El personaje histórico que expulsó la religión y definió la Independencia de México

El personaje histórico que expulsó la religión y definió la Independencia de México

Por: Juan José del Rey -




José de Gálvez, la expulsión de los Jesuitas y las Rebeliones Populares de 1767


José de Gálvez es un personaje de extrema singularidad y gran importancia, a menudo olvidado en la historia de México: piedra angular para las Reformas Borbónicas y desarrollo de todo el fin de la Nueva España, incluso me atrevo a decir que es un eslabón fundamental para el despertar en la identidad americana (posteriormente mexicana) impulsada por los criollos, que resultaría en el levantamiento de Independencia liderado por Miguel Hidalgo y Costilla, el 16 de septiembre de 1810.


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José de Gálvez y las Reformas Borbónicas.


Al hablar José de Gálvez como personaje fundamental de las sublevaciones, forzosamente se tiene que hacer mención de las Reformas Borbónicas y viceversa. Este tema es basto y referirme a todos los aspectos que este asunto, conlleva toda una investigación aparte, por lo que solo haré un esbozo general y destacaré los asuntos que más tengan que ver con la tesis general.

Suponiendo que las reformas borbónicas se gestaran en nuestra contemporaneidad las llamaríamos: paquete de reformas, reformas movilizadoras, reformas de construcción o reconstrucción nacional, reformas estabilizadoras o cualquier otro nombre que se le ocurra al estado  en ese momento, independientemente de su color o ideología. Con el anterior ejemplo sólo deseo explicar cómo estas reformas precedidas de un cambio en la sucesión de la corona española no son más que un grupo enorme de leyes radicales que imponía otro jerarca.

La España de las reformas es como comúnmente se le llama a esta etapa de la historia de la Nueva España de 1764 a 1774 (1). Debemos situarnos temporalmente en la época por lo que es necesario entender a las reformas borbónicas como las ideas del despotismo ilustrado aplicadas a la administración fiscal y recaudación de impuestos.

nuevaespana

Este movimiento reformista era un golpe de autoridad que daba la corona francesa de Luis XIV ante el mal mandato y gestión de la dinastía de los Habsburgo, reflejadas súbitamente en su último rey Carlos II (el hechizado), quien no dejó heredero y vislumbró una España decaída por las guerras y la mala administración. Cabe mencionar que esta tendencia no sólo pasaba en España, sino en todas las monarquías absolutistas de Europa, intentando aumentar su autoridad con la organización de un nuevo sistema eficiente burocrático y eliminando todo rastro de orden anterior. El arma para lograr esto fue la intendencia, sistema que ya se había establecido en Francia. (2)

Promover la economía, el saneamiento de las finanzas, el mejoramiento de la organización de la administración burocrática y la reestructuración del tejido social, era la tarea de las reformas encargadas a funcionarios nuevos en América, quienes continuamente darían sus respectivos informes a la corona. El factor de la geopolítica externa y los asuntos bélicos con otras monarquías son factor principal, ya que mantener la integridad de los dominios americanos era prioridad para Carlos III, y ante lo poco protegidas que estaban las Indias Occidentales hubo necesidad de armar ejércitos para la defensa de estas posesiones; el refuerzo del ámbito militar era vital ante el referente máximo de esto que fue la guerra de los siete años contra Inglaterra, en donde España tuvo que ceder la Florida a la Gran Bretaña en 1763 a cambio de que los ingleses desocuparan la Habana y Manila, territorios estratégicos que habían ocupado en 1762. (3)

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De entre todos los funcionarios se destacó notablemente el jurista malagueño José de Gálvez Gallardo (quien anteriormente había trabajado con Campillo y Cosío). Este fue enviado a la Nueva España el 20 de febrero de 1765 y desembarcó en Veracruz en julio de 1765 como visitador de tribunales y cajas reales, con la función de asumir la dirección y control de rentas de la Real Hacienda. El consejo de Indias le nombró también miembro honorario y con facultades del control en los asuntos eclesiásticos y de justicia(4). El poder de Gálvez era abismal y su actuación no reconoció límites aplicando su implacable energía y enorme capacidad de trabajo a todo tipo de asuntos, constituyéndose como verdadera autoridad y manifestando sólo un respeto formal por los virreyes; el marqués de Cruillas sufrió el carácter del malagueño al tratar de oponerse al visitador insistiendo en sus facultades virreinales. (5)

Las órdenes de Gálvez eran las siguientes:

1. Tenía que establecer Intendencias con el objetivo de centralizar el poder quitándole facultades al Virrey y al mismo tiempo descentralizar el poder para que hubiera una correcta administración seccionada en cada intendencia, fortaleciendo la presencia española en todo el reino.

2. Transformación de la Real Hacienda para sacar más dinero de la Nueva España ante la decadencia del Potosí.

3. Suprimir los contratos estamentales y personales, así como reformar atribuciones del estado, esto con la finalidad de eliminar compadrazgos y acuerdos de dudosa procedencia.

4. Debía crear provincias internas con el fin de controlar los territorios (principalmente los del norte) donde ni siquiera se había pacificado a los indios.

5. Estaba encargado también de despojar al Consulado de sus privilegios, ya que estos tenían monopolizado todo el comercio.

6.Hacerse cargo de la expulsión de los Jesuitas era otra de sus encomiendas y a esto me referiré un poco más adelante ya que a esto atañe esta investigación.

7. Por último, debía hacer una transformación de los tribunales judiciales y hacendarios, los servidores públicos debían ser españoles y en caso de que fueran criollos debían haber tenido una formación universitaria en la península, esto reflejaba una evidente desconfianza hacia los criollos por los casos de corrupción o fugas de capital sin justificación. Una de las primeras acciones en las que Gálvez tuvo acción en la Nueva España fue con una orden sobre la nueva providencia, en donde decreta se cobrase el Real Derecho de Depósitos irregulares que se practicaban en el reino, ya fueran de hipoteca, de bienes, con fiadores o confidenciales. (6)
 Esto último nos habla de la necesidad de regularizar todo tipo de transacciones económicas que sucedieran en el reino, sin importar de qué índole fueran, la cuestión era obtener dinero de todos los movimientos económicos.

José de Gálvez


Expulsión de los Jesuitas.

La compañía de Jesús o Jesuitas fue una orden fundada en 1536 por Iñigo López de Recalde (san Ignacio de Loyola) y fue aprobada por bula papal (por el Papa Paulo III) en 1540, con la intención directa de contrarrestar el incipiente poderío ideológico de los protestantes y herejes de la fe católica. A diferencia de los franciscanos (primeros en llegar a las Indias) no eran una orden mendicante, por lo cual ellos sí acumulaban riquezas, llegando a poseer tierras y propiedades sin tener que rendir grandes cuentas a la Corona, lo que daba una comodidad amplia. Los jesuitas llegaron a la Nueva España en 1572 y rápidamente se encargaron de la educación por medio de diversos colegios entre los que destacan el Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo (fundado en 1576, cuyo patrimonio se sostuvo de la Hacienda Jesús del Monte y dinero en efectivo que se utilizó para comprar la Hacienda de Santa Lucia,) y San Ildefonso, en la Ciudad de México. (7)

Los jesuitas adoptaron la filosofía moderna europea censurada por la inquisición transformándola, pues no se separaron completamente de la escolástica, sino que de ella tomaron el pensamiento tradicional de la iglesia y lo actualizaron con el momento que se vivía en el mundo europeo, es decir: el mundo de la modernidad. (8)

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El 27 de febrero de 1767 se dictaba la Pragmática Sanción en la que el rey Carlos III expulsaba a los jesuitas de sus dominios:

Extrañar de todos mis dominios de España, e Indias, e Islas Filipinas y demás adyacentes a los regulares de la Compañía, así sacerdotes como coadjutores o legos que hayan hecho la primera profesión y a los  novicios  que quisieran  seguirles;  y  que  se  ocupen  todas  las temporalidades de la Compañía en mis dominios”. (9)


Las razones de la expulsión son variadas y de múltiples conjeturas y suposiciones, empero, me limitaré a sólo dos que considero las más importantes:


1. Desconfianza de Carlos III: Radica en que los jesuitas le eran más leales al Papa que al Monarca y la Compañía de Jesús no dependía del patronato real, es decir, no estaban sujetos económicamente a la Corona. Recuérdese que los Jesuitas tenían una solvencia económica superior y que su administración y cuentas eran envidiables, por lo tanto el rey también estaba interesado en ellos justificando su política de centralizar el poder.

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2. Motín de Esquilache: Carlos III había llevado de Nápoles a España al Marqués de Esquilache y lo había nombrado ministro de Hacienda y Guerra, y temporalmente de Gracia y de Justicia. Este personaje enfundado en las políticas despóticas había implantado reformas que fueron de disgusto del pueblo, como la compra e introducción de trigos de Sicilia y el establecimiento de almacenes de ellos; así como el precio exorbitante del pan a causa de las malas cosechas; sin embargo, la indignación popular se dio cuando éste publicó, el 10 de marzo de 1766, un estatuto en el que prohibía el uso de sombrero redondo y capa larga, justificando que este atuendo daba a los españoles cierto aire de poco culto y un aspecto sospechoso. El resultado de esto fue que una enardecida turba quiso matarlo y tuvo que refugiarse para salvarse; la insurrección duró del 23 al 26 de marzo de 1766 y tras la cólera del pueblo, el Rey tuvo que desterrar al mismo Esquilache y hacer caso de las exigencias del pueblo retirando el estatuto que éste había gestionado. No se sabe quién organizó dicho motín; sin embargo, los rumores se corrieron a oídos de Carlos III y los Jesuitas quedaron como sospechosos e incitadores de la organización y levantamiento del cual, se cree, participaron 30 mil personas. Esto quedó como precedente para la mala fe hacia la orden de San Ignacio. (10)

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El Virrey de la Nueva España, el Marqués de Croix (sucesor del Marqués de Cruillas), recibió la Real Pragmática de expulsión el 30 de mayo de 1767. Sabía que la tarea era de un alto grado de dificultad y de gran riesgo por el prestigio y fama de los Jesuitas, por lo que sólo reunió a su sobrino, el caballero de Croix, al Arzobispo Don Francisco Antonio de Lorenzana y al visitador José de Gálvez, a quienes les expuso la orden de expulsión. El visitador planeó todo con sutileza y gran meticulosidad, ni los comisarios ni jefes de tropas tenían noción alguna del contenido de las órdenes que recibían; los pliegos cerrados que se entregaron llevaban el nombre a la persona a quien iban dirigidos y llevaban la leyenda “pena de vida, no abriréis este pliego hasta el 24 de junio”. Las instrucciones a los oficiales eran claras y precisas:

Os revisto de toda mi autoridad, y de todo mi real poder para que inmediatamente os dirijáis a mano armada a casas de los jesuitas. Os apoderaréis de todas sus personas, y los remitiréis como prisioneros en el término de veinticuatro horas al puerto de Veracruz. Allí serán embarcados en buques destinados al efecto. En el momento mismo de la ejecución haréis se sellen los archivos de las casas y los papeles de los individuos, sin permitir a ninguno otra cosa que sus libros de rezo y la ropa absolutamente indispensable para la travesía. Si después del embarque, quedase en este distrito un solo jesuita, aunque fuese enfermo o moribundo, seréis castigado con pena de muerte. Yo, el Rey. (11)


La noche del 24 al 25 de junio se llevó a cabo la expulsión y el pueblo se enteró al mismo tiempo que los Jesuitas. No hubo tiempo para que la gente reaccionara. El principal motivo de preocupación fue Puebla y la Ciudad de México debido al gran número de casas y propiedades que tenían en su poder los Jesuitas; sin embargo, la gente no se atrevió a nada ante el aparatoso e intimidante despliegue de tropas ordenado por el virrey y el Visitador. La expulsión transcurrió sin más incidentes que los lamentos y sentidas muestras de pesar de quienes contemplaban el abrupto desalojo. Empero, en otros lugares del territorio no sucedió lo mismo y hubo algunos levantamientos y sublevaciones. (12)




Rebeliones populares de 1767 en Guanajuato, Michoacán y San Luis Potosí.

