El pueblo que decidió morir por Hitler y nadie conoce

Jueves, 20 de abril de 2017 12:32

|Rodrigo Ayala


Avanzan en grupos de tres o cinco personas hacia el río Peene. Varios adultos llevan en brazos a niños pequeños de no más de tres o cinco años. Cuando se ubican a la orilla del río, comienzan a amarrar a su ropa, cuello o tobillos las grandes bolsas con piedras que cargan desde sus casas. Sus rostros lucen asustados, desencajados. Los niños sólo aciertan a dejarse llevar por sus padres, sin saber a ciencia cierta lo que está ocurriendo. Algunos piensan que es una salida familiar para darse un chapuzón en el río y la idea les emociona.

Algunas personas han comenzado a sumergirse en las aguas. Sus vecinos y conocidos los observan desde la distancia dispuestos a hacer lo mismo. Nadie sale una vez que el agua cubre sus cuerpos. Es una especie de procesión guiada por algo que posee a los habitantes de Demmin, un pequeño pueblo al noreste de Alemania.

Demmin mujer llorando

El historiador alemán Florian Huber ha documentado uno de los grandes casos de suicidio colectivo en la historia de la humanidad. En el pueblo de Demmin, el 8 de mayo de 1945, cientos de habitantes se arrojaron a las aguas a causa de la derrota de los nazis en la Segunda Guerra Mundial. El miedo a caer en manos del ejército soviético los llevó a cometer este acto sorpresivo. Así lo ha dejado patente Florian Huber  en su libro “Hijo, prométeme que te matarás. El ocaso de la gente de a pie en 1945”.

Los fallecidos fueron depositados en fosas comunes en el cementerio de Demmin, pues la urgencia de darles entierro no permitió hacerlo de otra forma.  "No hubo tiempo para eso, era necesario proceder a los enterramientos y no había más días para confirmar de quién se trataba porque tampoco era posible contactar con familiares o conocidos, también desaparecidos", explica Florian Huber.

Demmin soldados

Los habitantes no sólo murieron ahogados, hubo familias enteras que, reunidas en la sala común de sus hogares, optaron por morir de un balazo en la cabeza. Otros individuos eligieron una opción más tétrica: ahorcarse en alguno de los árboles de Demmin.


Algunos más prefirieron cortarse el cuello con navajas de afeitar o ingerir cianuro. “Mi padre había huido con nosotros al monte para evitar estar en el pueblo cuando llegaran los rusos. Días después, cuando regresamos, los cuerpos de los ahorcados colgaban todavía de las ramas de los árboles que seguían el camino, más y más cuerpos se apilaban a las orillas del río y de las casas salía un olor putrefacto de los cuerpos de familias enteras que se habían suicidado en la sala de estar", relata uno de los testigos sobrevivientes, Karl Schlösser.

Demmin mujeres muertas

El total de muertos se estima entre 900 y 2 mil. Florian Huber sostiene la teoría de que este acontecimiento fue provocado por una histeria colectiva y los fuertes mensajes nacionalistas por parte de Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Hitler, quien sostenía: “Mejor la muerte a caer en manos de los rusos”. La radio también tuvo gran culpa de ello: los habitantes de Demmin recibían mensajes donde se relataban los supuestos saqueos, asesinatos y violaciones que el Ejército Rojo practicaba por los lugares que caían bajo su dominio.

Florian Huber profundiza: “La gente había escuchado durante años la propaganda nazi, que contaba horrores sobre lo que les pasaría cuando el enemigo pisara suelo alemán. Eso fue divulgado de la manera más grotesca, los rusos fueron descritos como hordas de salvajes que cortan la lengua a los niños, les sacan los ojos y violan a las mujeres”.

Demmin muertes

En Demmin habitaban refugiados de otras zonas destruidas de Alemania, quienes se encargaron de avivar el miedo entre la población contando los abusos y violaciones que habían sufrido.

No sólo este pueblo cayó presa de la histeria. Ciudades como Hamburgo también registraron casos de suicidios, aunque en menor escala. Florian Huber cree que el suicidio del Führer nada tuvo que ver en la decisión de los habitantes de terminar con su vida: “Hitler se suicidó el 30 de abril, al día siguiente la radio anunció que había caído en batalla, no se dijo nada sobre suicidio. La paradoja es que esta figura que los alemanes amaron e idolatraron convirtiendo en un mito, se desvaneció en el transcurso de los últimos meses del conflicto. En ninguno de los diarios que leí de la época encontré alguna manifestación de duelo por su muerte. Alemania se hundía y a la gente Hitler ya le daba igual”.

Demmin goebbels

Demmin hitler


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Referencias:

Deutsche Welle
El Mundo
El Confidencial


REFERENCIAS:
Rodrigo Ayala

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