Switch to English
Arte
Cine
Comida
Entretenimiento
Estilo de vida
Historia
Letras
Moda
Fotografía
Música
Viajes
Catar

HISTORIA

El precio que tienen que pagar las mujeres olvidadas

Por: Karla Herrera 11 de septiembre de 2017

Hay realidades que quisiéramos convertir en simples espejismos para no tener que atravesarlas, para no tener que aceptar que son ciertas y que están ahí, pero desgraciadamente la realidad nos invade de múltiples maneras para acordarnos que es ella quien manda y que la mujeres estamos olvidadas.

Estamos olvidadas desde el momento en que nos subimos al metro y tenemos que despedirnos de prendas como faldas o vestidos porque transbordamos en una estación de metro en la que nos pueden “tocar… o algo”.

Estamos olvidadas porque tú eres la culpable de que te maten si “no tenías buenas calificaciones y te gustaba la fiesta”.

Estamos olvidadas desde el primer momento en que a alguien se le ocurrió que tendrías menos sueldo porque eres mujer, o por aquéllos que dicen que las mujeres no trabajan y se quedan en su casa haciendo las labores domésticas que exige la vida de casada: atender bien al marido y cuidar a los hijos.

Pero es triste saber que esto no se reduce a un solo lugar, porque allá, alejados de cualquier luz y tumulto se escucha venir a la leyenda. La leyenda que transporta más sueños que personas.

Se refiere a un tren que tiene como objetivo recorrer miles y miles de kilómetros para llevar a cientos de seres humanos que no son felices con su realidad, a quienes se han visto consumidos en sus propios sueños y saben que es momento de salir a flote y buscar “el sueño americano”, aunque en realidad parezca lo contrario.

Una vez que pones el pie en "La Bestia", no hay vuelta atrás. En el camino se encuentran con personas con el mismo objetivo de cumplir sus sueños cueste lo que cueste: matar, robar, violentar o inclusive violar a quienes van a bordo, porque aquí como lo dicta la Ley de Darwin, sólo sobrevive quien se adapta más rápido a la que será su nueva realidad (o pesadilla).

Aproximadamente mueren 700 migrantes al año en el intento por conquistar el sueño americano, todos buscan mejorar su condición económica.

Pero como si esto no fuera suficiente, la odisea triplica su peligro –como en otras partes del mundo– cuando te conviertes en una mujer olvidada. La supervivencia ya no se convierte en un reto, sino en una obligación.

Según datos de la ONU, en momentos de crisis las mujeres son las primeras en reaccionar, por lo que al enfrentar problemas de vivienda o calidad de vida son las primeras en abandonar su país para emprender un nuevo camino.

Tomar una maleta y llenarla de ropa que cobijen sus anhelos y en muchos casos, de sus propios hijos es el primer paso. Porque aunque no lo sepas, muchas de ellas deciden retirarse con sus hijos pequeños porque su idea es que el gobierno de Estados Unidos les abre sus puertas a “madres como ellas”.

En otros cuantos casos, no importa si vas acompañada o no, las pastillas anticonceptivas se convierten en tu mejor refugio para la desgracias que, lejos de ser una posibilidad, pareciera que se convierte en un requisito indispensable para ser candidata a recorrer kilómetros que se harán más que infinitos: ser violada por los mismos pasajeros.

Hoy, el 50 % de los refugiados del mundo son mujeres y niñas.

Pero ellas, cuando se convierten en propios pasajeros no tienen ni la mínima cercanía a ser acreedoras de privacidad porque de hecho, en La Bestia no existe privacidad para nadie; sería un lujo, y para lujos, éste no es el lugar correcto.

La menstruación se convierte en su mayor enemiga, la sed y el hambre comienzan a dejar secuelas cuando la frustración toma partida; el objetivo se ve más lejano que nunca, los fuertes calores hacen que se te quemen más que los sueños, y por la noche, por un momento, que las bajas temperaturas que congelen las ganas de salir adelante.

Son mujeres olvidadas, mujeres que en el mejor de los casos serán reconocidas por su valor de haberse atrevido a entrar en esta encrucijada, pero que son una más y justo como eso se les trata, como “una más”. Pero lejos de las pastillas anticonceptivas, de la discriminación y el maltrato, todas guardan una historia para contar y están dispuestas a pisar tierras extranjeras para escribir otras cuantas.

Lo más triste es que las sobrevivientes que llegan a Estados Unidos, ni siquiera pueden levantar los brazos gritando el triunfo porque el verdadero reto… está por comenzar. 


Recomendados: Enlaces promovidos por MGID: