Historia

El día que Pancho Villa escapó de la cárcel vestido de doctor

Historia El día que Pancho Villa escapó de la cárcel vestido de doctor


El 7 de Junio de 1912 en medio de un tumulto, Francisco Villa llega a la Ciudad de México procesado por órdenes de Victoriano Huerta. Después de que la rápida intervención de Raúl Madero lograra la suficiente presión política para evitar su fusilamiento, el jefe de la División del Norte desciende en la estación de Buenavista, al norte de la ciudad.

A pesar de que ni el propio Huerta sabe de qué se le culpa, la consigna es clara. Las distintas versiones se contradicen entre el ilícito de robar una yegua, el saqueo de Parral o supuestos abusos del ejército villista a su cargo. Frente al desconcierto generalizado, Villa ingresa a la penitenciaria de Lecumberri y, cuatro días más tarde, inicia un proceso plagado de irregularidades. Las causas de su detención nunca se esclarecen aunque es culpado oficialmente de "insubordinación, desobediencia y robo", entonces Francisco inicia un periodo de aislamiento de casi siete meses.

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Después de vivir sin techo durante muchos años, ver los días pasar lentamente en el interior de una celda con un resquicio de luz solar y sin ventilación es más que un martirio para Villa. Desesperado y con sus pocas habilidades ortográficas, pide papel y lápiz para escribir una carta a Francisco I. Madero, en quien confiaba casi religiosamente y creía, sus causas personales estaban unidas a las de la Revolución que estalló en el norte.

Mes tras mes, las suplicas del jefe de la División del Norte aumentan conforme no recibe respuesta alguna de Madero. Sus abogados tampoco son capaces de destrabar un proceso que se antoja largo y con la intención de desarticular el movimiento que meses atrás había obtenido su primera gran victoria militar, la toma de Ciudad Juárez.

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En 0ctubre, Villa vuelve a escribir a Madero, mientras contempla cómo su libertad cada vez parece más compleja. Entonces le ofrece combatir en Chihuahua o Morelos, no sin antes cerrar cada misiva afirmando que su encierro es una grave injusticia. Frustrado, exige al menos que sea enviado a un cuartel militar para dejar Lecumberri, quejándose de lo terrible de las condiciones de la penitenciaria de la Ciudad de México.

Un mes después, ocurre un hecho que cambiaría el rumbo de su estancia en la cárcel: el 7 de noviembre Villa es trasladado a la prisión de Santiago Tlatelolco. Alejado de su única desalienación en prisión, los libros que Gildardo Magaña le facilitaba durante su anterior estancia, Villa ahora pide su extradición a España, sin ninguna razón aparente de por medio. Con el paso de los días en su nueva celda, el jefe de la División del Norte entabla conversación con Carlos Jáuregui, un joven que trabaja de secretario de juzgado y facilita una máquina de escribir a Villa para practicar y seguir con su comunicación fallida hacia Madero.

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Después de 19 cartas sin respuesta y cansado de esperar la resolución maderista, Villa ingenia una estrategia tan absurda como brillante. Aunque los detalles no están del todo claros, distintas versiones aseguran que Jáuregui sabía de la injusticia que significaba su encierro y un día, le sugirió fugarse de la prisión. Otras investigaciones apuntan a que durante la última visita de su esposa, Luz Corral, Villa le especificó que pronto estaría libre, exigiéndole que dejara de buscar asesoría legal.

Lo cierto es que las conversaciones de finales de noviembre e inicios de diciembre entre Villa y su hermano, Hipólito, apuntaban hacia un plan de escape. Carlos Jáuregui recibió dinero de parte del preso en repetidas ocasiones, un hecho que Paco Ignacio Taibo II reitera en la biografía más completa de Pancho Villa

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"...todas las versiones coinciden en que cuando se despidieron aquella vez, Villa le dejó un billete de 100 a 500 pesos. Para Jáuregui, que ganaba 54 pesos al mes, fue un shock. No sabía qué hacer con el dinero, al grado de que se fue caminando hasta su casa en la Villa de Guadalupe aunque el tranvía costaba seis centavos".
 
Finalmente, el jefe de la División del Norte giró instrucciones a Jáuregui para ejecutar el plan tres días después de su fecha original. Los preparativos incluyeron limar los barrotes de la celda y asegurarse de no levantar sospechas. Finalmente, el 26 de diciembre a las tres de la tarde y después de encontrarse a solas con Jáuregui, Villa huye de la prisión de Santiago Tlatelolco. El propio Taibo II recrea la escena a la perfección:

"Villa, disfrazado con pantalón de casimir, camisa blanca, sobretodo, anteojos negros y bombín, 'atravesó el salón, caminó por un pasillo que daba al patio y llegó hasta la puerta'. A Jáuregui le preguntaron los guardias si ya se iba y contestó que sí, que iba con el doctor, señalando a Villa, que traía un pañuelo sobre la nariz, a practicar una diligencia".


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Todo marchaba conforme a lo previsto; sin embargo, el sexto sentido de Villa le prevenía de una posible traición: "si me engañas, aquí mismo te quedas con diez plomazos", le dijo a Jáuregui mientras se dirigían al taxi contratado por Carlos, que los esperaba para culminar exitosamente la fuga. De ahí se dirigieron a Toluca, para tomar un tren a Guadalajara y posteriormente recalar en Sonora.


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Referencia:

Taibo II, Paco Ignacio, "Pancho Villa, una biografía narrativa". Ed. Planeta, México 2006.





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