La bomba biológica, el arma secreta que destruyó Tenochtitlán
Historia

La bomba biológica, el arma secreta que destruyó Tenochtitlán

Avatar of Rodrigo Ayala Cárdenas

Por: Rodrigo Ayala Cárdenas

26 de agosto, 2017

Historia La bomba biológica, el arma secreta que destruyó Tenochtitlán
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Por: Rodrigo Ayala Cárdenas

26 de agosto, 2017


La guerra de los mundos es uno de los títulos más emblemáticos de la ciencia ficción en la literatura. Dicha novela, escrita por H. G. Wells, narra la llegada de alienígenas a la Tierra con el propósito de aniquilar a la humanidad. Lo logran de manera eficiente, sanguinaria y rápida, por medio de rayos con los que hacen desaparecer a los terrícolas que se cruzan en su camino. Todo parece indicar que la raza humana está al borde la extinción hasta que los invasores comienzan a morir lenta y sorpresivamente. La causa se revela en las últimas páginas del libro: las bacterias y microbios del ambiente en la Tierra han provocado que los invasores mueran al carecer de defensas en contra de ellas. Un cuerpo sin un sistema inmunológico listo para desarrollar anticuerpos contra microbios desconocidos es un cuerpo destinado a la muerte.


Siglos atrás, lo que en la actualidad es México se vio una situación similar que causó su rápido sometimiento por parte de los invasores; en este caso los españoles. El Imperio azteca se topó ante un enemigo que lo superaba en armamento, pues los oriundos de Tenochtitlán no conocían la pólvora ni su mortal poder destructor, que ayudó en gran medida a que los extranjeros se impusieran a los mexicas. Sin embargo, más allá de la fuerza de las armas europeas, que causaron numerosas bajas entre los guerreros nativos, hubo otra arma igual de letal que contribuyó a matar de manera silenciosa pero dolorosa a los invadidos: estas armas biológicas llevaban como nombre tosferina, gripe, sarampión, paperas, salmonela, cólera y especialmente viruela. Enfermedades que eran totalmente desconocidas en esta parte del planeta.


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Durante siglos se ha sostenido la idea de que las epidemias contribuyeron al sometimiento del Imperio azteca y la muerte de otras poblaciones adyacentes, dejando sumida a una población de 22 a sólo 14 millones de personas (otras fuentes van más allá y mencionan que la cifra final quedó en 2 millones de sobrevivientes).


Sin embargo, algunos difieren de ello. El epidemiólogo mexicano Rodolfo Acuña Soto, profesor e investigador en el Departamento de Microbiología y Parasitología de la Facultad de Medicina de la UNAM, afirma después de haber realizado investigaciones que prueban que el pueblo azteca no desconocía la viruela. La conocían como zahuatl y ya habían padecido epidemias de ella antes de la invasión de Cortés, efectuada entre 1519 y 1521. Las mismas migraciones de diferentes pueblos a distintos puntos del país llevaban consigo enfermedades que se contagiaban entre individuos de una y otra sociedad. Sin embargo, este tipo de virus eran al parecer mucho más "benignos" o sabían cómo ser controlados por parte de los médicos de las cultura prehispánicas.


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El paciente cero


Las enfermedades por las que se vio azotada la gran Tenochtitlán comenzaron un año después de la llegada de los españoles y no terminaron sino hasta 1531. En este periodo murieron unas 8 millones de personas. Más tarde en 1545, una epidemia mucho más fuerte, seguida de otra en 1576 conocida como cocoliztli, comenzó a cobrara víctimas en mayor número. Se caracterizaba por fuertes hemorragias a través de los ojos, nariz, boca, fiebre, dolores de cabeza y vértigo. ¿Anteriormente ya habrían padecido algo similar o en efecto, los españoles portaban enfermedades para las que los organismos indígenas no estaban preparados?


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Según diversas fuentes, la epidemia de 1520 y las que le siguieron tuvieron como origen a un hombre llamado Francisco de Eguía, quien arribó a las costas mexicanas con el virus de la llamada viruela negra dentro de él. Al notar que el hombre estaba gravemente enfermo, fue conducido al hogar de una familia nativa, cuyos miembros comenzaron a los pocos días a dar muestras de los mismos padecimientos del español. Se trataba de una enfermedad hasta entonces desconocida (o no, a juzgar por las investigaciones de Rodolfo Acuña Soto). Para septiembre de ese año, la viruela negra había llegado hasta Tenochtitlán arrasando pueblos enteros a su paso. Cuando cayó diciembre, se dice que un tercio de la población había fallecido.


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Fray Bernardino de Sahagún relata estos acontecimientos de la siguiente manera: «Antes que los españoles que estaban en Tlaxcala regresaran a conquistar México dio una gran pestilencia de viruela a todos los indios en el mes que llaman tepelhuitl, que es al fin de septiembre. Esta pestilencia mató gente sin número, duró la fuerza de esta pestilencia 60 días. Después de que fue aflojando en México fue hasta Chalco».


El mestizaje que comenzó a darse en México entre indios y españoles favoreció para que la adaptación de los nativos mexicanos a las enfermedades traídas por los europeos se acelerara. Muchas décadas pasaron bajo este esquema de salud hasta que en 1803, por órdenes del rey Carlos IV de España, se introdujo en México la vacuna contra la viruela. Siete años antes se había descubierto la vacuna contra esta enfermedad y los procesos para aplicarla de manera masiva.


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No sólo el México antiguo fue víctima


En otras partes de América, como Perú, territorio que también sufrió la represión española, ocurrió algo muy similar. Entre 1560 y 1590, las epidemias que también azotaron a México mataron a más del 60 % de la población. Habitantes de las Antillas y de todas las zonas tropicales del continente a donde los conquistadores ibéricos también arribaron corrieron una suerte similar. 


Sin proponerse una conquista por estos medios, una gran parte de la victoria española se logró gracias a estos aliados invisibles y diminutos que resultaron ser más letales que todo su arsenal. ¿Qué habría ocurrido si las poblaciones indígenas no hubieran perecido tan rápido a causa de estas letales epidemias para las que no estaban listas? Tal vez hoy hablaríamos de una historia particularmente diferente o por lo menos de resistencias más enérgicas y duraderas de lo que en realidad fueron.


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La conquista de México está plagada de historias ocultas que la convierten en uno de los episodios más fascinantes de la nación. Una prueba de ello es la vida del español que se convirtió en maya y luchó contra los conquistadores. Si estás interesado en sumergirte en la historia de México por medio de la lectura, entonces conoce las 6 novelas para aprender de México y convertirte en un experto en la materia.