Historia

D.B. Cooper y el crimen perfecto

Historia D.B. Cooper y el crimen perfecto


Cooper era un hombre apuesto, educado y sumamente atento. Su lugar estaba casi al final del avión, muy cerca del pequeño asiento que tenemos para los despegues y aterrizajes. Platicábamos del lindo día que hacía afuera y que se filtraba por las ventanillas del avión, y antes de levantarme para atender a los pasajeros, me extendió una nota. Agradecí el gesto y guardé su número telefónico en mi bolsa. Al sonreírle a manera de despedida, vi su semblante serio, me miró a los ojos y dijo:

–Señorita, creo que sería una gran idea que leyera la nota. Tengo una bomba –lo dijo mientras señalaba el maletín que traía consigo.

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Leí rápidamente el mensaje en el que, me pedía, me sentara junto a él.

–Quiero 200 mil dólares sin marcar y cuatro paracaídas, dos de espalda y dos de emergencia. Notifique a la cabina para iniciar la negociación.

Intenté mantener la calma, avisé a la cabina y recibí la orden de confirmar la existencia de la bomba. Regresé al lado de Cooper y le comuniqué que los pilotos me pedían pruebas. Sin dejar de mirarme, abrió el maletín y logré identificar dos grandes cilindros, una gran batería y múltiples cables. Cerró rápidamente el maletín y sonrió en señal de espera.

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De regreso a la cabina confirmé los hechos. El piloto notificó a la policía de Seattle y al FBI. Para sorpresa y alivio de todos, las autoridades accedieron negociar. Los pasajeros, un tanto nerviosos por mis movimientos, no sospechaban nada. Volví con Cooper, quien seguro de que el plan iba según lo planeado, se dirigió a mí:

–Asegúrese de que el avión no aterrice hasta que las demandas estén listas, y por favor, traigame un bourbon whisky, lo pagaré".

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El 24 de noviembre de 1971, el vuelo 305 de la aerolínea Northwest Airlines fue secuestrado por Dan Cooper, quien exigió 200 mil dólares en efectivo y cuatro paracaídas a cambio de la seguridad del avión. Cooper, erróneamente llamado por la prensa D.B. Cooper luego de que la policía interrogara a un sospechoso con dicho nombre, era un hombre de alrededor de 45 años, altura de 1.78 m. y vestía gabardina negra, mocasines, traje oscuro, camisa blanca, corbata negra y lentes de sol. Al momento del despegue del vuelo comercial que cubría la ruta Portland-Seattle, abordó a la aeromoza, Florence Schaffner, para notificar que traía una bomba consigo. 

Tras la confirmación de que se trataba de una bomba, la cabina se comunicó con las autoridades, quienes aceptaron negociar con Cooper. A pesar de que el secuestrador pedía que los billetes no estuvieran marcados, la policía recolectó billetes de 20 dólares impresos en 1969, emitidos por la Reserva de San Francisco y con números de serie que empezaran con la letra L. Para aumentar las pistas que pudieran llevar a la futura detención de Cooper, los billetes fueron fotografiados en un microfilm, grabando así los números de serie.

Una vez reunidas las demandas del secuestrador, el boeing 727 aterrizó en Seattle y se detuvo en una sección remota del aeropuerto. Las luces de la cabina fueron atenuadas para evitar la acción de francotiradores y una sola persona se encargó de llevar los paracaídas y el bolso con el dinero. A cambio, Cooper liberó a los 36 pasajeros y retuvo a cinco miembros de la tripulación: una azafata, el primer oficial y el ingeniero de vuelo. El avión volvió a los cielos.

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Dentro de la cabina, Cooper exigió a la tripulación que se dirigiera con rumbo a la Ciudad de México a 170 nudos, con trenes de aterrizaje desplegados y a una altitud de 3 mil metros. Bajo dichas condiciones el avión sólo podría volar mil 600 kilómetros, por lo que el destino se modificó a Reno, Nevada. Cooper también ordenó dejar la cabina despresurizada para evitar salidas violentas de aire al abrir la puerta trasera, en un eventual salto, y ordenó a la azafata que se retirara a la cabina.

Al interior, los pilotos vieron encenderse el foco que marcaba la apertura de la puerta trasera, y tras comprobarlo se supo que Cooper había saltado. Según estimaciones de la policía, el salto se realizó al suroeste del Estado de Washington, en medio de una tormenta y con mucha nubosidad, lo que dificultaba la visibilidad del suelo. Ante estas condiciones los aviones caza F-106, que custodiaban el boeing, no se percataron del salto. 

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El avión aterrizó sin más contratiempos en Reno, donde fue inspeccionado por el FBI, quien encontró huellas dactilares, una corbata de alfiler de madreperla, dos de los cuatro paracaídas y ocho colillas de cigarrillos. No hubo rastro del maletín,  ni del dinero, ni de los otros dos paracaídas, uno de los que era inservible. Estableciendo una posible localización de aterrizaje, la policía buscó en 73 kilómetros cuadrados sin encontrar rastro de Cooper ni del dinero. Debido a las condiciones meteorológicas de esa noche, se presume que Cooper pudo haber muerto antes de lograr el aterrizaje. 

El FBI difundió un retrato hablado de Cooper por todo Estados Unidos, y los números de serie fueron rastreados pero no se halló al misterioso hombre. En 1978 se localizó una panfleto que explicaba cómo abrir la puerta trasera de un avión Boeing, misma que, se comprobó, pertenecía al vuelo de Northwest Airlines. Para 1980, un niño encontró, en la orilla del río Columba, 5 mil 800 dólares en billetes semidestruidos, pero cuyos números de series fueron identificados, por lo que se cree que Cooper no sobrevivió al salto. 

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El secuestro es el único caso en la piratería aérea de Estados Unidos aún sin resolver, y a pesar de las pistas que se han encontrado con el paso de los años, no ha existido un indicio que permita la identificación y paradero de Dan Cooper.  A la fecha, el caso sigue abierto y aunque una de las teorías detalla que Cooper murió durante el salto, para otros se trata del crimen perfecto de la historia.

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Referencias: