Historias no contadas de María Sabina, la curandera de los hongos
Historia

Historias no contadas de María Sabina, la curandera de los hongos

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Por: Paola Vazquez

3 de marzo, 2016

Historia Historias no contadas de María Sabina, la curandera de los hongos
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Por: Paola Vazquez

3 de marzo, 2016

Muchos mitos se han construido alrededor de ella, sobre sus ceremonias y rituales: a pesar de estar en otra dimensión, María Sabina sigue viva entre nosotros.


“Aquí reposan los restos de una mujer mazateca que con su sabiduría fue admirada por propios y extraños”

Epitafio de María Sabina


¿Por qué la historia de María Sabina, una mujer indígena de vida sencilla, ha dado la vuelta al mundo? Es la mirada del Occidental la que busca entender quién era ella, un pueblo cómplice de su arte que sólo la observa y admira. Muchos mitos se han construido alrededor de ella, sobre sus ceremonias y rituales pero tuvo que entrar la perspectiva del extranjero, el investigador Gordon Wasson, para que con sus investigaciones le diera voz en el mundo.


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María Sabina es sólo la puerta para ver a los pueblos que hay detrás de ella; es una ventana para entender que existen otras formas de mirar el mundo. El consumo del peyote como sustancia alucinógena es el umbral a otras realidades y en los pueblos ancestrales, cuando se percibe la realidad de esta forma, se encuentra la comunión con los seres inanimados y los animales, se es montaña, río, cielo, águila…


¿Qué vio Sabina? ¿Qué veía que podía no sólo curar sino trascender y atravesar mundos? En los rituales, el consumo de hongos es parte del tránsito a otros recintos, pero en ese camino hay que saber entrar para no perderse. Sabina pide: “¡Dame! ¡Dame lo que es verdadero!" Al cigarro le pide una respuesta, un camino para recorrer y él le susurra verdades con su voz de humo.


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Conoceremos aquí a la mujer sin sangre, la mujer de humo que atrajo a las más diversas personalidades del mundo que en Occidente se muestran sedientas ante las manifestaciones espirituales de otras tradiciones. Sabemos que los Beatles visitaron la India en la búsqueda de paz espiritual, del mismo modo, medios como la revista Life difundieron la historia de Sabina en el mundo y muchos artistas buscaron conocerla como “gurú” o guía.


Ella era auténtica y ordinaria; periodistas de todo el mundo se aprestaron a conocerla y fue tal la euforia que se inventó incluso la visita de artistas con la fama de John Lennon o Paul McCartney. Notas realmente absurdas se escribieron en las columnas de los periódicos, pese a ello, Sabina siguió siendo sólo Sabina. Sin necesidad de conocer a celebridades, de ser reconocida o defendida, ella construyó una vida ordinaria en la que visitó mundos extraordinarios.


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Asomémonos a la vida de Sabina que los periodistas del mundo, en su avidez por sacar una gran nota, poca atención prestaron en los pequeños detalles de su historia.


La católica no canonizada


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Wasson era, cuando la conoció, un funcionario de la banca de Estados Unidos. Costó trabajo decidir si hacer o no pública la vida de Sabina, pero sabía que el mundo debía conocerla. Su experiencia con ella se describe en “Mushrooms, Rusia and history” y “Flesh of the Gods”. A sus 87 años y con la salud deteriorada, Wasson escribía a un amigo en una carta: “La iglesia debe canonizarla. Su carácter fue impecable. Siempre fue fiel católica. Aún de la gente que la odiaba”.


Evidentemente, María nunca sería canonizada, Sabina era sabia y curandera, reconocida en la Iglesia por su labor, pero considerada como algo “aparte”. No se arriesgarían a canonizar la imagen de una maestra y conocedora que usaba sustancias consideradas psicotrópicas, que conocía y veía al modo de los hechiceros.


La curandera que fue madre


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Tuvo tres hijos, podría parecer que no tiene nada de extraordinario, pero la mujer que cura no debe tener trato con los hombres, cuatro días antes y cuatro días después. Cuando quedó viuda por segunda vez, entendió que debía entregarse a su destino y ser curandera, para ello emprendería ese viaje sola. Ella se conformó como la mujer sin sangre, la madre de todos que leía y curaba.