En Guanajuato, Michoacán y San Luis Potosí la presencia de comisionados provocó grandes revueltas. Las coléricas multitudes apedrearon a alcaldes mayores y a oficiales del ejército, asaltaron las cárceles para liberar a los presos, saquearon las cajas reales, comercios y estancos del trabajo. Conjeturar que estos movimientos sucedieron a raíz de la expulsión de los jesuitas o que sucedieron en defensa de la Compañía de Jesús es poco profesional; menciono esto ya que existen pocas fuentes que puedan unir los eslabones entre los movimientos y el exilio de la orden religiosa, sin embargo, sí existe una relación de afecto entre los religiosos y la población que puede ser la conexión que se busca para justificar los levantamientos. (13)

El hecho es que siendo los jesuitas promotores de la cultura y los personajes más importantes de la educación, la expulsión reveló la incapacidad de la Corona por atender las necesidades intelectuales de los gobernados. (14)

José de Gálvez

En Guanajuato hubo resistencia por parte del pueblo, por lo que fueron decapitados nueve amotinados y sus cabezas fueron exhibidas. En San Luis Potosí se retardó la ejecución hasta el 24 de julio, en la que hubo aproximadamente 40 mil indios amotinados, por lo que el mismo Gálvez tuvo que ejecutar la acción con un mes de retraso. Una vez llevada a cabo la acción real, encarceló a más de 500 sediciosos y condenó a poco más de una decena a la horca, destruyó sus bienes y a algunos otros los condenó al destierro. (15)

Otra dura represión se presentó en Michoacán, donde 85 de los aprehendidos fueron ejecutados, ordenándose su decapitación post mortem para que sus cabezas fuesen exhibidas en picas; además, se destruyeron sus casas, sembrando el terreno con sal y desterrando para siempre a sus familias. Otros 854 acusados fueron sentenciados a diversas penas. Un testigo mencionó: “se llenaron las horcas de miedos, las escarpias de sustos y los caminos, calles y plazas de los pueblos de horrores y espantos” al ver la arremetida de Gálvez contra el pueblo. (16)

Muchos de los agravios que Gálvez cometió los hizo no sólo por la intromisión del pueblo en la expulsión de los jesuitas, sino por ofensas que la plebe realizó al unísono ante el Visitador y las tropas, como se puede apreciar en el siguiente texto:

 Entre las muchas pruebas que evidencian esta verdad, sólo expondré a vuestra excelencia algunas de ellas que me parecen decisivas. Sea la primera que en los tres pueblos de San Luis de la Paz, San Luis Potosí y Guanajuato, [que] se amotinaron para impedir a viva fuerza la salida de los jesuitas prorrumpió el vulgo en sacrílegas blasfemias contra la profunda religión del rey, en términos tan escandalosos que no debo trasladarlos al papel aunque fue preciso copiarlos en las causas que he actuado sobre aquellas turbaciones. (17)

El investigador Ignacio del Río, en su artículo “Autoritarismo y Locura en el Noroeste Novohispano. Implicaciones Políticas del Enloquecimiento del Visitador General José de Gálvez”, afirma justo lo que engalana el título de su obra. Menciona que el Visitador tuvo un ataque de locura y prepotencia, lo cual lo llevó a actuar de forma tan represiva, y que aumentó cuando se enteró que en la península se le hacían elogios y que incluso había sido “inspiración de Dios” que el Rey le había confiado las tareas que se hallaba cumpliendo. (18)

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No se puede hablar de una locura como la que refiere Ignacio Del Río; estaríamos haciendo un juicio de valor desde nuestro tiempo sin entender las condiciones en las que llegó este personaje a cumplir sus labores. Creo fielmente que esa locura de la que habla el autor deriva de su ansia de poder y represión con la mera intención de cumplir con las más altas expectativas del Rey y de esa manera ser reconocido, al respecto Gálvez menciona lo siguiente:

Si en los cuatro meses y medio de la ingrata y dura peregrinación que me sacó de México y en cuyo tiempo nunca lo tuve para dar tres horas cabales al descanso de las veinte y cuatro que componen el día y la noche, hubiere podido trabajar con algún acierto y haber tomado, entre las muchas providencias que di, algunas que merezcan la aprobación de vuestra excelencia y el que su majestad se dé por satisfecho del celo y fidelidad con que procuramos servirle, este sólo premio es el que solicito como última recompensa por mis desvelos y fatigas para llevar al sepulcro la interior satisfacción y consuelo de no haber sido siervo enteramente inútil a mi señor ni a mi nación y también para ir perdiendo la amargura y el disgusto que me ha causado la triste necesidad en que me vi de condenar a ochenta y cinco reos al último suplicio, sesenta y ocho a la pena de azotes, cinco a la de baquetas, seiscientos sesenta y cuatro a presidio perpetuo y temporal y ciento diez y siete a la de destierro, sin incluir en éstos a las familias de los ajusticiados. (19)

Como hombre católico y de fe cristiana, Gálvez le atribuye todo al creador o al cielo y se muestra en deuda por siempre acompañarle, también tiene la intención de mostrarse humilde; sin embargo, esto último no podemos averiguarlo, ya que el objetivo de su informe era legitimar su obra y ser recompensando:

Todas las disposiciones han corrido por cuenta del cielo y que para manifestarlo así, sin dejar margen ni aún a los impíos para creer lo contrario se valió de mí como de instrumento el más inútil y humilde, dándome fuerzas sobrenaturales con que soportar unos trabajos que a muchos se hacen increíbles y libertándome en varias ocasiones de los riesgos más inminentes que han amenazado mi salud y aun mi vida. (20)

Una vez aplacadas las insurgencias en el occidente del territorio nacional, Gálvez se dispuso a sosegar un reto tal vez de mayores dimensiones y en un terreno completamente desconocido e inhóspito; la idea de llevar a cabo una expedición militar contra los indios bárbaros de Sonora y Sinaloa era una iniciativa que contaba con muchos apoyos entre varios sectores militares, pobladores y hacendados de la frontera norte. Para el Visitador, la oportunidad de ir al pacificar el Norte era la ocasión perfecta para brillar ante la Corte y el Rey.

Tras la salida de los Jesuitas del territorio del norte, hubo una especie de vacío de poder que fue aprovechado por las tribus más belicosas, en especial los Seris y Apaches. Ante esta aparición bárbara se fueron enviando poco a poco a franciscanos que ocuparan los lugares de los religiosos de la Compañía de Jesús. Ante el temor de estas oleadas, Gálvez planteó la expedición que aseguraba grandes riquezas y que nada costaría a las arcas virreinales, que toda la empresa estaría financiada por particulares; el objetivo principal era desmantelar Cerro Prieto, puesto principal de los indios Seris. (21)
 El brigadier Jacobo Ugarte y Loyola, gobernador y comandante general de las provincias internas, llevó a cabo muchas de las pacificaciones, sea dicho temporales, ya que los indios conocían mejor el terreno y en ocasiones se retiraban y regresaban.(22)

Tras muchos embates y  derrotas parciales del ejército español, Gálvez decidió publicar un edicto el 8 de mayo de 1769, en el que le anunciaba a todos los caudillos e indios Seris que hubiesen cometido abusos y crueldades en las provincias de Sonora y Sinaloa, se presentasen ante él en el Real de los Álamos en un plazo de 40 días para indicarles las condiciones de perdón que se les podían otorgar. (23)

Durante una expedición contra Cerro Prieto, José de Gálvez cayó enfermo de un “penoso accidente de apoplejía y perlesía” o de unas fiebres tercianas, es decir, malaria. No pudo recuperarse y a finales de 1769, el Virrey ordenó su regreso a la Ciudad de México. Las campañas contra indios Seris y Apaches las llevaría a cabo Bernardo De Gálvez. (24)

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Como conclusión es importante remarcar el estudio de José de Gálvez; es un personaje apasionante y a la vez complejo, ya que tiene que ver prácticamente con todo el fin del siglo XVIII; su actuar principalmente en la expulsión de los jesuitas es fundamental para el desarrollo de la Historia, ya que muchos historiadores deducen y afirman que el movimiento de Independencia fue desencadenado por la expulsión de los jesuitas, hilvanando los hechos y partiendo de que sucedió en el mismo espacio geográfico y que el levantamiento haya sido hecho por un cura. Sin embargo,  lo realmente importante es notar que de todas las problemáticas y cuestiones de identidad del final de la Nueva España se fueron heredando a la República del siglo XIX y al México de hoy. La profunda religiosidad de los mexicanos es muestra de esto último y más la defensa de su dogma, el cual es más significativo que un símbolo nacional y si bien los Jesuitas no fueron los promotores directos de la Independencia, sí sembraron la semilla ideológica que después desarrollaría tal movimiento.

México no sería lo que es sin Nueva España; pero México no es Nueva España. Y más, México es su negación... Nueva España es el nacimiento del México Moderno, pero entre ambos hay una ruptura. México no continúa a la sociedad de los siglos XVII y XVIII; la contradice, es otra sociedad… Nueva España quería ser la realización de la Vieja España y este proyecto implicaba su negación. Para consumar la Vieja España la negaba y se hacía otra… es otra y es la misma. (25)



Para continuar aprendiendo más sobre estos temas, te compartimos algunos mitos sobre la Independencia de México.




(1) Ángel Montenegro Duque, coord., Historia de España; los borbones en el siglo XVIII (1700-1808), Madrid: Gredos, 1991, p. 613.

(2) Horst Pietshmann. Las reformas borbónicas y el sistema de intendencias en Nueva España; un estudio político administrativo México, Fondo de Cultura Económica, 1996, p. 3.

(3) José de Gálvez, Informe general que en virtud de real orden instruyó y entregó el excelentísimo señor marqués de Sonora siendo visitador general de este reino, al excelentísimo señor virrey don Antonio Bucarely y Ursúa con fecha 31 de diciembre de 1771,  estudio introductorio Clara Elena Suarez Arguello, México, facsimilar, CIESAS, Miguel Ángel Porrúa, 2002, p. 14-15.

(4) Josefina Zoraida Vázquez, “El siglo XVIII mexicano: de la modernización al descontento”, Interpretaciones del siglo XVIII mexicano, México, Patria, 1992, p. 17.

(5)  José de Gálvez, Informe sobre las rebeliones populares de 1767 y otros documentos inéditos; Ed., Prol., índice y notas por Felipe Castro Gutiérrez, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 1990, p. 8.

(6) Archivo General de la Nación (en adelante me referiré a éste como AGN), Instituciones Coloniales, Archivo Histórico de Hacienda, 1ª serie, v. 502, exp. 40, f. 12.

(7) James Denson Riley, Hacendados jesuitas en México, México, Secretaria de Educación Pública, 1976, p. 18.

(8) Aurora Jáuregui de Cervantes, Los jesuitas precursores ideológicos de la nacionalidad mexicana, Guanajuato, Instituto Estatal de la Cultura de Guanajuato, Ediciones La Rana, 2004, p.15.

(9) Gonzalo Quintero Sarabia, Bernardo de Gálvez y América a finales del siglo XVIII, Madrid, Universidad Complutense de Madrid; Facultad de Geografía e Historia, 2015, p. 183.

(10) Cristina Aguirre Beltrán, La expulsión de los Jesuitas y la ocupación de sus bienes, Puebla, Benemérita, Universidad, Autónoma de Puebla, 1994, p. 104-109.

(11) Ibídem, p. 116-118.

(12) José de Gálvez, op. cit., p9.

(13) Ibídem, p. 10.

(14) Jáuregui de Cervantes, op, cit., p. 96.

(15) Aguirre Beltrán, op, cit., p. 118.

(16) José Joaquín Granados y Gálvez, Tardes americanas: gobierno gentil y católico: breve y particular noticia de toda la historia indiana, México, UNAM; Coordinación de humanidades, Porrúa, 1987, p.446.

(17) José de Gálvez, op. cit., p. 23.

(18) Ignacio Del Río, Autoritarismo y Locura en el Noroeste Novohispano. Implicaciones Políticas del Enloquecimiento del Visitador General José de Gálvez, México, UNAM,  En Instituto de Investigaciones Históricas. http://www.ejournal.unam.mx/ehn/ehn22/EHN02204.pdf p, 113-115[Consulta 30 de mayo de 2016]

(19) José de Gálvez, op. cit., p. 76.

(20) Ibídem, p. 76

(21) Gonzalo Quintero Sarabia, loc, cit., 188-189.

(22) AGN, Instituciones coloniales, provincias internas, v.254/4052/exp. 5, f. 12-21.

(23) AGN, Instituciones coloniales, impresos oficiales, v.7/1034/34, exp. 34, f. 175-176.

(24) Gonzalo Quintero Sarabia, loc, cit., 192-194.

(25) Octavio Paz en el prefacio del libro de Jacques Lafaye: Quetzalcóatl y Guadalupe. La formación de la conciencia nacional en México. México, F.C.E., 1977, p.14.

Referencias: