Incesto y poliamor en la vida de Galdós
Historia

Incesto y poliamor en la vida de Galdós

Avatar of Julieta Sanguino

Por: Julieta Sanguino

17 de febrero, 2016

Historia Incesto y poliamor en la vida de Galdós
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Por: Julieta Sanguino

17 de febrero, 2016


“Le gustan las mujeres… lo que nadie puede imaginarse, pero todo se lo calla y de estas cosas ni Dios le saca una palabra”.
Navarro Ledesma sobre Benito Pérez Galdós


Mujeriego y seductor, el escritor que nos hizo llorar con "Marianela" o con "La familia de León Roch" tenía una vida de enamoramiento sin límites que pudo haber parado las prensas de aquella época. Era joven, alto, delgado y con un misterio seductor en su mirada. Cuando se convirtió en un escritor influyente, se le acercaban aspirantes de actriz para conocer su encanto y en ocasiones, solicitarle un papel de teatro en la obra del momento.

Benito Pérez Galdós siempre fue amante de las mujeres y tuvo decenas a su alrededor. Hasta los 3 años, se recostaba muy cerca de los senos de su madre para recibir leche y fue el hijo más sobreprotegido de la familia Pérez Galdós. A los 8 se enamoró de su prima, quien en ese momento tenía 21, y cuando cumplió 16, otra de sus primas, quien acababa de llegar de Cuba, se convirtió en su primer amor. Sin embargo, cuando su mamá se enteró, lo mandó a estudiar derecho a Madrid.

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Pero alejarlo de ese amor, sólo hizo que Benito se sintiera en completa libertad y se diera la oportunidad de conocer más mujeres. Y a partir de ahí no paró en conquistas amorosas pues esas mujeres se convirtieron en la inspiración para sus novelas, por lo que actrices, sirvientas, costureras y prostitutas por igual, circularon por los labios de Galdós.

Veía a cuatro o más mujeres al mismo tiempo. Tal es el caso de la escritora Emilia Pardo Bazán, quien fungió como su amante ocasional durante varios años. Emilia acababa de separarse de su marido y en los primeros años de su relación, sentía una pasión profunda por Galdós. Cada uno se desvivía por el otro hasta que las infidelidades de ambos empezaron a desgastar la relación, pero fruto de esas infidelidades, Galdós logró escribir "La incógnita" y "Realidad".

galdos cigarro
Sin embargo, a pesar del dolor que sentía, los biógrafos aseguran que al mismo tiempo que Galdós tenía esta relación, también estaba involucrado amorosamente con Lorenza Cobián y con Concha Morell. La actriz Concha Morell, quien tenía muchos problemas de personalidad y su mente no estaba del todo estable, sufría de histeria. Era una feminista radical y actriz fracasada que era considerada una mujer hermosa y simpática 

Lorenza Cobián, una mujer pueblerina a quien Benito le dio todo, tal vez fue su gran amor, pero como era ignorante, decidió nunca presentarla en público. Con ella tuvo una pequeña hija a quien bautizó con el nombre de María Galdós, su única hija. Benito sentía gran amor por su pequeña hija pero quince años después de su nacimiento, su madre se colgó con un pañuelo en los calabozos del Gobierno Civil de Madrid, después de ser trasladada por intentar arrojarse sobre una vía de tren. 

Su vida aún permanece entre las luces y la oscuridad, entre lo que nos imaginamos y lo que los testimonios relatan en enormes libros de su alegre vida. Tuvo muchas amantes y muchos amores pero siempre intentó mantener un perfil bajo. La escritora Carmen Burgos, la actriz Carmen Cobeña, la poeta Sofía Casanova, la actriz Anna Judic, la cantante Marcella Sembrich, la artista Elisa Cobun y hasta la reina Isabel II, se encuentran en las mujeres que se rumora pasaron por su alcoba. 

benito perez galdos

Pero más tarde, a los 60 años y con los ojos casi cegados por las cataratas, Benito tuvo otro amor, un amor que parecía predestinar el final de su vida. Teodosia Gandarias era muy culta, leía a Maquiavelo y estudiaba inglés. Se convirtió en los ojos del escritor, corregía sus textos y copiaba sus escritos mientras el escritor luchaba contra la ceguera. Gandarias lo apoyó y Galdós sentía una devoción profunda por su cuerpo: “Mujer inteligentísima y guapísima, te mando una postal de las vendedoras de langosta en la pescadería, para que te rías… Adiós, mi cielito, mi paz, mi alegría, mi ensueño, mi realidad, mi quitapenas, mi zozobra…, mi consuelo, mi norma, mi consultora, mi guía, mi maestra, mi goce, mi estudio, mi bien muy amado y mi centro magnético…”.

Teodosia despertó un amor como ningún otro en el escritor. Fue su último y gran amor y Benito fue tan fiel que sólo la muerte los pudo separar.

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Referencias: