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Claves para entender los derechos fundamentales de las trabajadoras domésticas

11 de diciembre de 2017

Mariana Corona García

Una de las razones por las que se encuentran en esta situación de injusticia es la discriminación desde la legislación, que debería ampararlas con políticas eficientes

Hace algunos días salió una nota de una mujer que llevaba en brazos a su hijo de tres años muerto, estaba en una terminal de camiones y pretendía viajar a Puebla. El cuerpo del niño estaba envuelto entre plástico transparente y cobijas. Esta mujer explicó que su hijo tenía problemas de salud, específicamente, problemas en el corazón. Dicha nota no sólo resaltó algunos aspectos que engloban la desigualdad en sus diversas formas, sino que habla de un síntoma de una sociedad enferma: la omisión ante las injusticias.



Esta mujer llamada Silvia señaló que ejercía labores del hogar de manera remunerada, por lo que es reconocida en la Ley Federal del Trabajo como trabajadora doméstica. Pese a que este contingente lo constituyen cerca de 95 % mujeres, tanto a nivel nacional como regional, en la legislación laboral se masculiniza el término. Los derechos laborales contemplados son mínimos en comparación con otras ocupaciones; en organizaciones y estudios referidos a este trabajo se ha mencionado que el término trabajadora doméstica hace alusión a que la trabajadora también es parte de la casa, como un bien más que tiene a su disposición quien es dueño del hogar —un tipo de relación social característica de la época colonial—. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha mencionado que el trabajo del hogar de forma remunerada es una de las ocupaciones con mayores índices de déficit de calidad. Es decir, se trata de uno de los empleos con mayor precariedad debido a que generalmente no cuentan con contrato que especifique las condiciones de trabajo, horario y salario; una gran mayoría de quienes lo ejercen se encuentra en la informalidad, sin seguridad social ni otras prestaciones como vacaciones, aguinaldo y jubilación; y consiste en largas jornadas laborales que exceden las 48 horas semanales, sin goce de pagos extras.

Los otros aspectos que resaltan son los subjetivos, como el escaso o nulo reconocimiento de su trabajo, así como la discriminación en sus diversas formas que llegan a experimentar: clasismo, xenofobia, racismo y misoginia, ya que una parte considerable de las mujeres que viven en zonas rurales pobres son de origen étnico, sin educación básica concluida y se asientan en las ciudades para llevar a cabo esta ocupación. Sin embargo muchas veces esto no representa una oportunidad para mejorar su calidad de vida; los bajos sueldos, las largas jornadas y tratos indignos por parte de quien las emplea responden a ello.



Una de las razones por las que se encuentran en esta situación de injusticia es porque la discriminación comienza desde la legislación, que debería ampararlas con políticas eficientes y procurar sus derechos como, el de los demás trabajadores, pero contrariamente se les niega (México no ha ratificado el Convenio 189 de la OIT, el cual busca dignificar las condiciones de trabajo de este contingente). Tal vez esta razón también tenga que ver con la insensibilidad de quien empleó a Silvia, al negarle una “ayuda” para que ésta y su hijo accedieran a algún tipo de servicio médico. Tal vez ésta también sea la razón por la que se le negó el servicio en los hospitales públicos. Quizá esto también tenga relación con que Silvia prefiriera pedir limosna para llevar a Puebla a su hijo —que murió en sus brazos—, quizá esto tenga que ver con que hay muchas Silvia que a muchos ni les interesa voltear a ver y menos sumarse para que cada una de las condiciones dolorosas que llegan a experimentar puedan superarse, porque desde la legislación, la sociedad y como personas ¿a quién le importa una trabajadora del hogar?


Fuentes

Conapred

Justia México

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TAGS: México Política Derechos Humanos
REFERENCIAS:

Mariana Corona García


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