El pensamiento de Nietzsche aplicado a la experiencia estética en el siglo XX
Historia

El pensamiento de Nietzsche aplicado a la experiencia estética en el siglo XX

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Por: Patricio Alvarez Aragon

25 de agosto, 2014

Historia El pensamiento de Nietzsche aplicado a la experiencia estética en el siglo XX
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Por: Patricio Alvarez Aragon

25 de agosto, 2014

Sobre el pensamiento de Friedrich Nietzsche aplicado a la experiencia estética en el siglo XX: el optimismo existencial dionisiaco y el consuelo onírico de lo apolíneo.

…Bajo la magia de lo dionisiaco no sólo se renueva la alianza entre los seres humanos: también la naturaleza enajenada, hostil o subyugada celebra su fiesta de reconciliación con su hijo perdido, el hombre. De manera espontánea ofrece la tierra sus dones, y pacíficamente se acercan los animales rapaces de las rocas y del desierto. De flores y guirnaldas está recubierto el carro de Dionisio: bajo su yugo avanzan la pantera y el tigre. Transfórmese el himno A la alegría de Beethoven en una pintura y no se quede nadie rezagado con la imaginación cuando los millones se postran estremecidos en el polvo: así será posible aproximarse a lo dionisíaco. Ahora el esclavo es hombre libre, ahora quedan rotas todas las rígidas, hostiles delimitaciones que la necesidad, la arbitrariedad o la “moda insolente” han establecido entre los hombres. Ahora, en el evangelio de la armonía universal, cada uno se siente no sólo reunido, reconciliado, fundido con su prójimo, sino uno con él… Ha desaprendido a andar y a hablar y está en camino de echar a volar por los aires bailando. Por sus gestos habla la transformación mágica… El ser humano no es ya un artista, se ha convertido en una obra de arte: para suprema satisfacción deleitable del Uno primordial [1], la potencia artística de la naturaleza entera se revela aquí bajo los estremecimientos de la embriaguez. El barro más noble, el mármol más precioso son aquí amasados y tallados, el ser humano, y a los golpes de cincel del artista dionisíaco de los mundos resuena la llamada de los misterios eleusinos: ¿Os postráis, millones? ¿Presientes tú al creador, oh mundo?.

Fragmento de El nacimiento de la tragedia, p. 1872. [2]

El pensamiento estético del filólogo y filósofo alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900), aunque sea fruto de una totalidad surgida de contradicciones, desde su primera obra de 1872, El nacimiento de la tragedia, hasta su ensayo autobiográfico, Ecce Homo, de 1886 [3] sienta sus bases a través de los conceptos antagónicos de lo apolíneoy lo dionisiaco, fielmente apoyados en la teoría metafísica ontológica de su maestro el filósofo Arthur Shopenhauer (1788-1860) y los conceptos de voluntad de vivir y pesimismo. Asimismo también recibirá una gran influencia de su amigo, el entonces compositor alemán Richard Wagner (1813-1883) al que dedicará su primera obra y que a su parecer representará la encarnación periódica del ditirambo dionisiaco.

el pensamiento de Nietzsche* Retrato 1882

La raíz del pensamiento estético nietzscheano parte de la hipótesis de que el mundo moderno no es aquel que ha interpretado al mundo helenístico, sino al contrario. La Grecia que él plantea no es la del bello ideal Winckelmann y de los historiadores neoclásicos del siglo XVIII (a los cuales critica de inmensa irracionalidad al haber legado un mal saber) sino una visión pesimista del mundo helénico postsocrático que ya poseía el germen de su propia decadencia, cuando separó lo espiritual y lo cultural (lo dionisiaco) de lo político (lo apolíneo), confinando y sustrayendo a estas dos primeras facultades su verdadera noción como objetos de progreso histórico. Así es como Nietzsche advierte de un grave problema cultural (origen del diverso abanico de las ideologías) en el mundo moderno que ha interpretado mal a los verdaderos griegos, los del mundo presocrático, de los cultos mistéricos, volcados en la apariencia de su propio ser, su fortaleza vital, destreza dialéctica, profunda reflexión ascética y voluntad de vivir… El espanto y el horror hacia la existencia de los pensadores postsocráticos han sido la palanca de arranque del consuelo apolíneo de lo onírico (ya que aquí fue donde según el filósofo romano Lucrecio, por primera vez se presentaron las figuras de los dioses) de donde nació la bella apariencia y la visión de los objetos del mundo como la apariencia de la apariencia del mundo profético de Apolo, dios de las artes figurativas, del mundo de la fantasía y dominador de la bella apariencia. Apolo así aparece como la cosa en sí, el noúmeno kantiano, es la voluntad en sí, el Uno primordial.

nietszche y wagner* La idea estética sobre lo dionisiaco no hubiera sido posible sin la influencia del ditirambo dionisiaco de la gran amistad que mantuvo Nietzsche con Richard Wagner en 1868.

