La sangrienta conquista que hizo a Filipinas parecerse a México 

lunes, 13 de marzo de 2017 7:21

|Alejandro Villavicencio



A menudo, cuando se habla de Oriente todo parece lejano, incluso como si se tratara de un mundo completamente diferente, pero lo que no todos saben es que, en realidad, queda más cerca de lo que creemos, pues durante tres siglos Filipinas perteneció a la corona española. Esta historia tiene su comienzo con la figura de Miguel López de Legazpi, almirante español del siglo XVI, que colonizó las islas en 1565. La huella de España en Filipinas es tan grande que el nombre del país insular proviene del nombre del rey de España Felipe II. De este modo, Filipinas perteneció al imperio español desde 1565 hasta 1898.

La población indígena filipina pertenecía a distintas razas producto de las sucesivas migraciones de los países de los alrededores. Entre los mestizos filipinos, se encuentran los denominados mestizos españoles, fruto de la unión de español e indígena, y los mestizos de sangleyes —chinos residentes en Filipinas—, de la unión de chino e indígena.


imperio español en Filipinas

Antes de la llegada de los españoles, no existían núcleos urbanos en las islas, por lo que las primeras ciudades del archipiélago deben su origen a la mano española. Por esta razón, ciudades como Cebú y Vigan conservan aún en la actualidad restos de la primera ocupación española, del mismo modo que lo hace la capital, Manila, esta última juega un papel fundamental, ya que desde este punto se gestionaba el tráfico comercial, gracias a la línea transpacífica del Galeón de Manila que vinculaba los puertos de Acapulco y Cavite.

Los españoles, ya asentados en Oriente, debieron hacer frente a dos objetivos primordiales: la evangelización y el control del terreno. Para hacer lo primero, dividieron Manila en dos zonas, una con la población española y otra con la indígena. La finalidad no era otra que facilitar la evangelización de la segunda de ellas. Para llevar a cabo el segundo objetivo, hicieron uso de sistemas defensivos, desde torres vigías hasta las fortificaciones de las ciudades, como es el caso de la fortificación de Manila —también conocido como “el Fuerte de Santiago”—. Lamentablemente, esta construcción es célebre por el uso que se le dio durante la Segunda Guerra Mundial como lugar de tortura escogido por los Kenpeitai, nombre que recibió la policía militar japonesa activa desde 1881 hasta 1945.

La importancia de la evangelización sitúa a la arquitectura religiosa en un punto clave, por ejemplo, la isla de Luzón y la isla sureña de Mindanao, aunque no tan relevantes como el convento de San Agustín en Manila. Esta edificación ha sufrido muchas transformaciones desde su levantamiento, y, además, una de sus capillas fue escogida para el enterramiento de Miguel López de Legazpi. Este convento es una reinterpretación de la arquitectura barroca europea creada por artesanos filipinos y chinos convertidos al catolicismo, quienes coronaron en la fachada el escudo de España.


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Por si fuera poca la presencia de España en Oriente, la ruta del Galeón de Manila trajo consigo la introducción de monedas españolas, que fluyeron por toda Asia, entre la Península Ibérica, Filipnas y diversos puntos del Pacífico Oriental. Estas monedas fueron aceptadas para el comercio, y eran permitidas sólo si contenían distintos y pequeños símbolos chinos, también nombrados "chops", colocados en ambos lados.

Entre las funciones de esta simbología se encontraba la de garantizar la pureza de la moneda, y diferenciar la de plata hispana de las falsificaciones que llevaron a cabo los ingleses durante el siglo XVIII para comerciar con China, ya que exigía a sus socios comerciales occidentales —holandeses, portugueses e ingleses— el pago únicamente en plata española.

Las artes plásticas también tuvieron un papel fundamental en la conformación del archipiélago filipino, pues no era rico en oro ni en piedras preciosas, pero era un enclave estratégico de cara al Pacífico, donde convergían diversas rutas comerciales del sudeste asiático. Los objetos de origen asiático que llegaban a Manila en las distintas embarcaciones incentivaron a que gran parte de las piezas realizadas en Filipinas, contaran con una elevada esencia orientalizada.


filipinas y la colonizacion


Es por esto que la ruta del Galeón de Manila fue indispensable para el enriquecimiento de las arcas españolas, gracias al comercio de piezas exóticas orientales, tan en boga en Occidente en esa época. Pueden encontrarse cuantiosas esculturas orientales de marfil o madera, afectadas por la esencia española, aunque siempre elaboradas bajo el anonimato más absoluto. Las figuras escogidas para su representación son santos relacionados con las órdenes religiosas que participaron en la cristianización de Filipinas.

Un ejemplo de ello es el San Juan Bautista del Museo Oriental de los Padres Agustinos, en Valladolid, realizado en el siglo XVIII. Lo que más llama la atención de esta pieza es la tonalidad de su piel, lo que subraya que la población filipina asumió a este santo como uno más de su raza. Algo más a destacar es la ausencia de manos, lo que indica que probablemente sostuviera al cordero y la vara con el estandarte, cada elemento en una mano, lo que lo hizo más fácil su reconocimiento.

En España era habitual encontrar imaginería religiosa de vestir, tendencia que también llegó a Filipinas; un ejemplo es el cuadro de la Sagrada Familia (Siglo XVIII) de autor anónimo. También es digna de mención la labor de los sangleyes, que tomaron como referentes a las imágenes españolas que llegaban a Filipinas, aunque reemplazaban la madera por el marfil, material que llegó desde África y la India; en estas piezas convive la temática religiosa española con diversos elementos orientalizantes aportados por los chinos asentados en el archipiélago, como ojos achinados de gruesos párpados superiores o narices achatadas.


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Un ejemplo de este tipo de escultura en marfil es la Virgen con el niño, tallada en Filipinas por un artista chino en un taller de la Orden de San Agustín, lo que explica la influencia budista, perceptible en los pliegues del cuello de la Virgen.

No se puede finalizar este artículo sin mencionar la importancia de los textiles filipinos, elaborados en seda y en los que se combina la tradición china con una extensa recopilación floral y un gran colorido, muy del gusto andaluz. Reciben el nombre de mantos de Manila, aunque en realidad su procedencia es china, por ser el puerto de Manila a donde llegaban y de donde partían todas las mercancías exóticas procedentes de distintos lugares de Asia y cuyo destino final era España.


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REFERENCIAS:
Alejandro Villavicencio

Alejandro Villavicencio


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