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HISTORIA

El día que un gato coescribió junto a su dueño un artículo de física para un periódico científico

Por: John Sanchez29 de septiembre de 2017

Según cierta teoría popular, el mundo se divide en dos tipos de personas: quienes aman a los perros y los que se desviven por los gatos. Lo cierto es que hay muchas otras clases de animales, aunque en un sentido amplio, tanto los cánidos como los felinos se han ganado un sitial privilegiado en el hogar de los seres humanos. Seguramente discutible según la perspectiva de algunos, es bien sabido que, a su manera, los gatos conquistaron el mundo desde los inicios de las civilizaciones.

La compleja relación entre las personas y los gatos ha sido abordada por siglos, sobre todo desde el arte. El escritor estadounidense Ernest Hemingway les dedicó gran parte de su cariño con sus propias letras, lo que se puede evidenciar en la carta que le escribió a uno de sus gatos, llamado Uncle Willie, al que él mismo tuvo que dispararle para ahorrarle el sufrimiento después de haber sido atropellado por un coche; o los diversos relatos en los que los menciona como exquisitos elementos de su narrativa depurada y directa —"Gato bajo la lluvia" es uno de esos relatos memorables. Pero más allá de la inspiración que estos y misteriosos elegantes cuadrúpedos han generado-, hay casos curiosos en la historia en los que se han llevado el crédito con otro tipo de protagonismo. Bien sea de forma nefasta, como cuando una artista le quitó la vida a su felino para hacer famosa, o más caprichosa, como cuando un gato le echó una pata a su dueño para componer música barroca, la historia confirma la trascendencia de estos seres en el día a día de las personas. En ese sentido es preciso rescatar la historia de F. D. C. Willard, quien en 1975, como salido de una parodia de la vida real, "ayudó" a su propietario, Jack. H. Hetherington, profesor de Física de la Universidad Estatal de Michigan, a escribir un artículo para la respetada publicación Physical Review Letters.

Todo se se resume a un asunto de burocracia gramatical y retórica. El profesor Hetherington cuenta que antes de remitir su texto al periódico se lo hizo llegar a un colega, costumbre común para confirmar ciertas opiniones y simplemente por buscar una segunda opinión al respecto. Esta persona leyó el artículo y de inmediato le respondió que, con toda seguridad, el editor lo rechazaría por el uso del "nos" y/o "nosotros" (we en inglés) en un escrito realizado por un solo autor. Al notar que a esas alturas, con todo el texto ya pasado a máquina y con el plazo de entrega tan próximo a vencerse, sería sumamente difícil cambiar su artículo al modo impersonal, por lo que decidió decirle a su secretaria que agregara una segunda firma: la de F. D. C. Willard, que, en resumidas cuentas significa: Felinus Domesticus Chester Willard. Chester era el nombre de su gato siamés y Willard el del padre de Chester.

El Physical Review Letters aceptó el trabajo titulado "Two-, Three-, and Four-Atom Exchange Effects in bcc 3 He" y puede ser leído a cabalidad acá, sólo en caso de que entiendas inglés y física compleja. La pequeña triquiñuela quedó como un secreto hasta que un día un estudiante se dirigió a la universidad para investigar un poco más sobre la teoría de los "dos autores" y pidió hablar con el profesor Hetherington, quien en ese momento no se encontraba, por lo que solicitó a Willard. Aunque no se recibió el chiste con tanto aprecio por parte del periódico, la historia quedó para la posteridad.

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