Agustín de Iturbide: el primer Emperador de México
Historia

Agustín de Iturbide: el primer Emperador de México

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Por: Alonso Martínez

31 de mayo, 2017

Historia Agustín de Iturbide: el primer Emperador de México
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Por: Alonso Martínez

31 de mayo, 2017

Conoce la biografía de Agustín de Iturbide, el primer emperador que tuvo México.

¿Libertador o traidor?

A lo largo de la historia de México, Agustín de Iturbide ha sido llamado de diferentes formas: traidor, héroe, libertador, represor y cobarde. Su vida y trabajos –a pesar de ser ignorados por la mayoría de los habitantes de la nación– definieron el destino del país, antes y después de su independencia. Fue un combatiente de las fuerzas monárquicas que peleaban en contra de Vicente Guerrero y los insurgentes a favor del poder de los españoles, después se convirtió en líder de los criollos para separar a la Nueva España de sus conquistadores y eventualmente se ganó el papel del primer Emperador de México, sólo para ser destituido en menos de un año. Aunque su participación parece mínima, su historia representa las bases en las que fueron creados los Estados Unidos Mexicanos: traición, incongruencias y abuso de poder.


Una escalera hacia el poder

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Hijo de una familia privilegiada, nacido en Michoacán en 1783, Agustín de Iturbide era un criollo que decidió alistarse en el ejército monarca como uno de sus soldados. Su situación social al igual que sus talentos lo catalogaron como uno de los combatientes más habilidosos. De acuerdo con documentos suyos y de Miguel Hidalgo, ambos eran parientes, así que Iturbide pudo haber estado involucrado en la primera conspiración para independizar a México, hecho que prueba que los intereses del futuro Emperador no estaban claros. Se dice que rechazó al cura Hidalgo y una vez que comenzó la batalla por la libertad, se negó a participar a favor de sus intereses, ya que pensaba que los insurgentes sólo buscaban asesinar a cualquiera que estuviese en desacuerdo con ellos.

Entre 1810 y 1816 peleó contra José María Morelos, a quien logró capturar y ejecutar, y después luchó contra Vicente Guerrero. El problema principal que tenía el hombre estaba vinculado con los ideales liberales de los insurgentes. Sus ideales antimonarcas, enfocados hacia el pensamiento republicano, principalmente por la separación que buscaban de la Iglesia. Ese enfoque lo llevó a permitirle a sus subordinados que actuaran con crueldad e incluso torturaran a los rebeldes, hecho por el que fue acusado por el Virrey Félix Calleja, aunque después se dijo que él no había tenido nada que ver con dichas actividades. Sin embargo, una carta reveló que durante la celebración de un Viernes Santo, ordenó el asesinato de 300 enemigos. Asimismo, fue acusado de corrupción, ya que –sin motivo aparente– Iturbide había acumulado riquezas con negocios monopólicos en las localidades que controlaba. Por lo anterior, fue reprimido y despedido.

A pesar de lo anterior, en 1820 volvió a tomar el liderazgo de los mandos militares monárquicos y fue enviado a combatir contra Vicente Guerrero en el Sur. Sin embargo, algunos documentos apuntan que en ese periodo estaba llevando a cabo diferentes negociaciones con el líder insurgente para unir armas en contra de quienes lo humillaron años antes.

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Lo que lo motivó a unirse a Vicente Guerrero después de pelear contra él fue la desestabilización del gobierno en España. La Constitución de Cádiz que se instauró en 1820 y reducía el poder de Fernando VII, el Monarca líder de la nación, y daba paso a la integración de una monarquía constitucional, lo que le dio una idea: si lograba derrocar los poderes españoles que aún acogían a la Nueva España, él mismo podría convertirse en Rey o Emperador de este lugar, independiente de sus previos conquistadores. 

Al poco tiempo se alió con Guerrero oficialmente y decidió conseguir el apoyo de la Iglesia y de la nobleza que quedaba en la Nueva España. Esto lo llevó a desarrollar el famoso "Plan de Iguala" con sus Tres Garantías: la libertad de España, de religión y de unión; es decir, que cada habitante oficial de la nación fuera tratado con igualdad sin importar su raza. Después se llevó a cabo el Abrazo de Acatempan. De pronto la guerra había terminado, Agustin de Iturbide era un héroe y el líder del futuro de un nuevo país. 


El ascenso

Agustín de Iturbide: el primer Emperador de México 3

La caída de Iturbide comienza con el inicio de su régimen. El Plan de Iguala no era más que una mezcla perfecta para ganar el apoyo de todos los combatientes de la guerra. Los insurgentes querían libertad, los religiosos querían protección de las políticas liberalistas y los españoles que residían en México querían mantenerse ahí con sus tierras y no regresar a España, una nación en crisis que cada vez se alejaba más de la monarquía conservadora. Su plan pretendía favorecer a cualquiera que se le interpusiera. Sin embargo, Fernando VII decidió enviar a otro Virrey para gobernar la Nueva España, Juan O'Donojú, quien no tomó el poder, sino que firmó el Tratado de Córdoba con Iturbide. Dicho documento afirmaba que alguien de la dinastía Bourbon, una de las más importantes de Europa, tomaría el trono de una nación independiente. Se desarrolló una nueva constitución y, después de finalizar las batallas en el resto del país, el 27 de septiembre de 1821, cumpleaños de Iturbide, entró victorioso a la Ciudad de México con su Ejército Trigarante.

Debido a que España no aceptaba la independencia de esta nueva nación, ningún miembro de la monarquía aceptó tomar el trono. Mientras tanto, Iturbide instauró una junta provisional de gobierno para tomar las decisiones antes de que se formara el congreso, el cual, una vez que fue creado, decidió que el poder no caería en una sola persona, así que decidieron dividir el gobierno en tres poderes. Cuando esto sucedía, las diferentes facciones que habían apoyado al libertador comenzaban a tener roces y a enfrentarse constantemente. Para evitarlo, se decidió instaurar a Iturbide como el primer Emperador de la nación. Existen diferentes recuentos del suceso, algunos afirman que el hombre se aprovechó de la situación y otros pensaban que su ofrecimiento fue honesto, ya que deseaba estabilizar el lugar que logró independizar. En lo que la mayoría está de acuerdo es que Iturbide era adorado por el pueblo y éste exigía que él se convirtiera en el nuevo líder. Su coronación se llevó a cabo en la Catedral de la Ciudad de México el 21 de julio de 1822. 


La caída

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Sus ideales conservadores le ganaron más cercanía con la Iglesia, pero los republicanos comenzaban a ponerse en su contra. El congreso, principalmente liberal, estaban inconformes con el hecho de que Iturbide tomase los tres poderes que ellos habían elegido para dividir al gobierno. Fue entonces cuando decidió disolver el congreso, comenzó a perseguir a sus enemigos, censuró la prensa y convirtió a su nueva nación en un caos de conflictos. Valentín Gómez Farías, Gertrudis Bocanegra y Antonio López de Santa Anna comenzaron conspiraciones para derrocarlo.

Con la economía en crisis, Iturbide no pudo sostener a su ejército, y al poco tiempo Santa Anna logró vencerlo hasta que decidió abdicar a su puesto como Emperador. El congreso reinstaurado decidió que su legitimidad era nula así que no podía renunciar a un puesto que nunca debió tomar. Lo interesante es que si eso fuese cierto, la legitimidad del congreso también estaría puesta en duda.

Iturbide decidió salir de México mientras se desarrollaban amenazas en contra de su vida. En Europa vivió adinerado, escribió sus memorias y cuando lo convencieron de volver para darle orden a la nación que, de nuevo estaba en caos, fue asesinado en Tamaulipas.

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Su historia como libertador está manchada de sospechas, corrupción y conspiraciones. Su imagen en el desarrollo de México pasaba de positiva a negativa. En su vida pública era respetado pero sus actividades privadas daban mucho de qué hablar. Podría decirse que las técnicas de engaño y sus actividades monopólicas definieron el futuro de la nación. Incluso Santa Anna, quien "salvó" al país de Iturbide, al poco tiempo se convirtió en otro villano. Quizá ese es el destino de México y nunca podremos cambiarlo.


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Referencias

"The Mexican Empire of Iturbide" de Timothy E. Anna (1990)

"Liberators: Latin America's Struggle For Independence" de Robert Harvey (2000)

"Cronología del Proceso de la Independencia de México" de Masae Sugawara Hikichi


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