Los hogares falsos en México fotografiados por Jorge Taboada
Historia

Los hogares falsos en México fotografiados por Jorge Taboada

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Por: Eduardo Limón

10 de enero, 2019

Historia Los hogares falsos en México fotografiados por Jorge Taboada
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Por: Eduardo Limón

10 de enero, 2019

Estas imágenes, bellas e inquietantes, sólo son reflejo de nuestra mala traza urbana y los intereses del poder por mantenernos lejos.

 «Alta Densidad es un proyecto que critica el tema de la vivienda social en México. Es una crítica silenciosa. La prolilferación de complejos gigantes en los suburbios de las ciudades principales de estos países y su modelo no son sostenibles para la ciudad o su población. Es un retrato de personas de lejos y desde muy alto», dice Jorge Taboada, fotógrafo mexicano, productor de estas imágenes. 

Los esfuerzos realizados por el gobierno mexicano a principios del Siglo XXI para construir rápidamente condominios con ayuda del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores, han dado por resultado un horizonte monótono, perturbadoramente bello y solitario. Un paisaje fotografiado por Taboada y recolectado bajo un análisis gráfico de las consecuencias que trae el crecimiento urbano sin investigaciones interdisciplinarias ni trazas planificadas, así como de intereses velados y con tintes biopolíticos.

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A inicio de los 2000, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo invirtieron más de 2 mil millones de pesos mexicanos en viviendas, debido a la enorme cantidad de préstamos hipotecarios en demanda. ¿Cuál fue el desenlace? Los desarrolladores han reducido el tamaño de las casas a 99 metros cuadrados –cuando mucho y extendiéndonos con suerte hacia un predio con terraza o cochera–, de las cuales se han construido cerca de un millón. Todas en la periferia de la CDMX o en espacios aislados de diversos estados.

Pareciera un hecho fortuito y sólo efecto de una necesidad colectiva por el patrimonio y el resguardo; sin embargo, ¿todo ha sido un producto aislado y sin premeditaciones? ¿No hay más nada detrás de esta distribución geográfica y social?

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La vida de las personas y sus actividades tanto públicas como privadas se ven reguladas a diario por la política y en el ejercicio del Estado. ¿Cómo? Por sus herramientas predilectas y dispuestas como la televisión, la radio, la internet, los videojuegos, etcétera, y la institucionalización de medios de control para el cuerpo como la escuela, el ejército, la religión y la vivienda; esta última en pro de la acumulación de un sistema capitalista avanzado. 

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Así, con esta distribución espacial el ser humano se ve regulado en su sexualidad, su conducta, su comportamiento y su herencia biológico-material, y tiene como paso siguiente la categorización de lo normal, lo anormal y lo subnormal dentro de sus vidas. Catalogado y segregado en zonas “baratas” que le alejan del núcleo citadino, este cuerpo se advierte diferenciado de quien sí está en ese punto geográfico y, por ende, se reconoce a sí mismo como lo otro. Lo que no debe mezclarse más que para el trabajo y la producción en esos sitios concentrados.

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En este sistema inmunitario –de extracción humana, muy a lo Roberto Espósito– vemos cómo los contextos vulnerables o situaciones de alteridad se convierten en una posibilidad de acción rentable que obedecen a la lógica capitalista. Cómo a las personas incapaces de costear su vivienda en la ciudad son arrojadas a un estado de excepción constante que les mantiene lejos, siempre trabajando por fines aspiracionales (o de supervivencia) y actuando en favor de un sistema que les rechaza.

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«La Polis, propiamente hablando, no es la ciudad-estado en su ubicación física, sino la organización de la gente tal como surge de su actuar y de su hablar juntos, y su verdadero espacio se encuentra entre las personas que viven juntas este propósito, estén donde estén», dice Agamben –filósofo italiano–. Y justamente, en esos lugares de excepción, estos dispositivos espaciales fuera de toda ley y funcionamiento “habitual” de la ciudad, es donde se rompe con la convivencia de un todos.

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En grandes clusterresidenciales o calles cerradas pareciera que la densidad de pobladores va de la mano con una gran convivencia. Pero, ¿estos residentes de hecho viven como el resto de las personas lo hacen? ¿Las vidas se mantienen similares? ¿Cómo hacen ciudad? ¿Con quién generan comunidad si sólo son viviendas prácticamente diseñadas para dormir? Si no hay escuelas ni centros recreativos cerca, ¿en dónde llevan a cabo su encuentro? Si trabajan lejos de su casa, ¿cuánto tiempo invierten en la consolidación de su hogar?

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Y esto no quiere decir que estén excluidos de todo un sistema. Al contrario. Su arrojo es una inclusión negativa más oscura de lo que se percibe. No es que algunos cuerpos sean los que están dentro o fuera del funcionamiento, todos forman y son participes de un entero, de una construcción a partir de pequeñas rupturas; no es posible pensar en una ciudad edificada para la totalidad: tersa y sin comisuras, pulida y sin quiebres. Ambas texturas de concreto son producto y necesidad del poder que mueve urbes y gubernaturas. Los cuerpos que viven en el núcleo de ciudades trazadas por el capitalismo voraz y aquellos que le sostienen desde fuera.


Referencias: