El niño alemán que se quitó la vida por accidente para hacerse famoso

Miércoles, 10 de enero de 2018 11:49

|Alonso Martínez

En las calles de Alemania, un chico llamado Klaus apareció de la nada afirmando que nunca había visto el mundo exterior... pero quizá sólo buscaba ser famoso.



«¡Quiero ser un soldado de caballería, igual que mi padre!».


Klaus no se veía como cualquier otro adolescente. Su semblante era sospechoso; parecía un vagabundo pero tenía algo que llamaba la atención. Afirmaba haber vivido en cautiverio durante años, parecía asustadizo y nadie sabía nada de él. Lo único que repetía una y otra vez era esa frase que decía: «¡Quiero ser un soldado de caballería, igual que mi padre!», decía en un idioma que no era el alemán y parecía no saber el significado de sus palabras, y aunque sorprendió al mundo con su historia, posiblemente sólo estaba fingiendo para llamar la atención.


Cuando fue hallado, el chico tenía consigo dos cartas. La primera estaba dirigida al Capitán von Wessenig del cuarto escuadrón del régimen de caballería y decía en su encabezado: «Desde la frontera de Bavaria / El lugar no tiene nombre / 1928 (el año en el que fue redactada)». El autor de dicha carta aseguraba que le había enseñado a leer y escribir, y afirmaba que el chico había sido criado bajo los principios cristianos, pero que nunca lo había dejado salir de su casa. Lo más impactante es que, en el texto, le decía al Capitán von Wessenig que él podía elegir entre asesinarlo o dejarlo ser un soldado de caballería como lo fue su padre.



De inmediato, eso llamó la atención de un zapatero, quien fue el primero en encontrarlo y quien decidió llevarlo al hogar del Capitán, quien no sabía qué hacer con él. Una vez ahí el chico repitió la frase «¡Quiero ser un soldado de caballería, igual que mi padre!» una y otra vez, pero cuando le preguntaban algo, comenzaba a llorar y decía "No sé" constantemente, hasta que el Capitán decidió llevarlo a la policía para investigar su trasfondo. "Kaspar Hauser" escribió en un papel cuando se le preguntó su nombre, pero no respondió otras preguntas y parecía tener problemas de lenguaje. Cuando se le ofreció comida, no aceptaba nada que no fuera agua y pan, y aunque no había cometido ningún crimen, su condición hizo que fuera puesto bajo custodia como vagabundo, justo donde comenzó su aventura.


Desde que apareció en las calles de Nuremberg, algo no parecía estar bien con Kaspar. Aunque algunos pensaban que tenía limitaciones intelectuales, a partir de que comenzó a estar bajo el cuidado de algunos custodios, el chico parecía aprender bastante rápido y existían sospechas de que estaba fingiendo todo. Después de ser aprisionado, vivió un tiempo en el Castillo de Nuremberg bajo el cuidado de un hombre, quien afirmó que el chico tenía buena salud, y quien permitió que varios curiosos fueran a visitarlo. Kaspar actuaba extraño y se convirtió en una celebridad, especialmente por la brutal historia que relataba a quien pudiera escucharlo.



Kaspar dijo que vivió toda su vida en una celda de dos metros de largo, uno de ancho y uno y medio de alto con sólo una cama para dormir.


Asimismo, dijo que tenía dos caballos y un perro de juguete y que todos los días aparecía agua y pan en su habitación. El chico decía que a veces el agua tenía un sabor diferente que lo hacía dormir más tiempo y que, cuando despertaba, tenía el cabello corto, las uñas recortadas, y que su cama y la celda estaban limpias. El único contacto que tenía con el mundo era un hombre cuyo rostro nunca pudo ver, que le enseñó a escribir su nombre —guiándolo con su mano— y que le mostró cómo pararse y caminar. Según la historia de Kaspar, el individuo también le enseñó a decir la frase que siempre repetía en un dialecto extraño, pero afirmó que no sabía lo que significaba. La historia era digna de cualquier periódico.



