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9 fotografías de la corrupción y los hogares falsos en México

21 de julio de 2018

Eduardo Limón

Estas imágenes, bellas e inquietantes, sólo son reflejo de nuestra mala traza urbana y los intereses del poder por mantenernos lejos.

«Alta Densidad es un proyecto que critica el tema de la vivienda social en México. Es una crítica silenciosa. La prolilferación de complejos gigantes en los suburbios de las ciudades principales de estos países y su modelo no es sostenible para la ciudad o su población. Es un retrato de personas de lejos y desde muy alto», dice Jorge Taboada, fotógrafo mexicano, productor de estas imágenes. 


Los esfuerzos realizados por el gobierno mexicano a principios del Siglo XXI –en consecuencia del crecimiento urbano y su poco planificada traza– por construir rápidamente condominios con ayuda del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores, han dado por resultado un horizonte monótono, perturbadoramente bello y solitario. Un paisaje fotografiado por Taboada y recolectado bajo el título Alta Densidad.



A principios de los 2000, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo invirtieran 2.8 mil millones en viviendas en el país, debido a la enorme cantidad de préstamos hipotecarios en demanda. ¿Cuál fue el resultado? Los desarrolladores han reducido el tamaño de las casas a 99 metros cuadrados –cuando mucho–, de las cuales se han construido cerca de un millón. Todas en la periferia de la CDMX o en espacios aislados de diversos estados.


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Sin embargo, ¿todo ha sido un resultado aislado y sin premeditaciones? ¿No hay nada más detrás de esta distribución geográfica y social?



La vida de las personas y sus actividades tanto públicas como privadas se ven reguladas a diario por la política y en el ejercicio del Estado. ¿Cómo? Por sus herramientas predilectas y dispuestas como la televisión, la radio, la internet, los videojuegos, etcétera, y la institucionalización de medios de control para el cuerpo como la escuela, el ejército, la religión y la vivienda en pro de la acumulación de este sistema capitalista avanzado. 



Así, con esta distribución espacial, el hombre se ve regulado en su sexualidad, su conducta, su comportamiento, su herencia biológica, y tendrá como consecuencia la categorización de lo normal, lo anormal y lo subnormal. Catalogado y segregado en zonas “baratas” que le alejan del núcleo citadino, este ser humano se advierte diferenciado de quien sí está en ese punto geográfico y se reconoce como lo otro. Lo que no debe mezclarse más que para el trabajo en esos sitios.




En este sistema inmunitario, de extracción humana muy a lo Roberto Espósito, vemos cómo los contextos vulnerables o situaciones de subalternidad se convierten en una posibilidad de acción rentable obedeciendo a la lógica capitalista. Cómo a las personas incapaces de costear su vivienda en la ciudad son arrojadas a un estado de excepción constante que les mantiene lejos, siempre trabajando por fines aspiracionales (o de supervivencia) y actuando en pos de un sistema que le rechaza.




«La Polis, propiamente hablando, no es la ciudad-estado en su ubicación física, sino la organización de la gente tal como surge de su actuar y de su hablar juntos, y su verdadero espacio se encuentra entre las personas que viven juntas este propósito, estén donde estén», dice Agamben –filósofo italiano–. Y, justamente, en esos lugares de excepción, esos dispositivos espaciales fuera de toda ley y funcionamiento “habitual” de la ciudad, se rompe con la convivencia de un todos para quienes viven allí.



Entonces, ¿ellos de hecho viven como el resto de las personas lo hacen? ¿Las vidas se mantienen similares? ¿Cómo hacen ciudad? ¿Con quién generan comunidad si sólo son viviendas diseñadas para dormir? Si no hay escuelas ni centros recreativos cerca, ¿en dónde llevan a cabo su encuentro? Si trabajan lejos de su casa, ¿cuánto tiempo invierten en la consolidación de su hogar?



Y esto no quiere decir que estén excluidos de todo un sistema. Al contrario. Su arrojo es una inclusión negativa más oscura de lo que se percibe. No es que algunos cuerpos sean los que están dentro o fuera del funcionamiento, todos forman y son participes de un entero, de una construcción a partir de pequeñas rupturas; no es posible pensar en una ciudad edificada para la totalidad: tersa y sin comisuras, pulida y sin quiebres. Ambas texturas de concreto son producto y necesidad del poder. Los cuerpos que viven en el núcleo de ciudades trazadas por el capitalismo voraz y aquellos que la sostienen.

TAGS: México historia de méxico Estado de México
REFERENCIAS:

Eduardo Limón


Editor de Moda

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