida de un estado teocrático; tenía una intención política, pues permitió al faraón recuperar parte del poder que había ido perdiendo en beneficio de los sacerdotes y de la burocracia civil. Este cambio fracasó y la fuerte oposición (posiblemente del clero descontento) se encargó de sepultarlo para que las generaciones posteriores lo olvidaran, posible razón por la cual no tengamos rastro alguno de sus restos mortuorios.

El imperante poder de Akenatón está presente en la revolución religiosa que intentó implantar y difundir, a diferencia de esto, en el ámbito militar, su reinado no tuvo gran dominio, lo que distaba con las antiguas dinastías que habían logrado una extensión fenomenal de territorio, basándose principalmente en el número de efectivos y tácticas militares.

Éste fue un motivo más para ser criticado y denunciado por las altas esferas egipcias, empero, a pesar de la disminución de riquezas y conquistas, Akenatón fue un soñador, un idealista, un filósofo y diversas fuentes aseguran que fue el primer humanista de la historia. [4] 

Las siguientes imágenes son características del periodo de Akenatón, en las que se representa cómo ejercía el poder en el que creía y confiaba, teniendo en cuenta que la condición faraónica va más allá de una necesidad ornamental; es una especie de heroísmo que representa la afirmación de poder y la proyección de la fuerza sobre el límite del mundo. [5]

En términos de arte, el método convencional de la representación figurativa que se venía desarrollando desde los inicios de la cultura egipcia, da un giro drástico con el comienzo del reinado de este monarca, ya que éste cambia hasta en las representaciones de su persona.

cultura egipcia

Obsérvese como el rey tiene una cara muy larga, con una nariz prominente, ojos hundidos y alargados, pómulos salientes, labios exuberantes, cejas que conforman una sola línea con la nariz y que continúan engalanando las arrugas de la boca. Es posible que esta representación sea un tanto exagerada queriendo romper el canon artístico anterior, sin dejar de tomar en cuenta sus raíces orientales. [6]

Como mencionamos anteriormente, Akenatón fue un revolucionario espiritual, ya que le dio un giro al poder religioso que principalmente detentaban los sacerdotes, quienes usaban el antiguo panteón de dioses egipcios a su conveniencia. En la siguiente imagen podemos apreciar cómo el rey y su familia rinden culto y ofrendas a su nuevo dios, quien los bendice por medio de los rayos solares que van dirigidos a ellos.

cultura egipcia

Este relieve de grabado hueco, alude a Atón como disco solar, quien era la única divinidad y eje fundamental de la nueva religión. La simplicidad de su forma causó dificultades a los artistas encargados de plasmar las imágenes, ya que estaban acostumbrados a ejemplificar deidades antropomorfas, sin embargo, lograron resolver el problema representando el disco solar emitiendo multitud de rayos terminados en manos humanas, que sostienen en algunos casos los símbolos tradicionales de la vida y de la estabilidad. [7]  [8]

En la siguiente ilustración se retrata al faraón con los rasgos característicos que lo definen en esta etapa, como son: barbilla prominente, cuello largo, brazos raquíticos, barriga abultada y piernas largas y flacas. En la reina Nefertiti se aprecian casi las mismas propiedades que el rey pero no tan exageradas. Las princesas presentan cráneos anormales, y es que están alargados; esta característica la presentan todos los hijos de Akenatón.

cultura egipcia

El relieve muestra al jerarca y a la reina en una escena familiar informal, están sentados jugando con sus tres hijas.
Akenatón (el de la izquierda) está besando a su hija Merytatón que es la mayor, mientras que Nefertiti tiene a la princesa Meketatón sentada en sus piernas, mirando a su madre y señalando con la mano derecha a su padre (es posible que en signo de admiración), y Anjesenpatón está posada en el hombro de su madre jugando con el uraeus (cobra). Toda la obra se engalana con el disco solar que se sitúa en la parte superior central, bendiciendo a la familia real.  [8]

Esta última obra de arte nos sugiere que el mundo de Akenatón era un mundo bastante humano, cordial, afectivo y amable; ningún rey egipcio había sido mostrado de este modo anteriormente y ninguno volvió a aparecer así.

El modelo de ejercer poder no es siempre por la vía armada y la opresión, como normalmente estamos acostumbrados, y esto nos lo deja claro Akenatón, lo que nos dicen estas breves obras es que es posible un mundo donde el humanismo sea la base de las relaciones personales, donde se encuentre una fraternidad superior a cualquier ideología, donde los lazos familiares representados funjan como cohesión y modelo del deber ser en la sociedad.
Es curioso encontrar obras de arte donde impere el humano en su forma más noble, más cálida, más sutil y en contacto con su propio núcleo familiar, más allá del sublime poder que detenten.
¿Acaso la humanización es algo inalcanzable en el hombre moderno? ¿Qué debemos de aprender de este personaje y su uso del poder?


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[1] Barbier, Jean Paul, Vanished civilizations from the acients to easter island, 1ª ed., trad. de Charles Penwarden, París, Assouline, 2001, p. 216.

[2] Reeves, Nicholas, Akenathón falso profeta de Egipto, 2ª ed., trad. de Javier Alonso López, Madrid, Anaya, 2002, p. 11-12

[3] Dulitzky, Jorge.  Op. Cit. p. 15

[4] Dulitzky, Jorge.  Op. Cit. p. 16

[5] Ayala Fernando, Martínez David (Coord.) Arte y poder una mirada artística al fenómeno del poder, 1ª ed., México, Innovación Editorial Lagares de México, 2008, p. 11.

[6] Malek, Jaromir, Egipto 4000 años de arte, 1ª ed., trad. de Alberto Clavería, Londres, Phaidon, 2003, p.174

[7]  Ibídem, p. 176-177

[8]  Ibídem, p. 178


Referencias: