INICIO NOTICIAS VIDEO SERIES INFOGRAFÍAS ARTE FOTO CINE HISTORIA LETRAS MÚSICA DISEÑO ESTILO DE VIDA MODA VIAJES CIENCIA Y TECNOLOGÍA COMIDA

Todos los derechos reservados 2017
© Cultura Colectiva

La masacre que asesinó a más de 500 mil personas por pensar distinto al resto

4 de noviembre de 2017

Rodrigo Ayala Cárdenas

Indonesia fue testigo en 1965 y 66 de una de las matanzas políticas más sanguinarias de la historia mundial.

Más de diecisiete mil islas comprenden el actual territorio de Indonesia en el que viven cerca de doscientos cincuenta millones de habitantes. Gracias a The Act of Killing y La mirada del silencio, del documentalista Joshua Oppenheimer, el mundo se enteró de lo acontecido en ese país, el cuarto más poblado del mundo, cuando en 1965 y 1966 cuando quinientas mil personas fueron asesinadas de manera sistemática por sostener una ideología contraria a la de la tiranía que deseaba hacerse con el poder de la nación.

 

La historia de este trágico genocidio comienza el 17 de agosto de 1945, cuando Indonesia alcanzó su independencia tras librarse del dominio holandés. Sin embargo, no fue hasta cinco años más tarde que se proclamó la República Unitaria de Indonesia, a cargo del que sería su primer presidente: el líder nacionalista Sukarno, el cual contó con el apoyo total del Partido Comunista de Indonesia (PKI) para alzarse con el poder. Este partido contaba con tres millones de militantes para 1965, siendo la organización política con mayor popularidad en todo el país. Entre sus filas se hallaban sindicatos obreros, organizaciones juveniles, de mujeres o de campesinos pobres.



 -

Sukarno


Sin embargo, grupos contrarios de derecha estaban en desacuerdo con la situación imperante en el país y deseaban hacerse a toda costa con el control del mismo. Debido a ello, solicitaron el apoyo de los Estados Unidos, quien gustoso entró en acción para apoyar a la instancia militar que deseaba derrocar a Sukarno y el partido comunista de Indonesia. El secretario de Estado norteamericano John Foster Dulles declaró que «el PKI se había convertido en el principal problema en Indonesia» y que no era posible vencerle «recurriendo a los medios democráticos ordinarios».

 

Así fue como dio todo su apoyo a los instigadores y terratenientes indonesios para que, el 30 de septiembre de 1965, un grupo de militares irrumpiera en los hogares de seis líderes del partido más seguido en la nación asiática para asesinarlos a sangre fría. Era el inicio de un golpe de Estado y de una masacre que alcanzaría dimensiones dantescas. Los instigadores eran miembros del ala más derechista del nacionalismo indonesio, quienes contaron con el apoyo de la embajada estadounidense en Yakarta, capital de Indonesia, misma que facilitó a los asesinos la lista de nombres de los comunistas.


 

Su estrategia fue engañar a la población para que se creyera que habían sido los comunistas los responsables del golpe de estado y de esa manera justificar la matanza en su contra. Específicamente el 5 de octubre de 1965, bajo las órdenes del general Suharto, comenzó la persecución oficial de todos los miembros del PKI y toda persona que simpatizara con su causa. Las persecuciones, capturas, torturas y asesinatos mancharon de sangre a toda la nación. El 18 de octubre de 1965, el PKI fue oficialmente prohibido y los sindicalistas, granjeros sin tierras o grupos de intelectuales iban siendo borrados de la faz de la tierra rápidamente.

 

A diversos puntos de las islas fueron enviadas decenas de expediciones de soldados y milicias religiosas musulmanas, católicas y protestantes con la orden de exterminar a los comunistas. Incluso los documentos actuales que relatan el caso hablan de la creación de campos de concentración, a la usanza nazi, donde fueron encerrados los perseguidos. Éstos eran transportados a los lugares mencionados para ser ejecutados por escuadrones de la muerte perfectamente coordinados. Era tanta su crueldad que se dice que obligaban a los prisioneros a cavar sus propias tumbas antes de ser acribillados o degollados. Antes de ello eran obligados a trabajar en la construcción de carreteras o en campos de cultivo siempre en condiciones infrahumanas.


