El coyote que salvó a una familia y otras leyendas de nahuales

El coyote que salvó a una familia y otras leyendas de nahuales

Por: Abril Palomino -

Los nahuales protagonizan los relatos más místicos de la tradición oral mexicana. Son seres humanos enigmáticos con la capacidad de mutar en animales a su antojo, generalmente en mamíferos cuadrúpedos. Aquí encontrarás una breve recopilación de relatos acerca de estos seres.


Nahual viene de la palabra nahualli, que significa ‘lo que es mi vestidura o piel’ completamente relacionada con la identidad mutable. Los nahuales eran personas que se convertían en animales ya sea para cumplir funciones de protección o de intimidación.
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Los nahuales en la carretera

Actualmente hay quienes aseguran los han visto cuando en sus trayectos nocturnos por la carretera; algunos conductores notan una figura de un perro corriendo velozmente a un lado de su automóvil y al rebasarlos, por el retrovisor solo ven una silueta humana. Otra anécdota recurrente es, ante una distracción o peligroso cabeceo al volante, se despierta el chofer alarmado por el sonido de un golpe, piensa que quizás atropello algún perro por su descuido, antes de parar mira el retrovisor y con horror ve a un perro con cara humana, el terror lo invade y en lugar de frenar acelera para perderse de esa impactante imagen.

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Un nahual en la familia

Pitita, una dulce mujer, estaba enamorada de Fausto que tenía reputación de mujeriego. Pese a la fama bien fundamentada de Fausto, el amor que sentía por Pitita era auténtico y lejano a cualquier bajeza, incluso, se rumoraba, iba a pedirle matrimonio. La muchacha era conocida en el pueblo por ser una mujer muy cariñosa con su familia, de belleza inigualable y carácter muy sencillo que confundía su gentileza y amabilidad con ingenuidad, la gente no pronosticaba con un buen final la relación con Fausto, quien había tenido experiencias de infidelidad con varias mujeres, era cuestión de tiempo para que la historia se repitiera con Pitita. 

También se sabía que el hermano de Pitita había huido del pueblo hace muchos años y para juntarse con algunos chamanes y estudiar sus conocimientos místicos y religiosos. Su familia lo extrañaba y en el pueblo lo tachaban de loco y brujo. Existieron muchos rumores acerca de este hombre, muchos se usaban para asustar a los niños o como ejemplo de porque nadie debía salir del pueblo.

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La noche que Fausto fue a pedir la mano de Pitita todo resulto de maravilla, sus próximos suegros lo recibieron con alegría. Cenaron molotes y champurrado preparados por la matriarca del hogar, la señora Ocotlán. Fausto sabía que esa noche determinaba un parteaguas en su vida para nunca volver a lastimar el corazón de una mujer. 

Al dar la vuelta de la calle de sus suegros, Fausto fue ultrajado por una figura nocturna, un animal tan negro que se confundía con las sombras de las paredes; del techo le había brincado al pecho un perro o un coyote ¿un nahual? Incrédulo Fausto se paró disimulando el miedo que lo invadía. El animal por el contrario con toda calma se acomodo en una esquina con las patas traseras sobre el suelo y las delanteras erguidas, como se sientan los perros, y una voz provino de ese rincón donde se encontraba el animal «Si me entero de que alguna vez si quiera se te atraviesa por la cabeza alguna idea que merezca una lágrima de mi hermana, te encontrare y te llevare al inframundo. Que no te quepa duda, te estaré vigilando hasta el último de tus días» susurro una voz grave y aterciopelada. Fausto no lo podía creer, intentando esconder su asombro y completamente enmudecido sólo vio cómo el animal se incorporaba mientras se convertía en un gato y huía por los techos de las casas. Guardo este secreto hasta la muerte de su esposa con quien vivió un feliz matrimonio sin ningún altercado.

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El astrónomo y los nahuales

Un astrónomo emprendió en solitario un viaje a un bosque cercano a la ciudad de Tulancingo, Hidalgo, necesitaba alejarse de las luces, humo y ruido de la metrópoli para poder precisar sus mapas de constelaciones. No era la primera vez que hacía este tipo de diligencias, disfrutaba más estos viajes solo que acompañado. Acostumbrado a la oscuridad y silencio el hombre nunca había vivido ninguna situación de peligro, conocía bien los caminos y a sus habitantes cercanos quienes ocasionalmente le advertían sobre ladrones o plagas para que tomara precauciones.  

Antes de instalar su campamento, el astrónomo siempre pasaba a un mercado cercano para surtirse para la cena. en esta ocasión tuvo la oportunidad de encontrar una hermosa muchacha que vendía piezas de pan con la que intercambio pícaras miradas.

El coyote que salvó a una familia y otras leyendas de nahuales 4Por la noche, en su pequeño campamento el astrónomo se disponía a guardar su equipo antes de dormir, cuando escuchó el ladrido de un coyote, al cual logró identificar entre los matorrales. El astrónomo optó por inmovilizarse recordando que algunos animales se estimulan a través de los movimientos rápidos. 

Mientras pensaba cuál sería su destino y cómo podría librarse de cualquier catástrofe, otro coyote salió a espaldas del hombre, con un caminar cadencioso, propio de una hembra. Ésta, con la cabeza le regalo una caricia en el cuello al coyote que acechaba. El coyote que antes amenazaba se sintió extrañado y dio la media vuelta para continuar su camino en compañía de la hembra. El astrónomo bastante sorprendido por no haber notado la presencia del coyote que se encontraba tras de su tienda los siguió con la mirada y antes de que se alejaran la hembra giró su cabeza y el astrónomo pudo reconocer aquella dulce mirada que le había proporcionado la simpática vendedora de pan en el mercado

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En portada: Rufino Tamayo, Coyote, 1950 / Foto: Museo Tamayo

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