El público perdió la cabeza. Todos estaban fascinados con el chico y otros comenzaron a crear el rumor de que era el heredero del Príncipe de Baden en Roma, pero al mismo tiempo, la gente sospechaba que el chico hubiese inventado todo. Cada vez parecía más locuaz e inteligente de lo que parecía al inicio.


Sin embargo, Paul Johann Anselm Ritter von Feuerbach, el presidente de la corte de apelaciones de Bavaria, decidió que el chico tenía que ser adoptado por la ciudad de Nuremberg y ser tratado de forma especial. La gente donó dinero para que pudiese vivir de forma digna y recibiera una educación. Friedrich Daumer, un profesor, se hizo cargo de él y le enseñó sobre distintas materias y lo usó para distintos experimentos magnéticos que no ponían en riesgo su bienestar.


Pero lentamente sus mentiras comenzaron a derrumbarse.


Primero, en 1829, un año después de haber sido hallado, Hauser presentó una herida en la frente, la cual dijo que había sido hecha por un hombre que trató de asesinarlo. Ese hecho despertó los rumores de que era descendiente de una familia importante, pero rápidamente comenzaron las sospechas de que era un mentiroso y que él mismo se había hecho la herida, ya que había peleado con Daumer, quien afirmaba que posiblemente el chico había fingido todo el tiempo.



A los pocos meses, Hauser se disparó accidentalmente, también después de una discusión que ponía en duda la veracidad de sus declaraciones, lo cual se convirtió en un patrón. El chico trataba de ocultar sus mentiras provocando lástima. En ese punto, distintos individuos que conocía, incluyendo sus protectores, afirmaban que Kaspar era extremadamente vanidoso, que estaba lleno de maldad y que parecía tener un talento natural para manipular a las personas disimulando sus verdaderos motivos.


Después de eso, el inglés Lord Stanhope decidió tomarlo bajo su custodia y ayudarlo a recordar sus orígenes, y aunque al inicio le creyó, eventualmente escuchó de otras personas que el chico les provocaba risa ya que no podía fingir sus mentiras y cada vez que era cuestionado parecía ponerse nervioso y se molestaba.


«Kaspar Hauser es un vejete manipulador, un agente, un bueno para nada que debería ser asesinado».


Eso fue lo que escribió Feuerbach antes de morir. El hombre perdió toda fe en el chico y rápidamente se dio cuenta de que con un par de mentiras había engañado al mundo. Según él, nunca había estado en cautiverio, no era iletrado, sabía escribir perfectamente y la nota con la que fue encontrado seguramente fue escrita por él.



A los pocos días, Kaspar apareció con una herida de puñal en el pecho. El chico trató de decirle a todos que había sido atacado por un hombre que le dejó una nota. Rápidamente fue cuestionado, pero no pudo contar una historia congruente. Se contradecía y no podía dar una sola versión. Asimismo, la nota que dijo que le habían dado estaba claramente escrita por él e incluso tenía errores que eran clásicos de Kaspar. De igual manera, el papel estaba doblado de la forma en la que él lo hacía, así que todos sabían que el chico se había hecho la herida.


Lo que no planeó fue perder la vida.


A pesar de los esfuerzos de los médicos, la herida era demasiado grave y el muchacho falleció a los tres días.


«Aquí yace Kaspar Hauser, un enigma de su tiempo. Su nacimiento fue desconocido, su muerte misteriosa. 1833».



El psiquiatra Karl Leonhard trató de explicar el comportamiento del chico y llegó a la conclusión de que era un mentiroso patológico con personalidad paranoica, ya que lograba mantener su personaje durante un largo tiempo y llegaba a grandes extremos para mantener sus historias. Nadie supo nunca de dónde vino y seguramente tampoco hubo alguien que lo conociera en realidad. Su vida fue un completo enigma, tal como lo menciona su tumba; sin embargo, logró su propósito, se hizo famoso y el mundo nunca lo olvidará.


Alonso Martínez

Alonso Martínez


Editor de Cine
  COMENTARIOS