 

-

La organización del horror y el mensajero del mal


Pemuda Pancasila, la más siniestra de todas las organizaciones paramilitares, fue la principal fuerza que sometió a los comunistas bajo su yugo. Uno de sus miembros más enfermos fue Anwar Congo, responsable directamente de la tortura y muerte de más de tres mil personas. Este oscuro personaje forma parte del ya mencionado documental The Act of Killing, en el que narra con lujo de detalles y de manera por demás cínica la manera en que ejecutaba a sus víctimas y la inspiración que para ello encontraba en las cintas de gángsteres que veía en su juventud.



«Al principio los apaleábamos hasta la muerte, pero había muchísima sangre (...). Cuando limpiábamos, el olor era terrible», relata Congo. Reclutado por el ejército que dio el golpe de estado al saber que despreciaba con ferocidad a los comunistas, fue un miembro valioso que en el presente es tratado con honores y respeto en su país, sumido en una dictadura y corrupción de los que no ha podido sacudirse.

 

-

Ascenso al poder de un genocida


Meses después de las matanzas, una vez que el Partido Comunista fue totalmente desintegrado, el general Suharto ascendió al poder de Indonesia como presidente, cargo que ocuparía durante los siguientes 31 años. El presidente derrocado Sukarno fue arrestado en su domicilio hasta su muerte en 1970. Con el nuevo régimen militar en el país, toda huella de comunismo fue borrada: el ateísmo fue prohibido y la enseñanza de la religión musulmana se hizo obligatoria en los colegios. En la actualidad, Suharto es visto como uno de los grandes héroes nacionales, una figura que hizo grandes acciones por su país. 



-

Suharto 


La periodista Chris Kline, en un artículo escrito para el diario The Independent, habló así acerca de este personaje en el momento de su fallecimiento ocurrido en 2008: «El hombre que acaba de morir en Yakarta es uno de los mayores asesinos en masa del siglo XX, pero nunca fue acusado por el Tribunal Internacional de Crímenes de Guerra de La Haya. A través de los años, Suharto recibió todo el armamento que sus militares brutales deseaban. Gran Bretaña le vendió vehículos blindados Scorpion y todo tipo de transportes después de una "evaluación exhaustiva" de que no serían utilizados para la "represión interna"».


 

-

Traer la justicia al presente


Los horrores de lo ocurrido en Indonesia fueron retratados por el cineasta ya mencionado, Joshua Oppenheimer, cuyo material es otra de las miradas más valiosas y reales acerca de esta cruenta historia para la cual entrevistó directamente a los responsables de perpetrarla: «Hay una escena que me sirvió de inspiración para los dos películas. Es cuando aquellos asesinos me llevan al río y me escenifican cómo ayudaron a matar a 10 mil 500 personas. Me di cuenta de que más allá de presumir delante de mí, lo que hacían era algo estructural, una manera de mantener el clima de terror en la sociedad. Era como si, 40 años después del holocausto, los nazis siguieran en el poder y el miedo fuera el legado del genocidio», explica Oppenheimer.


 

A raíz de las obras filmadas por Oppenheimer el mundo se enteró de lo acontecido en las islas y se conformó el Tribunal Popular Internacional, el cual, si bien no tiene competencias jurídicas reales para dictar sentencias, sí tiene la capacidad de remover conciencias. Este tribunal está formado por destacadas organizaciones de derechos humanos internacionales cuya misión es presionar a las autoridades de Indonesia para investigar la ocurrido y castigar a quienes lo merecen.

 

El presente en Indonesia es gobernado por aquellos que mataron a miles de inocentes y que disfrutan de una posición privilegiada a nivel social. Se vanaglorian de sus terribles hazañas, hablando de ellas como si fueran épocas gloriosas y sus acciones hubieran llevado al país a la grandeza cuando en realidad lo tienen sumido en una etapa de nula prosperidad económica y corrupción absoluta. La injusticia de este genocidio merece ser revisada para aplicarle todo el peso de la ley y rescatar la dignidad de los fallecidos.

TAGS: muerte Historia mundial Genocidio
REFERENCIAS: Público The Washington Post Independent

Rodrigo Ayala Cárdenas


Articulista

  COMENTARIOS

  MÁS DE CULTURA COLECTIVA

The Bizarre Theory That Claims Your Cellphone Is Conscious La Ciudad de las Ideas: el evento que reunirá a la robot más avanzada y las mejores mentes del mundo Gorka Lasaosa es Héctor "El Güero" Palma en Narcos de Netflix Sandra Ávila Beltrán, “La Reina del Pacífico”, que niega ser narcotraficante Nelson Mukhuba: el artista que asesinó a su familia y después se quemó junto a su obra Surutato, la joya turística de Badiraguato, tierra de "El Chapo", "El Mayo" y "El Azul"

  TE RECOMENDAMOS