 

Los “niñitos” que son ciencia que cura


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Las investigaciones de Gordon Wasson de Nueva York, han ayudado al desarrollo de la etnomicología, el uso ritual de los hongos por los pueblos. Los “niñitos”, hongos sagrados, la acompañaban en sus rituales de curación. Son ellos los que curan, decía ella, después de ingerirlos ella junto con sus pacientes, ambos vomitaban “el mal” que habían absorbido y que ahora “los niñitos” le habían ayudado a liberar del cuerpo de los enfermos.

 

El sueño como un viaje


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Cuando dormimos, el espíritu vaga como tlacuache, tigre o zopilote. Cuando no se duerme y se toman hongos, la velada permite otro viaje para ver a través del tiempo y curar. Los hongos hablan por la voz de Sabina y sus palabras levantan a los enfermos, a quienes se unta con un San Pedro, que es una mezcla con cal y ajo, que les da fuerza y valor. Los hongos divinos hacen para ella el resto del trabajo; sin embargo, no todos pueden “ver” comiendo hongos. Para Sabina quienes no nacían para ser sabios, no pueden alcanzar a entender el lenguaje de los hongos, aunque hagan muchas veladas.


Huahutla, su tierra, hoy un pueblo mágico


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Hoy el pueblo que vio nacer a María Sabina es pueblo mágico. Oaxaca, que es representativa de belleza natural y tradición, ha sido el corazón de la Sierra Mazateca, donde suben los chamanes, sabios y curanderos a pedir paz, armonía, fertilidad. Sabina pedía a las ánimas el poder para enfrentar el mal.


Saber y conocer no es lo mismo


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De manera paralela que Castaneda hizo con Don Juan, el indígena yaqui, la relación entre Wason y Sabina permitió al mundo conocer, más que a la mujer anciana que fumaba marihuana. Más allá de la ciencia, existen otros modos de ver el mundo y de acceder a otras formas de conocimiento. Al contrario de los conquistadores españoles, que buscaban destruir la raíz india, los saberes ancestrales deben ser cuidados, resguardados por los pueblos indios. Son hoy, ante la crisis de nuestra civilización, de valor incalculable para la humanidad.


Cantos chamánicos: la conexión con otra realidad


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Sus cantos fueron grabados por Wason y traducidos, desenmarañando además las palabras secretas de los chamanes. Sus cantos están marcados por elementos clave: un instrumento musical que acompaña el canto, invocaciones a San Pedro y Jesucristo, ritmo, (a jum, jum, jum), movimiento corporal como sentarse y pararse, significativo de quien tiene vida.


Uno de los cantos chamánicos de Sabina reza:

Soy mujer que mira hacia adentro

Soy mujer luz del día

Soy mujer luna

Soy mujer estrella de la mañana

Soy mujer estrella dios

Soy la mujer reloj

Soy la mujer constelación

Soy la mujer constelación bastón

Porque podemos subir al cielo

Porque soy la mujer pura

Soy la mujer del bien

porque puedo entrar y salir del reino de la muerte.


Hasta hoy día se han realizado documentales que merecen una atenta mirada para romper el morbo sobre una mujer indígena de 69 años que fumaba marihuana y consumía peyote. Para ella estos eran medios para acceder a su labor de curar. El conocimiento ancestral que engendra esta práctica seguirá, pese a su muerte, siendo práctica por los pueblos indios.


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Wason fue un traductor de Sabina para mostrarla al mundo, sólo la relación personal entre ambos dio la posibilidad de contar su historia más allá del morbo de las cámaras, retratarla con la palabra fiel de quien tuvo que traducir y contar la historia de otra cultura, la de los pueblos indios y su visión sobre el conocer, ver y sentir. Son ellos, los guardadores del tiempo, los que miran más allá del humo y del tiempo, los que siguen como Sabina, cuidando los umbrales del mundo. Ella es la mujer reloj, la que mide el tiempo, su propio tiempo. Mujer simple, sembradora de maíz y de sueños.


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Referencia: 

La vida de María Sabina, la sabia de los hongos


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