La historia del naufragio nazi seis veces más mortífero que el Titanic

lunes, 26 de junio de 2017 7:07

|alejandro lopez

 

¿Cuál es la mayor tragedia marítima de la historia? Nadie se inmutaría si la respuesta de la mayoría del mundo coincidiera en que fue el hundimiento del RMS Titanic, el trasatlántico con destino a Nueva York que terminó en el fondo del gélido Atlántico Norte después de un sinfín de pésimas decisiones que llevaron al traste la entonces concebida como una obra maestra de la ingeniería naval. Su trágico final parece no tener parangón cuando se trata de miles de personas muriendo congeladas, en medio del océano, sin ayuda alguna ni esperanza en los últimos minutos de sus vidas; sin embargo, existe otro caso olvidado por la historia donde murieron seis veces más personas a causa de un ataque dirigido específicamente para hundirlo.

 Un par de años antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial, la megalomanía de Hitler plasmada en el poderoso armamento del ejército alemán ideó el Wilhelm Gustloff: un navío de lujo, pensado como un portentoso trasatlántico de línea con todos los lujos necesarios para sus tripulantes. En su interior, el sofisticado diseño (que en un principio se llamaría MS Adolf Hitler) contaba con piscinas climatizadas, camarotes confortables, gimnasios, comedores y una cubierta moderna y funcional para cualquier tipo de eventos.

 

 

 

A inicios de 1945, la resistencia alemana llegó a su fin y el avance de las tropas de Stalin en territorio conquistado años atrás por el Tercer Reich provocó un auténtico éxodo, especialmente en Polonia, donde más de dos millones de alemanes, entre civiles, fuerzas militares y agentes especiales, huían despavoridos ante la súbita violencia de los efectivos soviéticos. El Ejército Rojo tomaba una cruenta venganza allanando todas las propiedades, asesinando y abusando sexualmente de un sinfín de personas en su camino a la capital alemana.

 A raíz de estos hechos, Karl Dönitz, el hombre a cargo de las operaciones navales del Tercer Reich, ideó un plan para ayudar a los alemanes y simpatizantes del régimen a huir de los territorios perdidos y de los que estaban a punto de ceder ante el avance soviético, la Operación Aníbal. Durante los primeros meses de 1945, Dönitz movilizó más de mil buques de distintas proporciones a marchas forzadas para trasladar a los civiles a Alemania y la zona ocupada de Dinamarca; no obstante, los nazis sufrieron una baja considerable.

 

 

 

Después de servir para viajes recreativos y funcionar como transporte para los efectivos nazis que participaron del lado de Francisco Franco durante la Guerra Civil Española, el imponente Wilhem Gustloff fue llamado para apoyar la Operación Aníbal. Pintado enteramente de blanco con una sutil franja verde, el trasatlántico arribó al muelle de Gotenhafen mientras una multitud peleaba codo a codo por abordarlo. Cerca del mediodía, el capitán dio la orden de zarpar, mientras el torpedero que lo acompañaría presentó fallas mecánicas y tuvo que quedarse en el puerto.

 Después de 8 horas, el Wilhem Gustloff navegaba en medio del helado Báltico cuando cayó la noche. Las más de diez mil almas que abarrotaban cada rincón del trasatlántico, pensado originalmente para menos de dos mil personas, escuchaban el discurso de toma del poder de Hitler que se reproducía en los parlantes, como un cruel recordatorio de la caída del Tercer Reich.

 

 

De pronto, un submarino apareció en los radares del navío. Se trataba del S-13 soviético, que tenía en la mira al Gustloff. Imposibilitado para reaccionar ante tal escenario, el capitán evitó que la noticia levantara el pánico en la embarcación cuando el primer torpedo provocó una sacudida que puso en alerta a los refugiados, sin mayores consecuencias. Acto seguido, un segundo torpedo perforó una piscina e inmediatamente asesinó a cientos de enfermeras que ahí se resguardaban. Finalmente, el tercero no falló en destruir por completo el cuarto de máquinas, creando un caos que pronto se convirtió en un silencio sepulcral.

 Conforme el navío era tragado por el mar, algunos pasajeros forcejeaban por mantenerse en la cubierta, mientras otros fuera de sí decidían brincar al Báltico, pero sus gritos eran silenciados de inmediato por el frío del océano. El saldo final fue de más de 9 mil refugiados ahogados y uno de los proyectos más portentosos de Hitler hundido en el mar, en una tragedia naval que no se ha llevado al cine ni tampoco vive en el imaginario colectivo, pero cuyas pérdidas humanas fueron aún más graves que las del propio Titanic.

 

 

-

Si crees que lo sabías todo sobre la tragedia del barco más famoso del mundo, no dejes de leer “La historia que revela la verdadera razón del hundimiento del Titanic”. Conoce cuáles fueron “Los escalofriantes secretos sobre la noche de hundimiento del Titanic”.

 

 

*
Referencias

El Mundo
La Vanguardia



 

REFERENCIAS:
alejandro lopez

alejandro lopez


  COMENTARIOS