El verdadero intérprete de Cortés que ayudó al triunfo de la Conquista
Historia

El verdadero intérprete de Cortés que ayudó al triunfo de la Conquista

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Por: Alejandro I. López

6 de septiembre, 2017

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6 de septiembre, 2017


Jerónimo de Aguilar fue un hombre con suerte. Era uno de los 20 marineros que sobrevivieron al naufragio de su expedición en 1511, cuando una tormenta hundió su barco frente a la isla de Jamaica. También formó parte de los 8 hombres que, exhaustos y moribundos, tocaron tierra en la fina arena de Yucatán y fueron capturados por los cocomes, una tribu maya de la región. Más aun: fue uno de los dos españoles que escaparon de correr la misma suerte que sus connacionales y salvaron su vida, sólo para caer en manos de Taxmar, cacique que los ofreció como esclavos a su sacerdote para llevar a cabo tareas de carga y recolección de alimentos.


A diferencia de Gonzalo Guerrero, que decidió aprender a comunicarse con los mayas y pasó de ser esclavo a jefe militar de Chetumal y murió luchando contra los conquistadores, Aguilar se mantuvo férreo en sus convicciones personales. A través de su fe, soñaba con que llegaría el día en que los suyos se aventuraran a rescatarlo, mientras renegaba de su condición. Así pasaron 8 largos años, hasta que un día ocurrió lo impensado...



El rescate de Cortés


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La expedición de Hernán Cortés en la América continental inicia en Cozumel en 1519, donde después de pactar con el Halach uinik –jefe político y militar– de la isla, el marqués escucha una versión que, de ser cierta, le serviría sobremanera para la consecución de la Conquista: un grupo de hombres muy parecidos a él que llevan barba y tienen pieles distintas a los habitantes de esas tierras son esclavos de un señorío cercano.


Después de consultar con sus hombres de confianza, Cortés decide enviar a mensajeros a buscar a los dos náufragos con un mensaje contundente. Sabe que los conocimientos del terreno, los nativos y sus costumbres serán beneficios en la realización de su empresa:


«Señores y hermanos: Aquí, en Cozumel, he sabido que estáis en poder de un cacique detenido, y os pido por merced que luego os vengáis aquí, a Cozumel, que para ello envío un navío con soldados, si los hubiésedes menester, y rescate para dar a esos indios con quien estáis; y lleva el navío de plazo ocho días para os aguardar; veníos con toda brevedad; de mí quinientos soldados y once navíos; en ellos voy, mediante Dios, la seríes bien mirados y aprovechados. Yo quedo en esta isla que se dice Tabasco o Potonchan».


Jerónimo de Aguilar recibió la correspondencia de Cortés y mostró la carta a su amo, explicando el contenido de la misma. Desde la versión romántica de Francisco Cervantes de Salazar en su Crónica de la Nueva España, se trató de un instante de nobleza del cacique el que permitió que el esclavo no lo fuera más y se uniera con los suyos:


«Le dijo: “Aguilar, pues, ¿qué es lo que ahora tú querés?”, al cual respondiendo Aguilar dijo: “Señor, si tú me das licencia, yo iré y volveré a servirte”. El cacique con rostro más sereno y alegre le dijo: “Pues ve enhorabuena, aunque sé que no has de volver más”».



El inicio de la lengua


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Se trataba del final de ocho largos años cautivo para Jerónimo de Aguilar, que de inmediato reportó con Hernán Cortés los conocimientos que tenía del maya y sus variantes, que le valieron un puesto especial al lado del conquistador durante su camino hacia el centro del país. A los pocos meses de su integración a la expedición, Aguilar fue testigo y artífice de la victoria a sangre y fuego sobre los mayas chontales. Ahí Cortés recibió la pieza de su engranaje, una joven esclava a modo de prenda por el pueblo ante su derrota: Malitzin.


El resto de la campaña hacia México-Tenochtitlán es historia. La triangulación entre idiomas que permitió a españoles y mexicas comunicarse de forma eficiente estaba hecha: mientras Aguilar se encargaba de traducir del español al maya, la Malinche hacía lo propio del maya al náhuatl. Un sinfín de decisiones pasaron por la voz y lengua de ambos durante la caída del Imperio Mexica en 1521.


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Sólo con el paso de los años Aguilar supo cuán equivocado estuvo en su última conversación con el cacique que le dio la libertad. Jerónimo nunca volvió a servirle, sino todo lo contrario, contribuyó a la consecución de la Conquista que ocho años después, el mismo periodo de tiempo que Aguilar pasó cautivo, cargaría contra los pueblos mayas de Yucatán.


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