Shazam: el personaje que demuestra que sólo se necesita una palabra para ser un héroe

Shazam: el personaje que demuestra que sólo se necesita una palabra para ser un héroe

Por: Alder Hugo -

Descubre la historia del superhéroe Shazam, de DC Comics, un niño de 12 años que por obra de un hechicero obtiene la sabiduría de Salomón, la fuerza de Hércules, la resistencia de Atlas, el poder de Zeus, el valor de Aquiles y la velocidad de Mercurio.


¿Será que todos hemos soñado con ser un superhéroe? Si no es así, quizá sí deseemos poseer sus habilidades: volar hasta el trabajo por la mañana o destrozar el escritorio de nuestro jefe en un ataque de furia.

Es un pensamiento fugaz, una de tantas imposibilidades que transitan por nuestra mente; este anhelo podría estar inherentemente ligado al intento de aliviar nuestra desilusión, no por la vida mundana, sino por frustración con la que debemos padecerla a diario. No sólo nos gusta ver, leer y enterarnos de las hazañas que acontecen a estos héroes de ficción, también nos gustaría hacer lo que ellos: levantar autos, auxiliar durante incendios, detener balas con las manos, asistir en las más infames tragedias, salvar vidas. Queremos vestir el antifaz de muchos de ellos para ayudar. Los héroes nos generan seguridad, evocan ciertos valores y un aspecto de nuestra naturaleza que nos reconforta; así, como son el resultado de un profundo apetito humano, no son nada nuevo.

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Ya en la antigüedad se hablaba de héroes, la mitología de decenas de culturas está llena de personajes que, de alguna forma, construyeron la representación moderna del mismo arquetipo. Aquiles, Teseo y Jasón tienen su resonancia en los personajes que hoy colman las salas de cine, que nacieron en las viejas historietas, de la mitad del siglo XX. Fue Tom Wolfe quien mejor lo describió en su libro de 1968, Ponche de Acido Eléctrico: “¡Te lo digo! Era una era gloriosa, un mundo glorioso. Un verdadero renacimiento de neón… y los mitos de aquella época no eran Hércules, Orfeo, Ulises o Eneas, sino Superman, el Capitán Marvel y Batman”.

Fueron justamente un par de chicos -Jerry Siegel y Joe Shuster-, hijos de padres judíos huyendo de la persecución Nazi, quienes materializaron este género; pensaron en Superman como alguien que ellos no podían ser, que hacía lo que ellos no podían hacer, es decir, a través de él desafiaron sus propias limitaciones. Superman representa las aspiraciones de todo su género y, por tanto, muchos aspectos del personaje caracterizan la imagen generalizada del superhéroe entre el público.

Cuando Superman hizo su primera aparición en las páginas de Action Comics #1, resultó en su éxito inimaginable para las editoriales y desencadenó la tendencia por lanzar héroes en sus más extrañas variaciones, y así aprovechar la notoriedad de estos personajes. Aunque la silueta de Superman es icónica en la imaginación popular, en sus primeros años enfrentó a un rival fuera de las viñetas, que por un momento pareció eclipsar al hombre de acero, aunque pasó mucho tiempo relegado entre los títulos de DC Comics.

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Clarence Charles Beck y Bill Parker crearon a Captain Marvel para Fawcett Comics, cuando las historietas no eran consideradas cercanas al arte, o por lo menos siquiera un trabajo digno. Ni Shuster, Beck ni Parker, imaginaron que sus creaciones seguirían vivas luego de  ochenta años o que con su labor darían vida a uno de los productos de cultura pop más lucrativos. Con el encargo de crear protagonistas que pudieran agradar al público, Parker creó toda una línea de personajes que estelarizarían sus propias series, pero por recomendación de su editor, acabo juntándolos todos en un solo concepto.

Así fue como pensó en Billy Batson, niño de 12 años que por obra de un hechicero obtiene la sabiduría de Salomón, la fuerza de Hércules, la resistencia de Atlas, el poder de Zeus, el valor de Aquiles y la velocidad de Mercurio. Para convocar sus nuevas habilidades, Billy solamente necesita decir una palabra: ¡SHAZAM! Y así obtendrá una forma adulta, vestido de rojo con un enorme relámpago en el pecho y una capa blanca; se convertirá en el Capitán Maravilla.

Fawcett Comics hizo lo que unas décadas más tarde las empresas líderes en ventas de cómics se esforzarían por lograr, humanizó a los superhéroes. Le dio al mito un lado íntimamente vulnerable, lo volvió un niño y con ello apeló a un aspecto obvio de los consumidores de estas revistas. Los lectores podían reconocerse en Billy, quien iba a la escuela como ellos, jugaba y pensaba en formas muy similares. En un género que se basa en dos origines fundamentales, el Capitán Marvel conjugó ambos: las raíces en las historias mitológicas y la fuerza en quien, aparentemente, carece de ella. 

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El mercado volteó a ver al Capitán de inmediato y superó en cifras a Superman, lo que en esa época parecía imposible. Con un récord de 14 millones de ventas, una serie de dos entregas a la semana -cada una con un tiraje de 1.3 millones de copias-, no pudo evitar llamar la atención de sus rivales. Justo al momento en que Billy Batson lideraba a los favoritos en los kioscos, Siegel y Shuster actuaron legalmente en su contra. Irónicamente, la batalla con la que Billy no pudo librarse sin daños fue en la vida real. Los tribunales tuvieron que decidir si el personaje de Parker y Beck era, o no, un hurto de Superman. Para criterio del juez, el Capitán era, en efecto, muy parecido a Clark Kent en su alter ego. Para empeorar el escenario, el fin de la Segunda Guerra Mundial trajo una estrepitosa caída para la industria de las historietas, lo que infirió en una alarmante baja en los ingresos de Fawcett.

Cuando Billy dejó de ser un estallido de ventas, la empresa decidió abandonar la lucha legal por sus derechos. Por lo tanto, Captain Marvel llegó a su fin en el numero 150, durante el año de 1953. Después de un auge de casi dos décadas, los Estados Unidos parecían haber abierto los ojos en relación con estos personajes. Los horrores de la guerra, la lucha encarnizada y una generación marcada por la amenaza de la energía nuclear, quitaron lo fantástico a estas historias. Billy Batson de doce años, soñando con ser superhéroe, era demasiado infantil para la conciencia colectiva y quedó relegado al más alejado rincón de la memoria. 

En los sesenta y sin una mínima parte de su antigua popularidad, el nombre “Captain Marvel” dejó de ser propiedad de alguna editorial. El experimentado Stan Lee decidió reutilizar el seudónimo para un personaje de su propia autoría, totalmente ajeno a todos sus antecedentes. Hoy, el que un día fuese el otro yo “mágico” de Billy Batson, está ligado a un tipo distinto de héroe, que guarda nula relación con el titán de Fawcett Comics.

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La omisión casi acabó con Billy. Aún cuando DC Comics lo retomó dentro de nuevas historias, nunca ha vuelto a experimentar la fama de los años 40; por décadas se resignó a ser un personaje de utilería, detrás de las principales figuras de la historieta. En 2011, su nombre cambió legalmente a SHAZAM; entre 2012 y 2013, Geoff Johns reescribió sus origines para un relanzamiento, Grant Morrison lo regresó a la edad de oro en la serie Multiversity y ahora la magia del antiguo Capitán Maravilla llegó a las pantallas en una adaptación fílmica para una generación muy diferente a la que lo hizo famoso.

Billy Batson, al igual que todos, sueña con volar, solo que para él, la distancia entre lo que es imposible y lo que no, se limita a una palabra. Al asumir la forma de “el mortal más poderoso del mundo”, también acepta la madurez necesaria para sobrellevar con sus nuevas responsabilidades. Billy quiere crecer para lidiar con la vida, para tener voz en el mundo adulto y hacer algo por él; todo desde su ingenuo punto de vista.

Para conocerlo mejor hay algunos cómics básicos; ningún artista lo ha abordado como Alex Ross, específicamente en la serie Kingdom Come, de 1996, donde su pincel lo enfrenta, de vuelta, a Superman. En el clímax del combate, vemos la imagen estilizada del Capitán Maravilla bajo una tormenta y delante de un contrincante en el suelo; la sensación de fuerza dentro del cuadro es tal, que aún sin el acompañamiento de un guión, resulta contundente. Con la carga de igualar el nivel del ilustrador, el escritor Paul Dini se las arregló para encontrar las palabras perfectas para el encuentro: “…con el golpe de un rayo, ha llegado el Armagedón”.

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También de Ross y Dini, tenemos el tomo SHAZAM: Power of Hope, que bien podría ser la más fina pieza relacionada al personaje. En ella, Billy se encuentra con los pacientes de un hospital infantil, donde conoce a un joven en recuperación, cuyas lesiones parecen esconder más de lo que quiere confesar al superhéroe. Su aparición en esas circunstancias nos recuerda su vulnerabilidad implícita y que, en muchas ocasiones, los héroes no suelen usar poderes.

Los héroes son extensión de lo que queremos ser. Hubo una generación que hizo grande a Shazam, tanto que medio siglo de asueto no lo han hecho desaparecer. La mayor virtud que el mago le dio a Billy fue el derecho a usar su nombre y con ello, encarnar las 6 virtudes que representa; y es que quizá, crecer se parezca en algo al heroísmo, ambas cosas tienen relación con encarar la vida y hacer lo correcto. Quizá, lo que más podríamos envidiar de Billy sea, justamente el mayor poder de todos, la fuerza para encontrar la palabra adecuada en el momento más importante, cuando dentro de nosotros aún nos sentimos demasiados jóvenes para un mundo que nos exige madurar a diario. Todos quisiéramos ser Billy Batson para convertir al chico inexperto que ocultamos en el campeón que tiene la fuerza para resolver las pequeñas hecatombes de la vida común; y crecer, de repente, con la ayuda de una sola palabra. 

Tal vez esta nueva época reciba al pequeño Billy con ímpetu, o será que la era del heroísmo se hubiese convertido en la edad del espectáculo. De cualquier modo, habrá quien recuerde que alguna vez existió el Capitán Maravilla y vayan a verlo convertirse en adulto; y mientras disfrutan de su aventura, ellos puedan volver a ser niños.

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Referencias: