Dolores Olmedo: una mecenas mexicana

Dolores Olmedo: una mecenas mexicana

Por: Museo Palacio de Bellas Artes -

Descubre la historia de Dolores Olmedo y Diego Rivera, la amistad que inspiró a la coleccionista de arte para inaugurar el museo que lleva su nombre.


La cultura en México ha sido el producto de grandes esfuerzos públicos y privados. En el patrocinio y preservación de nuestros artistas ha habido personajes determinantes sin cuya presencia mucho se hubiera perdido. Dentro de estas personalidades, alguien que ocupó un lugar primordial en el siglo XX fue Dolores Olmedo, cuyo talento y sensibilidad le permitieron comprender, antes que a muchos, el valor de la obra de dos iconos fundamentales del México de hoy: Diego Rivera y Frida Kahlo. 

Más allá de su relación personal con Rivera, Dolores Olmedo se caracterizó por una enorme generosidad y por una constancia ejemplar en la tarea de preservar la obra de su amigo artista. La historia de Dolores Olmedo y Diego Rivera es un testimonio de determinación, carácter y visión de futuro. Con perspectiva nacionalista, Dolores vio en México una gran veta de cultura y arte que la llevó a poner su vida al servicio de estos y a convertirse en una de las grandes mecenas del siglo XX. Ella explicaba su afán por coleccionar con dos razones esenciales: una, el amor a la belleza; la otra, la absoluta convicción de rescatar la obra de Rivera, a quien admiró y respetó profundamente.

Descubre también: La importancia de promover el arte en México

Dolores Olmedo: una mecenas mexicana 1

Mucho tiempo después, tras inaugurar su museo, Dolores Olmedo solía decir: (…) “la decisión de crear un museo no sería posible sin la educación cercana y el contacto directo con el arte. En ese sentido viviré eternamente en deuda con mi madre, la profesora María Patiño Suárez viuda de Olmedo, quien supo siempre enriquecer mi espíritu, además de enseñarme a compartir esa riqueza. Ella repetía como una oración constante: Si tienes algo, tienes la obligación de compartirlo con tus semejantes. Y esa lección nunca la he olvidado ni la olvidaré”. 

María de los Dolores Olmedo y Patiño Suárez nació en Tacubaya, Ciudad de México, el 14 de diciembre de 1908, en vísperas de la Revolución Mexicana. En 1914, con tan sólo seis años de edad, Lola perdió a su padre. Seguramente esta fue una dolorosa experiencia que moldeó, desde pequeña, su habilidad para recuperarse y perseverar. Por otro lado, su madre, María Patiño Suárez, fue una de las primeras cinco maestras egresadas de la Escuela Normal para Señoritas y fue también fundadora de una de las primeras escuelas primarias al aire libre -El Pípila- cuando el papel de la mujer se relegaba al hogar. 

En su juventud, Lola estudió leyes, aunque terminó cursando una carrera artística en la Academia de San Carlos. Sin embargo, el encuentro que determinó su acercamiento con el arte y, de alguna manera, marcó su destino, fue conocer a Diego Rivera en la Secretaría de Educación Pública. Olmedo solía recordar que el día que conoció a Rivera, ella acompañaba a su madre, quien tenía que realizar un trámite escolar, a la Secretaría de Educación Pública, donde Diego pintaba sus murales. 

Al maestro Rivera le llamó mucho la atención Lola -como ella aseguraba- “seguramente por mis largas trenzas, mis ojos de china o algo así por el estilo, porque inmediatamente le pidió a mi madre que me dejara posar para él”. Su madre, que era amiga de artistas y mujer culta, no se negó. Rivera tomó algunos apuntes de Dolores y, más tarde, realizó 26 ó 27 dibujos al desnudo de Olmedo, según lo recordaba ella. Uno de ellos lo seleccionó Rivera para obsequiárselo a su joven modelo y otros más los aplicó en una de las escaleras de la Secretaría de Educación Pública.

Dolores Olmedo: una mecenas mexicana 2MxCityEste breve, pero significativo encuentro, marcaría para siempre la vida de Dolores Olmedo, quien sabía de la importancia de Rivera dentro del mundo de la cultura y la historia del arte. Vale la pena recordar que, desde joven, Dolores convivió con intelectuales de esa época: poetas del grupo de los Contemporáneos -Salvador Novo y Xavier Villaurrutia-, escritores como Jaime Torres Bodet; filósofos entre los que se encontraban José Vasconcelos y Antonio Caso; músicos como Julián Carrillo, Luis Sandi, Manuel M. Ponce y Carlos Chávez -quien fuera alumno de su madre y más tarde su maestro-, políticos como Narciso Bassols y los pintores Joaquín Clausell, Alfredo Ramos Martínez y Germán Gedovius.

Con un don nato para los negocios, Dolores llegó a incursionar en la industria de la construcción  al adquirir, de uno en uno, 40 pequeños hornos de ladrillos en la zona de Naucalpan. Su principal competencia era Heriberto Pagelson, quien tenía, en esa misma zona, una industria donde se fabricaban bloques ligeros, material muy común en las construcciones de aquellos años. Con el tiempo y un sentido del humor extraordinario, la rivalidad entre ellos se convirtió en una verdadera amistad que los llevó a asociarse y fundar una empresa que llevaba por nombre Industria Cerámica Armada. 

Este negocio no sólo se trasformaría en una gran empresa, sino que además ocuparía un lugar de relevancia en la industria de la construcción. En sus inicios, bajo la dirección de Olmedo y Pagelson, la empresa vendía material a las principales constructoras del país. El esfuerzo redundaría en la constitución de una nueva empresa: Compañía Inmobiliaria y Constructora, S.A. (CICSA) que se convirtió en una de las principales compañías contratistas al servicio del Gobierno Federal.

Checa también: 6 sitios que debes conocer en la Ciudad de México para entender la vida de Frida Kahlo

Años más tarde, hacia 1954 y tras la muerte de Frida Kahlo, Dolores Olmedo vuelve a encontrarse con Diego Rivera. Junto con un grupo de amigos viajan a Janitzio para participar en las ceremonias del Día de Muertos que se llevaban a cabo en el lugar. Este hecho les permitió retomar la vieja amistad que había surgido más de veinte años atrás y que perduraría hasta la muerte del pintor. En 1955 y bajo la tutela de Diego Rivera, Lola comenzó a comprar obra del muralista: Retrato de Lola Olmedo (La tehuana), Retrato de Irene Phillips y una serie de dibujos.

Dolores Olmedo: una mecenas mexicana 3

Lola también contaba con tres obras con escenas del viaje a Janitzio, un obsequio de Diego. En 1956 el propio Rivera le entregó una lista de 10 cuadros, entre los que señaló a El matemático como una de sus mejores obras. Dolores Olmedo compró 7 de las 10 piezas. En 1956, visitó en París a un coleccionista que había heredado 21 obras de la propiedad de Enrique Friedman, amigo de Diego cuando éste estuvo en Europa, sin embargo no logró convencerlo para que le vendiera la colección. Fue hasta 1959, cuando salieron en subasta en la Park Bernet Gallery de Nueva York, que Dolores logró adquirir 12 cuadros del periodo español y cubista de Diego Rivera.

A la par, Lola Olmedo fue creando una colección de piezas de arte precolombino, orientada también por el propio artista. En 1955, Lola compró obras de Frida Kahlo, entre las que destacaban La columna rota, Hospital Henry Ford, Autorretrato con changuito, Unos cuantos piquetitos y Mi nana y yo.

Puede interesarte: Con el poder de un dedo, así de fácil es tener la obra de Frida Kahlo en tus manos

Tal fue la amistad entre el maestro Rivera y Dolores Olmedo que su relación sobrevivió las actividades de cada uno, los matrimonios o divorcios de ambos y las épocas de mutuo enfriamiento. Al final de sus días Diego muy enfermo de cáncer- pasó grandes temporadas en compañía de Dolores. Ella misma explicaba que le ofreció estancia a Diego en su casa de Acapulco -La Pinzona-, para que el artista pudiera trabajar sin preocupaciones. Fue ahí donde el muralista pintó el Quetzalcóatl en mosaico con concha, el Tláloc enorme y un sapo grande entregando su corazón a su amiga incondicional. Durante los últimos años de vida del maestro, Dolores estuvo continuamente con él.

A la muerte de Diego, en 1957, Lola había adquirido 50 obras de Rivera. Como establecen los críticos, la historia de Dolores Olmedo y Diego Rivera, y esta confianza ciega en el pintor, no fue producto de una visión de coleccionista experimentada, sino de la lealtad de una amiga que tomó el gran riesgo de apostarle a un artista mexicano.

Dolores Olmedo: una mecenas mexicana 4

La amistad entre Olmedo y Rivera se tradujo en un pacto de confianza, de tal manera que, antes de morir, Diego pidió a Dolores que se hiciera cargo de los museos Frida Kahlo y Diego Rivera-Anahuacalli. Además de su labor como coleccionista, Dolores cumplió la promesa que le hiciera a Diego de mantener abiertos estos museos, los que se mantuvieron funcionando por más de 50 años con la supervisión de Lola y no pocas veces con sus propios recursos.

Durante esos años, mantuvo sus afanes de coleccionista y nada la detuvo para seguir comprando obra pictórica, lotes de piezas prehispánicas, estofados novohispanos y arte popular. En 1972, Lola había coleccionado 800 piezas arqueológicas mesoamericanas. Olmedo también ocupó posiciones políticas y culturales y, desde ellas, pudo realizar exhibiciones de arte mexicano dentro y fuera del paÌs. De igual manera y con entusiasmo, apoyó la Ley de Patrimonio Arqueológico. Mediante esta disposición, se permitió a los coleccionistas privados conservar su acervo, siempre y cuando estuviera registrado en el INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia). 

Su talento para los negocios, su buen ojo como coleccionista y su determinación por acrecentar el patrimonio cultural de México la llevaron a conseguir una meta admirable que benefició al pueblo mexicano: la construcción del Museo Dolores Olmedo. Ya en 1962, Dolores había adquirido el casco de la Hacienda de la Noria, en Xochimilco, edificación que databa del siglo XVI. Este inmueble había tenido varios usos a lo largo de la historia: primero fungió como propiedad agrícola y, luego, como campamento de las tropas zapatistas durante la Revolución mexicana. Olmedo restauró la hacienda para hacerla su casa y más tarde legarla como museo al pueblo de México, tal como lo hiciera su amigo Diego Rivera con los museos Anahuacalli y Frida Kahlo.

Así, el 17 de septiembre de 1994, Lola abre su casa como Museo Dolores Olmedo. En Él expone toda su colección pictórica, prehispánica y popular, y además continua la tradición -que ya había iniciado en los museos Anahuacalli y Frida Kahlo- de colocar una hermosa ofrenda de muertos. Hoy el Museo Dolores Olmedo es considerado sitio indispensable para entender la obra no sólo de Diego, sino de Frida y Angelina Beloff, compañera de Diego en los años en los que ambos artistas vivieron en París. La colección sobre Beloff -con más de 40 dibujos, acuarelas y un óleo- llegó a manos de Lola tan sólo dos días antes de que abriera su museo. En la actualidad, esta institución es un centro cultural y artístico de primer nivel internacional.

Dolores Olmedo: una mecenas mexicana 5DondeIrEn el museo se exponen 150 obras de Diego Rivera -famoso en el mundo entero por su obra mural, pero representado en el Museo Dolores Olmedo por su obra de caballete-, 26 cuadros de Frida Kahlo, más de 900 piezas arqueológicas de diversas culturas mexicanas, muebles coloniales y una asombrosa colección de arte popular de diversos estados de la República. Además se exhiben objetos que formaban parte de la decoración de la casa cuando Lola la habitaba -marfiles, porcelanas y pinturas. Asimismo, con la finalidad de que el público conozca aspectos de la vida y la obra de Olmedo, se presentan fotografías, dibujos, retratos, caricaturas y documentos que permiten apreciar la trayectoria de esta decidida mujer dentro de la vida del México del siglo XX.

La gente de Xochimilco reconoce su labor, tras haber contribuido a la realización de obras públicas en la localidad, haber donado varios terrenos para escuelas públicas y haber llevado a cabo la construcción de otras, por lo que todavía hoy la recuerdan con cariño. No extraña que, mientras vivió, Lola haya declarado múltiples veces, sin pudor alguno: “He tenido cuanto he querido”. 

Dolores Olmedo murió el sábado 27 de julio de 2002, a la edad de 93 años. Dejó el legado de una promotora de la cultura en toda la extensión de la palabra. Consiguió todo lo que un mecenas aspira a lograr: ayudar al arte a trascender y, al mismo tiempo, trascender él mismo; ayudar a perpetuar la obra de un artista y perpetuarse junto con él. Dolores Olmedo tuvo todo lo que quiso y en el camino benefició a México como pocos lo han hecho.

Ahora que conoces la historia de Dolores Olmedo y Diego Rivera, también te puede interesar:
El reto de los 12 museos que debes visitar en 2019 en México
6 sitios que debes conocer en la Ciudad de México
El Museo de Antropología y los otros 24 mejores museos del mundo según los viajeros

Referencias: