Historia

El convento en el que las torturas y flagelaciones eran la penitencia para alcanzar el cielo

Historia El convento en el que las torturas y flagelaciones eran la penitencia para alcanzar el cielo



¿Recuerdas el vómito, la asquerosa sensación de su voz insultando al sacerdote?, ¿recuerdas los agónicos gritos del demonio?, ¿recuerdas el cuerpo levitando de la niña poseída más aterradora en la historia del séptimo arte? ¿Recuerdas a Regan MacNeil? Sí, la expresión en tus ojos delata la estupefacción que experimentaste al mirar la película escrita por William Peter Blatty por primera vez.

El guionista norteamericano comenzó a escribir la cinta “El exorcista” (1972) a partir de 1950. En ella incluyó los conocimientos que obtuvo sobre el caso, después de incontables horas de investigación y la lectura del hecho real que inspiró la película. De hecho, los sacerdotes jesuitas que protagonizaron el film fueron su idea porque él los admiraba demasiado.

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La calidad y el trato de la temática en la cinta la convirtió de inmediato en uno de los filmes de culto más celebrados en la historia del cine. Incluso obtuvo un Óscar en la categoría de mejor guión adaptado. No obstante, el vínculo entre la religión y el enigma (retratado en la cinta) no siempre tiene un final feliz. A veces, los conflictos provienen de donde menos podrías imaginarlo y la realidad supera la crudeza de cualquier ficción. Lo que pasó en Argentina es un ejemplo de ello.


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Todas las construcciones y los edificios tienen una historia que contar. La narración del convento de Nogoyá, al este de Argentina, está hecho de flagelaciones, azotes y coronas de espinas. Todo un arsenal de tortura que no estaría completo de no ser por los gritos de las monjas, masacradas hasta el más sepulcral silencio.

Fundado en 1988, el convento de Nogoyá jamás brindó el aspecto escalofriante que suele acompañar a los edificios en las cintas de horror. Sus muros de ladrillo rojo nunca revelaron las infames atrocidades que sucedían en su interior. Fueron las monjas quienes, aterrorizadas por el suplicio de las torturas y la degradación, describieron lo que ocurría pese a la negación de las autoridades clericales.

Todo comenzó el 25 de agosto del 2016. Después de varios rumores que asolaban a la comunidad, finalmente la Fiscalía realizó una investigación al interior del inmueble y encontró objetos de tortura: látigos, fustas y cilicios. Además, se encargó de recabar los testimonios suficientes que arrojaran mayor claridad a lo que parecía ser un guión cinematográfico con un alto grado de horror y violencia para cualquier espectador.

De no ser por los testimonios de aquellas monjas que lograron escapar, quizá no se conocería la historia de uno de los sitios más terroríficos del momento. Un lugar en el que las mujeres religiosas sufrían horrendos castigos físicos para eximir a su alma de todos los pecados cometidos. Para más de una, tan sólo se trató de una dolorosa mentira. 

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"Se apagaba la luz, había que cerrar los ojos y nos teníamos que pegar cada una en las nalgas con el látigo", relató una de las exmonjas carmelitas que logró escapar del recinto en abril del año pasado. No obstante, no fue la única declaración al respecto. Otras como ella se armaron de valor y dijeron que, incluso antes de comer, eran violentadas a diario por lo superiores del convento.

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"Teníamos que levantarnos el hábito y bajarnos la ropa interior. Nos azotábamos en medio del rezo del salmo que era dirigido por la Madre Superiora. Yo pensaba que me iba a volver loca. Por eso hice mi plan de fuga. Lloraba horas y horas porque el ambiente era de crueldad y sufrimiento continuo...."

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De acuerdo con las últimas declaraciones de las autoridades a cargo de las investigaciones, explicó que el convento ya era investigado por los posibles delitos de privación de la libertad agravada (esclavitud), además de diferentes acusaciones sobre abusos físicos propinados con violencia. Uno de los más representativos según el fiscal del caso, Federico Uriburu, consistía en obligar a las monjas a utilizar una corona de alambre de púas en los muslos, hasta tres veces por semana. Para mala fortuna de las monjas, tanto la curía local como las propias carmelitas han negado que en el convento se llevan a cabo cualquier tipo de torturas. 

Mientras tanto, el arzobispo de la región, Juan Alberto Puiggari, negó que las prácticas en el convento de carmelitas de Nogoyá puedan calificarse como torturas.

"Las carmelitas mantienen tradiciones que son corporales, no son torturas, no son obligatorias. Libremente, los que quieran pueden usar el cilicio. Ellas entran ahí, tienen una vida de clausura, sólo salen por una cuestión médica, por un motivo grave y se dedican fundamentalmente a la oración, la penitencia y el trabajo porque viven de eso", señaló la autoridad religiosa en una conferencia de prensa a los medios del país sudamericano.

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Uno de los mayores problemas a los que se han enfrentado las autoridades durante la investigación de los hechos, así como los medios de comunicación, es el voto de silencio en el que las carmelitas se escudan para eludir el tema. No obstante, el periodista argentino Daniel Enz explicó durante una entrevista que a partir del caso del convento de Nogoyá, la opinión pública comenzó una discusión en torno a las prácticas de autoflagelación realizadas como una forma de penitencia en distintos puntos religiosos. De cualquier forma, la cuestión danza en el aire y las declaraciones dan fe de una historia de terror, todo con tal de llegar al cielo.

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Las historias de abuso, horror y violencia suceden en cualquier lugar. Nadie está a salvo de experimentar un dolor indescriptible cuando menos se espera. Si después de conocer la historia de las monjas que se flagelaban como una forma de penitencia, quizá te interese conocer los secretos de algunos juguetes que no son lo que aparentan.
Conócelos.


Referencia:

BBC Mundo







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