Juana Lucio: crónica de una aguerrida revolucionaria

Juana Lucio: crónica de una aguerrida revolucionaria

Por: Rafael Perez -

Su tarea, junto a su esposo Encarnación Olguín, era preparar el terreno para apoderarse del palacio municipal ubicado en las inmediaciones de las Minas de Pozos en el estado de Guanajuato. Reunir armas y pólvora para dar el golpe y agrupar gente que quisiera unirse a la lucha era prioridad.

Todo estaba listo, la dinamita, las armas y la gente estaban dispuestos, mas no contaban con la traición de Francisco Benítez, quien advirtió a las autoridades. Para cuando llegaron, los federales ya los estaban esperando. Juana y su marido se vieron cercados y una lluvia de metralla por parte de los federales sesgaron las vidas de la mayoría de las personas que les acompañaba. Juana y su esposo los enfrentaron con tenacidad y fiereza hasta el último momento, hasta que el parque se agotó. Una bala certera acabó con la vida de su marido. En este punto, los que quedaban del contingente se dispersaron intentando huir, no así Juana, quien permaneció al lado de su difunto esposo. El sargento Ezequiel Durán llegó hasta ella con la intención de humillarla, Juana Lucio, ya sin parque, tomó el rifle y con la culata le partió la frente, los soldados llegaron hasta ella para arrebatarle el arma quitándole también un revolver y un puñal que escondía entre sus ropas. Pero ni así bajo la mirada y lanzó un gritó que retumbo con fuerza: ¡Viva la Virgen! ¡Viva Madero!

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La llevaron hasta el pueblo donde la obligaron a ser testigo del fusilamiento de su padre, Felipe Lucio; ella contemplaba cómo los disparos del batallón de fusilamiento no daban en el blanco, el coronel Tello, cansado de esperar, se acercó a él y le disparó directamente en el pecho pero ni así moría; así que le clavaron una daga en el corazón. Murió por fin y su cuerpo se halló junto al de su marido Encarnación y otros revolucionarios muertos. Fueron colgados en la plaza pública a modo de advertencia para mitigar futuros levantamientos, pero aquella barbarie resultó inútil, el germen de la Revolución que había comenzado Juana Lucio y compañía, logro, al poco tiempo, que el Bajío y las montañas guanajuatenses sintieran el fragor del levantamiento armado.

Fusilamiento

Juana Lucio sobrevivió a aquel horrible capítulo de su vida personal, y más tarde se le otorgó una pensión militar con carácter de oficial del ejército mexicano.

Referencias: