¿Cuánto nos falta para alcanzar la equidad entre mujeres y hombres?

Lunes, 9 de abril de 2018 16:42

|José Daniel Arias Torres

Cuando hacemos un repaso histórico de las revoluciones, las luchas entre clases dominantes y grupos dominados, podemos darnos cuenta de que el feminismo se encuentra en una etapa crucial.



Karl Marx decía que la Historia no era más que la constante lucha de clases. Esto se refiere a que a través de los tiempos siempre han existido clases dominantes y clases dominadas. La Historia es marcada por esos eventos revolucionarios que dan un vuelco de 180 grados entre la dominación, y posiciona a las históricamente clases dominadas en la cúspide de la pirámide, haciéndolas ahora clases dominantes, y a las clases históricamente dominantes en las bases, o cuando menos a la mitad de la pirámide. Estos eventos son un parteaguas, el hecho más conocido de esta reestructuración del mundo lo tenemos quizás en la Revolución Francesa, la llegada de la burguesía al poder y el derrocamiento de la aristocracia en Europa. Por supuesto que estos hechos no suceden fugazmente y sin previas razones, son acontecimientos que tienen un porqué temporal y espacial, y por supuesto toman tiempo para manifestarse e instaurarse. Se trata de un proceso no lineal que se baña con la sangre de aquellos que no quieren bajar de sus tronos de privilegios y de esos que luchan por subir. Durante décadas, la Historia se enseñó de esa forma, como la lucha de clases impasible. Existe, por ejemplo, la teoría marxista para interpretar la Historia por medio de las clases sociales y la constante tensión que existe entre ellas por el poder. Diversos teóricos han basado sus investigaciones y tratados justamente en la teoría marxista; sin embargo, nos enfrentamos aquí ante un gran vacío que no se vislumbró durante mucho tiempo y que no se consideró dentro de las clases sociales. Nos referimos a la perspectiva de género.

 


verdadera equidad 1



Se comenzó a utilizar el género como unidad de análisis sociológico e histórico hasta el siglo XX. No obstante, la perspectiva de género en términos institucionalizados y políticos no habría sido posible sin una serie de procesos históricos que le dieron nacimiento. Estos procesos fueron posibles gracias a las y los primeros hombres y mujeres feministas cuyas luchas han reivindicado paulatinamente los derechos y oportunidades de las mujeres. Aún con esto, el problema de raíz se encuentra en la reproducción misógina de la cultura que hace que la realidad social continúe dominada por hombres, y relegando a la mujer a ciudadana de segunda clase. A pesar de esto, no se puede negar que la histórica lucha de las mujeres por conseguir un papel principal en una obra que tiene al hombre como protagonista ha sido fundamental para llegar hasta el punto en el que nos encontramos. Las batallas aún se extienden frente a nosotros, pero las que hemos dejado detrás son fundamentales.

 

El feminismo ve sus orígenes en el siglo XVIII. Las mujeres europeas fueron alcanzadas por la Ilustración; ese periodo que revolucionó el arte, las ciencias y la filosofía, pues cambió los patrones de pensamiento al darle la espalda a todo lo establecido. La movilización de las ideas ilustrativas generó tratados políticos, económicos y filosóficos nunca antes visto —o más bien, nunca antes aceptados. Es en este periodo histórico que el mundo ve por primera vez la enciclopedia, que reunía todos los saberes de la sociedad europea occidental; y es igualmente en este punto que la teoría de Estado tiene un auge impresionante al abogar por un cambio total de estructuras de dominación. Se manifiesta como nunca antes una tensión de clases entre la aristocracia y la burguesía que surgía, lo cual culmina con la Revolución francesa y la proclamación de la carta de los Derechos Humanos. Y aunque en apariencia todo esto parecía un movimiento humanista que abogaba por la libertad de todos los seres, nos enfrentamos a un primer gran dilema: ¿quiénes son “humanos” en la recién legitimada sociedad burguesa europea? La respuesta deja demasiado que desear. “Humano libre” era un concepto reservado para los hombres blancos, letrados y con propiedad privada; en otras palabras, la humanidad y libertad estaban reservadas tan sólo para unos cuantos. De este concepto se excluían razas, clases y sobre todo a mujeres. Estos grupos continuaban subordinados a un hombre blanco privilegiado; pasaban de ser siervas de un señor feudal a propiedad privada del nuevo burgués.

 


verdadera equidad 2



La nueva sociedad intentó relegar a la mujer a las tareas del hogar, se reprimió a quienes protestaron y abogaron por su igualitaria condición de “libertad”. Pero las ideas ya habían crecido, las mujeres habían vivido —al igual que los hombres— ese proceso de ilustración. Y a pesar de los sanguinarios y violentos obstáculos que los varones con miedo les impusieron para alcanzar su libertad, paso a paso las mujeres obtuvieron ciertos derechos. Esto se reduce fácilmente en palabras, pero la realidad es que fue un proceso que duró décadas enteras, con mártires entre las filas de las primeras feministas, con emancipadoras y libertadoras del pensamiento, como Mary Astell u Olympe de Gouges, mujeres que por injusticia histórica no han pasado a ser parte del discurso por temor a reivindicarlas y hacer a la mujer un sujeto político.

 

La ola expansiva del feminismo continuó y permeó por toda Europa, empapando a las mujeres de ideas de libertad e igualdad de condiciones. Para 1917, las mujeres de Inglaterra obtienen el derecho al sufragio, una gran victoria para las mujeres pero insuficiente para considerar la guerra ganada. E irónicamente, el empoderamiento que tuvieron las mujeres durante la Segunda Guerra Mundial fue un hecho crucial en el feminismo. Las mujeres se apropiaron de los espacios industriales abandonados por los hombres que partieron a combatir. Fue en este momento que las ideas feministas trascendieron de lo físico a lo social y cultural. El derecho al voto no era suficiente para igualar la condición entre un hombre y una mujer, pues las diferencias y desventajas de las mujeres se encuentran desde las bases culturales, las formas de relación social, la construcción colectiva de hombres y mujeres —asumiendo a las primeras desde su nacimiento como seres frágiles y a los segundos como seres fuertes. Las primeras conclusiones teóricas se dieron a conocer: una mujer no nacía, se hacía —así lo afirmó Simone de Beauvoir; el que una mujer se relegara a las tareas del hogar y el hombre a la vida pública era una construcción cultural, no natural. El problema radicaba en que era una forma de comportamiento tan reproducida que se había “naturalizado”, a pesar de ser algo plenamente artificial. Las mujeres debían atacar la discriminación implícita o explícita desde una revolución del pensamiento, derribar las estructuras patriarcales y modificar a la cultura por medio del comportamiento, el lenguaje y el discurso.

 


verdadera equidad 3



Lo anterior fue un breve resumen de un movimiento que se ha mantenido por siglos, que ha trascendido barreras temporales y espaciales, y cuya ola expansiva aún genera cambios; un big bang social cuyos estragos continuamos experimentando en la historia de la evolución social. Esto se debe sencillamente a que el género lo interpela todo, no escatima en razas, religiones o clases; el género es la primera gran división que ha ejecutado el ser humano. Como ya se mencionó anteriormente, las batallas continúan; estamos sumamente alejados de vislumbrar el fin de esta lucha que, como cualquier otra, ha derramado sangre. Poco a poco, las mujeres se han reapropiado de espacios que “naturalmente” estaban reservados para los hombres: ciencia, arte, política —irónicamente, la religión continúa prácticamente intacta. Una mujer era considerada un ser herido y sangrante, débil, hermoso para los poetas por supuesto, pero frágil e incapaz de entrar en la vida pública. En la actualidad, se ha dado una revolución de pensamiento y la mujer paulatinamente de empodera más. A pesar de ello, existen grandes sectores sociales renuentes a aceptar esto. Las mujeres han emprendido una lucha subversiva desde el hecho en que se proclaman en contra de un sistema estructurado por hombres construidos como patriarcas. Deben remar a contracorriente en una cultura machista en la que ellas mismas son interpeladas por ideas misóginas. Luchan contra un monstruo prácticamente milenario que se reproduce mediante aparatos ideológicos como la iglesia, la escuela y la familia.

 

México es un país heterogéneo, con estados ricos, pobres, marginales, desiguales. Lo mismo se puede decir en términos culturales e ideológicos. En este mismo territorio se pueden apreciar desde las sociedades más progresistas hasta las más conservadoras, y son estas diferencias las que hacen del país un mosaico tan atractivo para el extranjero. No obstante, México es constante en un aspecto: continúa siendo un país machista. Las estructuras e instituciones que construyen a México como país están fundadas dentro de la lógica patriarcal; lo que significa que éstas se reproducen al ser las constructoras de la sociedad. Las luchas del feminismo, del grito de la modernidad y del empoderamiento femenino vienen a alterar paradigmas establecidos, tan culturalmente aceptados que incluso se legitiman por medio de las instituciones. Al poner en entredicho lo establecido hay una reacción por parte de aquellos que aún piensan de manera tradicional; tercos se niegan a aceptar nuevas realidades que nos alcanzan. Su sistema de valores es invitado a reestructurarse, y ellos lo ven como un ataque a lo moralmente aceptado; su reacción es defensiva y las respuestas varían desde continuar reproduciendo actitudes machista por ser parte de una tradición milenaria que no debería cambiar —como por ejemplo considerar que una mujer no es capaz de hacer tareas pesadas o una brecha laboral y salarial por cuestiones de género—, hasta los casos más extremos que culminan en violaciones o feminicidios.

 


verdadera equidad 4



El problema traspasa las barreras de lo privado y ya no puede ser catalogado como hechos aislados cuando los feminicidios se reproducen en todo el territorio, en diversos contextos y prácticamente con los mismos móviles. Nos enfrentamos ante un fenómeno macrosocial que el Estado perpetua con su inacción. El vacío de poder que el gobierno deja no sólo se manifiesta con el poder de algunos grupos criminales controlando ciertas zonas, sino en aspectos culturales en los que un feminicidio es considerado como crimen de segunda clase o como homicidio pasional, pues aceptar que existe una problemática de feminicidios es aceptar la incapacidad del Estado para establecer instituciones fuertes que contrarresten y deconstruyan toda la naturalizada cultura patriarcal.

 

El feminismo se encuentra en una etapa crítica que decidirá su porvenir, una etapa salvaje y bárbara que desalienta la justa lucha en demasía. Pero es que las y los feministas se enfrentan ante quizás ante el más antiguo, poderoso y enorme de los imperios: la cultura patriarcal. Y debemos recordar siempre que cuando un imperio va en decadencia es cuando más agresivo se torna, explota para después implotar. Nos encontramos de pie frente a un momento que ya no puede continuar arrastrando prácticas tan dañinas del pasado. El feminismo y su lucha tensa los hilos de ellos, los hombres culturalmente privilegiados y ellas, las mujeres culturalmente dominadas.


**


Entender el feminismo no es tarea fácil, sin embargo autoras como Simone de Beauvoir han logrado poner en palabras uno de los debates más complejos de nuestra historia. Si te interesa conocer más sobre la lucha feminista, estos son los tres libros imperdibles para conocer los principios fundamentales del feminismo.



REFERENCIAS:
José Daniel Arias Torres

José Daniel Arias Torres


  COMENTARIOS