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HISTORIA

El Chernobyl Mexicano: El mayor desastre nuclear en la historia de América

El accidente por Cobalto-60 de Ciudad Juárez es la historia de cómo un error humano terminó contaminando casi una nación entera.

‘Chernobyl’ de HBO nos dio un vistazo a las consecuencias devastadoras que puede tener una reacción nuclear. No solo eso: incluso hoy, el accidente de Chernobyl es considerado uno de los peores desastres nucleares en la historia por el número de víctimas que tuvo, además de la forma en que las autoridades lidiaron con ello en su momento. Por si no fuera suficiente, debemos decir que ese fue el accidente que volvió al mundo consciente de los riesgos de la radiactividad y las reacciones nucleares. Puede que Chernobyl (o Chernóbil) haya pasado a la historia como el peor incidente nuclear, pero en realidad no fue el único ni el peor. Todo depende la manera en que se midan esos terribles eventos.

Unos años antes de Chernobyl, la ignorancia, la corrupción y una total falta de sentido común llevaron a uno de los mayores accidentes de radiactividad de todos los tiempos y, definitivamente, el peor en el continente americano. Conocido como el accidente de Cobalto-60 de Ciudad Juárez, un pequeño y estúpido error humano terminó contaminando casi a un país entero, y exponiendo a cientos de personas a los peligros de la radiactividad.

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La detonación

Todo ocurrió durante la noche del 6 de diciembre de 1983, cuando a Vicente Sotelo y Ricardo Hernández, dos trabajadores de mantenimiento del Centro Médico de Especialidades de Ciudad Juárez, se les permitió tomar y vender cualquier cosa que encontraran en las bodegas del hospital. Entre montones de desechos almacenados, vieron una máquina que podría darles una buena cantidad de dinero si la vendían en partes. Esta máquina de radioterapia se había adquirido de forma ilegal de una companía de Texas. Ese modelo en particular había sido retirado de circulación porque tenía defectos de fábrica.

Para no hacer el cuento largo, Vicente y Ricardo decidieron desarmar la máquina con algunas herramientas y la experiencia que tenían. La golpearon con un martillo. Cuando llegaron a la cabeza del motor, les dio curiosidad averiguar qué había dentro de la gigantesca caja de casi 100 kilos. Lo que no sabían era que, al romper la caja, liberaron 6,100 cápsulas de Cobalto-60, un isótopo sintético y radiactivo con la fuerza de 1,003 curios. Para ponerlo en perspectiva, la exposición durante un tiempo considerable a un solo curio podría freír algunos órganos en una persona.

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La radiactividad comienza a extenderse

Después de satisfacer su curiosidad, los dos hombres cargaron la camioneta pick-up de la compañía, incluyendo, claro, las piezas de la máquina, y lo llevaron todo a un centro de reciclaje. En el camino, la cabeza del motor de la máquina siguió repartiendo las cápsulas de Cobalto-60. La parte trasera de la camioneta también estaba llena de esas pequeñas piezas radiactivas. Los dos hombres estaban felices de venderlo todo a bajo costo y decidieron terminar el día.

Para este punto, los dos hombres no solo habían estado expuestos a estos materiales altamente radiactivos, sino que también habían tirado las piezas por la calle de camino al basurero, con lo que básicamente dejaron a su paso una bomba de Cobalto-60. Vicente estacionó la camioneta cerca de su casa, solo para descubrir que le habían robado la batería. La camioneta, ahora radiactiva, se había quedado estacionada cerca de tres meses en un vecindario altamente poblado cerca del Río Grande.

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El tiradero Yonke Fénix

Mientras tanto, en el tiradero, la cabeza del motor de la máquina y todas sus piezas fueron a una pila que era manipulada constantemente por grúas. El campo magnético de las grúas captó la radiactividad de las cápsulas y de la cabeza del motor, contaminando todo el metal que tocaban. Por si fuera poco, este basurero tenía un acuerdo con varias empresas fundidoras que podían tomar el metal sobrante y derretirlo para fabricar materiales de construcción e incluso mesas. Como te podrás imaginar, todo ese metal radiactivo fue directamente a las fábricas. Se estima que 20 mil toneladas de metal radiactivo fueron procesadas y transportadas por todo el país y algunas incluso se exportaron a Estados Unidos.

¿Cómo lo detectaron?

Todo esto pasó una semana después antes de que Vicente y Ricardo detonaran la bomba de Cobalto-60 y, durante el mes siguiente, los materiales radiactivos se llevarían a todo el país sin que nadie supiera nada. Todo se descubrió el 16 de enero de 1984, cuando uno de los camiones de transporte de las compañías fundidoras llevaba materiales en Nuevo México. En un tiro de suerte, el chofer se perdió y, en un intento por volver a su ruta, pasó cerca del Los Alamos National Security Lab, el laboratorio donde el Manhattan Project (bombas atómicas) se desarrollaba.

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El laboratorio tenía sensores de radiactividad que podrían alertar a las autoridades, de manera que ningún material radiactivo dejara el laboratorio sin autorización ni un manejo adecuado. Cuando el camión pasó por ahí, los sensores inmediatamente tomaron fotografías de las cercas, alertando a las autoridades de una posible explosión nuclear. Después de una extensa investigación, el equipo logró encontrar al chofer en un motel con el camión estacionado afuera. Cuando salió a la mañana siguiente, el hombre encontró todo un equipo con trajes especiales que analizaba su camión.

Las autoridades intervienen

Se descubrió que el camión irradiaba alrededor de 1,000 rems. Pongamos esto en perspectiva: las máquinas de rayos X irradian 0.2 rems; un técnico de rayos X puede estar expuesto solamente a 50 rems en un año; y la exposición de 300 a 400 rems puede ser fatal en el 50% de los casos. Este camión irradiaba mil y lo había hecho durante meses.

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Después de un interrogatorio, las autoridades del laboratorio decidieron contactar al CNSNS, la agencia gubernamental encargada de la seguridad nuclear. En conjunto encontraron el origen del problema y determinaron que tenían dos misiones principales: encontrar la camioneta pick-up y recuperar los metales contaminados que se habían esparcido en México y la frontera con Estados Unidos. El gobierno de Estados Unidos hizo su parte (por su propio beneficio), recuperando y enviando de regreso a México 90% de las 1,000 toneladas de materiales contaminados. A México no le fue tan bien.

Un proceso corrupto y lleno de irregularidades

Una vez que encontraron la pick-up, decidieron sacarla del vecindario en el que había permanecido durante las últimas semanas. Terminaron llevándolo al parque público más grande de Juárez, asegurándolo con una cerca (sí, puedo escuchar el face palm colectivo desde aquí). No solo eso: de las 19 mil toneladas restantes de material radiactivo solo se lograron recuperar 5 mil toneladas. También armaron un equipo de 180 trabajadores para limpiar las calles y remover las pequeñas cápsulas que la cabeza del motor había esparcido por la ciudad. Para lograrlo, les dieron (y no estoy bromeando) escobas normales y ningún tipo de protección.

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Podríamos adentrarnos en cada detalle de la forma tan estúpida en la que se manejó la situación, pero nos quedaríamos aquí por siempre. Podemos decir, simplemente, que la mayor parte del material ya se había utilizado en construcciones de todo el país, sin mencionar que muchas de las áreas radiactivas de Juárez se poblaron eventualmente, sin que importara que, incluso ahora, los niveles de radiación siguen siendo peligrosos.

Consecuencias en la salud

La exposición al Cobalto-60 puede tener distintas consecuencias en las personas. A corto plazo puede causar quemaduras, vómito, diarrea, como en el caso de Vicente, a quien después se le apodó “el hombre biónico” porque no le pasó nada grave. A mediano plazo, la exposición puede causar un bajo conteo de glóbulos rojos e infertilidad temporal. La exposición a largo plazo, que ocurrió en casi todos los casos de Juárez, puede causar daño permanente a la columna vertebral, leucemia, todos los tipos de cáncer (pero principalmente de médula) y desórdenes genéticos. De hecho, en los años siguiente al accidente hubo un aumento en bebés nacidos con deformidades, hidrocefalia, infecciones de la piel, labio leporino e incluso niños nacidos muertos, sin mencionar el aumento en los pacientes de cáncer.

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Chernobyl podrá ser considerado el peor accidente nuclear de la historia debido al daño que causó, pero el accidente de Cobalto-60 en Ciudad Juárez es mucho mayor, precisamente porque es imposible saber y determinar el número de víctimas, su verdadero alcance y cómo sigue afectando. Definitivamente el peor incidente nuclear de la historia del continente americano y probablemente el peor manejado de la historia.

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Etiquetas:chernobyl
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