En esta breve cita, Nietzsche revaloriza lo cultural, lo dionisiaco presocrático, proclamando su poder como facultad catalizadora y restauradora de la comunión entre los hombres y su naturaleza, aquí es donde el concepto embriaguez deviene en el concepto primordial de la ruptura con el sueño apolíneo de la bella apariencia, siendo el instrumento que abrirá los ojos al propio ser y su apariencia que desembocará en un pleno éxtasis optimista gracias al rescate de su propia voluntad de vivir primordial. [4]. Más adelante, habla del himno A la alegría de Beethoven, aquí ineludiblemente habla de su wagnerianismo, para él reencarnación periódica de los afectos dionisiacos, [5] puerta a la libertad de la esclavitud apolíneaAhora el esclavo es hombre libre, dice Nietzsche; como Prometeo, el hombre desafía a los dioses de su psique y deja de ser un artista figurativo, un artista apolíneo, para convertirse en artista dionisiaco, donde el mismo hombre se ha convertido en obra de arte. El barro más noble, el mármol más precioso es aquí amansado por el propio ser humano, este hombre es aquel que prescinde del arte figurativo, en el que anteriormente hallaba el consuelo al dolor de su existencia, es el mismo quien modela su propia realidad y es testigo y aprendiz de los misterios de la vida –aquí Nietzsche vuelve a referirse a la sociedad presocrática de los cultos mistéricos, de la Grecia antigua más salvaje y real opuesta a la de la polis–. Aunque habrá que esperar hasta la publicación de Ecce Homo (1888) para que aparezca el concepto de superhombre completamente desarrollado, Nietzsche ya adelanta el germen primero de esta reflexión, en su primera obra, cuando habla del hombre que ha desaprendido a andar y hablar manifestando su pensamiento crítico hacia la sociedad moderna.

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Orden de las imágenes de izquierda a derecha.

Tarsila do Amaral (1886-1973) Urutu (1928). Antropofagía brasileña (c. 1928-1930)

Marcel Duchamp (1887-1968) Desnudo bajando escalera (1912). Códigos cubista, futurista, abstracción (c. 1890-1920)

Eugenio Granell (1912-2001) Los relámpagos cruzan una gran piedra negra (1959). Surrealismo mágico

Joan Miró (1893-1983). El carnaval del Arlequín, 1924. Surrealismo sígnico (1920)

Édouard Vuillard (1868-1940), Retrato de mi hermana y mi madre (1891). Impresionismo suizo (1870-1890)

Wifredo Lam (1902-1982) Naturaleza muerta (1938). Abstracción concreta (J.T. García, finales 1930-1940)

Referencias bibliográficas

NIETZSCHE, Friedrich. El nacimiento de la tragedia. Helenismo y pesimismo. Madrid: Alianza (biblioteca Nietzsche), 2002.

NIETZCHE, Friedrich. Estética y teoría de las artes. Madrid: Tecnos, 1999.

JIMENEZ, Marc. “Nietzsche y el espejo griego”. En: ¿Qué es la estética? España: Idea Books, 1999, pp. 183-195.

[1] El Uno primordial está relacionado con la voluntad de vivir de las teoría de A. Shopenhauer, este presupuesto no significa facultad individual ni colectiva, sino la cosa en sí misma, el noúmeno kantiano, el centro mismo de todo el mundo de donde emanan las múltiples formas fenoménicas a las que el espacio y el tiempo sirven para cada principio de individuación (de cada animal, planta, persona). Este concepto que retoma de A. Shopenhauer sirve de antítesis para lo dionisiaco, es lo apolíneo, el ideal creado por los griegos por su espanto hacia la realidad caótica e informe.

[2] NIETZSCHE, Friedrich. El nacimiento de la tragedia. Helenismo y pesimismo. Madrid: Alianza, 2002, p. 46.

[3] JIMENEZ, Marc. “Nietzsche y el espejo griego”. En: ¿Qué es la estética? España: Idea Books, 1999, pp. 183-195.

[4] Aquí F. Nietzsche se opone a la voluntad de vivir de A. Shopenhauer, proclamando su optimismo frente al pesimismo.

[5] Aquí también hace alusión al trabajo conmemorativo que R. Wagner realiza con intención de conmemorar el primer centenario del nacimiento de L. V. Beethoven hacia 1870. 


Referencias: