El día que el mundo pensó que fallecería por culpa de los libros

El día que el mundo pensó que fallecería por culpa de los libros

Por: Abril Palomino -

¿Una epidemia que se transmitía con los libros?


En 1895 comenzó una epidemia de tuberculosis en una pequeña ciudad de Nebraska, Estados Unidos, el problema fue que el epicentro se dio en la biblioteca pública, en una época en donde poco se conocía acerca de esta enfermedad, su transmisión y sobre todo, cuando nadie sospechaba del peligro que representaba este sitio público.

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El primer caso

El primer contagio se registró a mediados de septiembre, cuando Jessie Allan, la encargada de la biblioteca estatal de Ohama, presentó severos síntomas y murió al poco tiempo. Ante este siniestro, la comunidad científica del lugar comenzó a preguntarse si la enfermedad tenía alguna relación con los libros, tal cómo se puede leer en una publicación de la American Library Association, de octubre de 1895.

«La muerte de la señorita Jessie Allan es doblemente triste por la excelente reputación que le ganó su trabajo y el agradable afecto que todos los bibliotecarios que la conocieron habían llegado a sentir por ella, y porque su muerte ha dado lugar a una nueva discusión como a la posibilidad de infección por enfermedades contagiosas a través de los libros de la biblioteca».

Cómo se esparció una epidemia gracias a una bibliotecaFoto: BookBub

El gran susto de los libros

De esta teoría se desencadenó un suceso que ahora se le conoce como el “gran susto de los libros”, que aunque ya ha perdido peso en la memoria histórica, aún se recuerda como un oscuro periodo en la historia de Estados Unidos e Inglaterra, cuando se pensaba que los libros contaminados, en particular los prestados en bibliotecas, pudieran propagar enfermedades mortales

«Posiblemente exista algún peligro de esta fuente; desde que se descubrió el bacilo, se ha descubierto que el peligro acecha en lugares hasta ahora insospechados [..] Pero el mayor peligro, quizás, viene en sobrestimar esta fuente de peligro y asustar a la gente hasta ponerla nerviosa».

La preocupación por la propagación de enfermedades mediante el préstamo de libros tendría graves repercusiones en la proliferación y el crecimiento de las bibliotecas. En un momento en que el apoyo a las bibliotecas públicas estaba creciendo en todo el país, las instituciones de préstamo de libros se enfrentaron a un gran desafío debido al miedo a las enfermedades.

El día que se creyó que se esparció una epidemia gracias a una bibliotecaFoto: Chill Room

A finales del siglo XIX y principio del siglo XX, tanto en Europa como en América se dieron varias epidemias mortales. La tuberculosis, viruela y escarlatina arrasaron con la vida de miles de personas. Para una población que ya estaba nerviosa por las enfermedades mortales, la idea de que los libros contaminados de la biblioteca pasarán de mano en mano, se convirtió en una fuente de ansiedad en Estados Unidos e Inglaterra, donde incluso se hizo una modificación a la Ley de Salud Pública en 1907 en la que se hizo una referencia explícita a los peligros de propagar enfermedades a través del préstamo de libros, y a los sospechosos de tener una enfermedad infecciosa se les prohibió tomar prestados, prestar o devolver libros de la biblioteca, con multas de hasta 40 chelines por tales delitos ($ 200 dólares actualmente).

Desinfección y experimentos

Mientras que Estados Unidos, la legislación para prevenir la propagación de epidemias a través del préstamo de libros se dejó a los estados. Se utilizaron numerosos métodos para desinfectar libros, como mantener los libros en vapor de cristales de ácido carbólico calentados en un horno, esterilización mediante solución de formaldehído, o la eliminación de gérmenes con vapor. 

Epidemia librosFoto: Flip those booksExistieron varios experimentos para probar o descartar esas teorías; se expuso a conejillos de indias a páginas de libros contaminados, también se les dio leche a un grupo de monos, en una bandeja de libros. Las conclusiones eran las mismas: por muy pequeño que sea el riesgo de infección de un libro, no se podía descartar por completo.

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Quema de libros

El clímax del “gran sustos de los libros” se dio en el año de 1900, cuando en Scranton, Pensilvania, se dio la orden definitiva de parar la distribución de libros para evitar la propagación de la escarlatina. El uso de productos químicos para esterilizar libros se hizo más común, hasta que se optó por la incineración de todos aquellos libros que fueran sospechosos.

Tuberculosis librosFoto: Needpi

Fin de la cacería de libros y bibliotecas

Una década después los bibliotecarios no habían mostrado tasas de enfermedad más altas en comparación con otras ocupaciones. La gente comenzó a cuestionarse si la infección a través de los libros era una amenaza seria, o simplemente una idea que se había difundido a través del temor público. Los libros que antes se pensaba que estaban infectados se volvieron a prestar sin más problemas. En Gran Bretaña, experimento tras experimento de médicos y profesores de higiene, concluyeron que no había casi ninguna posibilidad de contraer una enfermedad de un libro

Poco a poco el pánico cesó y la era de terror terminó, trayendo una merecida reconciliación entre los libros y sus queridos lectores, los asiduos asistentes de las bibliotecas. 

En portada: Infomedula

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