El caníbal que devoró el cerebro de una de sus víctimas y fue encerrado en una jaula de cristal
Historia

El caníbal que devoró el cerebro de una de sus víctimas y fue encerrado en una jaula de cristal

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Por: Rodrigo Ayala Cárdenas

6 de octubre, 2017

Historia El caníbal que devoró el cerebro de una de sus víctimas y fue encerrado en una jaula de cristal
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Por: Rodrigo Ayala Cárdenas

6 de octubre, 2017


Dos palabras definen la vida de Robert John Maudsley: violación y violencia. Fue parte de una camada de doce hijos de una familia disfuncional que abusaba de su descendencia a base de golpes, gritos y contactos físicos sexuales, por lo menos, esto último ocurrió en el caso de Robert. Los servicios sociales lo rescataron a los 8 años de edad de este patrón familiar enfermizo aunque lo abandonarían en un hogar de menores donde tampoco las cosas mejoraron, pues en él el chico siguió siendo maltratado sexualmente.


Hasta los 16 años vivió en diversos lugares de apoyo para menores y con varias familias adoptivas, sin embargo, nada de ello le proporcionaba felicidad. Harto de la situación tan cruel que vivía, tomó la decisión de escapar en 1974 a Londres para comenzar a vivir por su propia cuenta. Para sobrevivir y costear su adicción a las drogas, comenzó a ejercer la prostitución. Una noche, uno de sus clientes, un hombre llamado John Farrell, lo llevó a su casa y tras tener relaciones sexuales le enseñó una serie de fotografías de niños desnudos de los cuales había abusado sexualmente. Farrell lo confesó sin pudor alguno, con una lascivia tan extrema y cínica que hizo que Maudsley perdiera la cabeza por completo, recordando aquellas veces en que en su propia casa había sufrido situaciones similares siendo un niño indefenso. Se levantó de la cama, tomó un garrote que descansaba al lado del buró y con él estranguló cruelmente a su cliente.


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Hospital Broadmoor en Crowthorne, Inglaterra


El hecho no le valió la cárcel a Maudsley sino otro lugar aun peor: el Hospital Broadmoor en Crowthorne, Inglaterra, para enfermos mentales y asesinos con trastornos. Durante cierto tiempo Robert se comportó de manera ejemplar aunque incurrió en varios intentos de suicidio. Afirmaba escuchar voces que le ordenaban buscar a sus padres para matarlos. Pese a ello, no causaba problemas y tomaba sus medicamentos de la manera adecuada y en las horas señaladas. Sin embargo, tres años después, arribaría al hospital un paciente acusado de pedofilia llamado David Francis. Maudsley de inmediato sintió un profundo rechazo y asco hacia el sujeto. Se dedicó a observarlo durante semanas enteras, analizando sus idas y venidas. En cuanto tuvo oportunidad, nuestro personaje se encerró en una habitación con él y con ayuda de otro paciente, David Cheeseman, torturó al hombre durante nueve horas seguidas hasta matarlo. De acuerdo al relato de uno de los guardias que presenciaron la escena, el cráneo de David Francis estaba partido por la mitad con una cuchara encajada en él. Una parte del cerebro de la víctima jamás fue hallada, lo cual hizo pensar a los médicos que tal vez Maudsley la hubiera devorado. Sin embargo, no hay nada seguro ni comprobado al respecto.


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Prisión de máxima seguridad, Wakefield, en West Yorkshire


La justicia decidió trasladar a Maudsley a una prisión de máxima seguridad, Wakefield, en West Yorkshire, acusado formalmente de asesinato. Conocedores de lo que había hecho en Broadmoor, sus compañeros le pusieron el apodo “Spoons” (“Cucharas”). Maudsley era visto con recelo por sus compañeros; todos lo respetaban y le temían al mismo tiempo cuando llegó a decir en una de sus conversaciones:

« -Quiero matar a siete cabrones en un día».

No llegaría a tal cifra pero sí cumplió la promesa de seguir matando.


La primera víctima fue Salney Darwood, un convicto encerrado por haber matado a su esposa, seguido de Bill Roberts. A Darwood lo hizo entrar en su celda y ahí lo asesinó de manera brutal al cortar su garganta y dejarlo desangrarse. A Roberts lo mató con un modus operandi distinto: esta vez estrelló la cabeza del hombre de 56 años repetidas veces contra el muro de su celda hasta acabar con su vida.


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La justicia británica decidió en 1983 clasificar a Robert como uno de los reos más peligrosos de toda Gran Bretaña y le construyeron una celda muy especial para tenerlo vigilado de manera permanente, una construida con cristal a prueba de balas y con dos habitaciones, una para dormir y la otra para sus necesidades básicas. Un sujeto como él no podía permanecer en una celda ordinaria. Además de los detalles dados a conocer, el alto coeficiente intelectual de Maudsley y su profundo amor por las artes, la poesía y la música clásica le han valido para ser comparado con el asesino de ficción Hannibal Lecter, el personaje creado por Thomas Harris para sus libros Dragón Rojo, El silencio de los corderos, Hannibal y Hannibal, el origen del mal, quien posee todos estos “atributos”.


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Pese a que mucha gente podría verlo como un monstruo, Maudsley ha sido descrito por familiares y amigos como un tipo amable y de buen humor. Uno de sus 11 hermanos, Paul, conmovido por la manera en que nuestro personaje había vivido, declaró lo siguiente: «Por lo que puedo decir, las autoridades de la prisión están tratando de romperlo. Cada vez que lo ven avanzando un poco, lanzan una mala jugada. Pasó un tiempo en la prisión de Woodhill, y allí se estaba llevando bien con el personal, incluso jugando al ajedrez con ellos. Tenía acceso a libros, música y televisión. Ahora lo han puesto en la jaula de Wakefield. Sus problemas comenzaron porque lo encerraron como un niño. Todo lo que hacen cuando lo ponen de vuelta allí es traer todo ese trauma de nuevo a él».


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La vida de Maudsley es trágica desde todas las perspectivas: abusado de niño, una vida enraizada en la violencia y pasando más de la mitad de su existencia en confinamiento absoluto y sin contacto con otras personas (sólo sale una hora de su celda de cristal para ejercitarse), su oscura existencia se apaga poco a poco sin posibilidad de que algún día pueda volver a relacionarse con el mundo de manera “normal”.


El convicto ha declarado: «Las autoridades penitenciarias me ven como un problema, y ​​su solución ha sido ponerme en confinamiento solitario y tirar la llave, para enterrarme vivo en un ataúd de concreto. No les importa si estoy loco o mal. Ellos no saben la respuesta y no les importa mientras me mantengan fuera de la vista y fuera de la mente».

Robert John Maudsley es uno de los asesinos más temidos de la historia de la criminología



Referencias: