El día en que el fundador de la Cienciología quiso comenzar una guerra contra México

Jueves, 30 de noviembre de 2017 12:40

|Alonso Martínez

Considerado un déspota dentro del ejército norteamericano, L. Ron Hubbard, en uno de sus ataques de poder decidió atacar las Islas Coronado.


«Carece de las cualidades esenciales para tener buen juicio, ser líder o cooperar», así fue descrito el individuó que fundó la religión más sombría e incomprendida que existen en la actualidad. Antes de inventar la dianética —pseudociencia que afirma que una persona puede curar cualquier síntoma a través de una especie de confesión— L. Ron Hubbard, cabeza de la Iglesia de la Cienciología, fue un militar "deficiente", que rara vez se atenía a las reglas y que cuya mediocridad y atrevimiento lo hicieron ser despedido de dos naves militares.




El falso héroe


Aunque la Cienciología lo describe como un héroe de la Segunda Guerra Mundial que hundió dos submarinos japoneses antes de ser malherido en batalla, lo cual superó a través del conocimiento sobre el hombre y la práctica de la dianética. Sin embargo, en realidad Hubbard tuvo una historia militar común y sólo se vio mejorada cuando en 1942, después de pasar un breve tiempo en una nave de transporte en el Pacífico, fue trasladado a una nave patrullera del Atlántico, llamada USS YP-422, encargada de cuidar las costas de los submarinos invasores y asegurarse de transportar comida.


Pero no todo iba bien. Posterior a un altercado que tuvo con un oficial superior, el hombre fue señalado como «incapaz de tener el temperamento para tomar decisiones de forma independiente» y fue despedido y enviado a Nueva York, donde tomó diferentes entrenamientos para viajar en submarino y fue asignado al USS PC-815, la nave con la que casi comienza una guerra con México.



A pesar de los antecedentes del joven, tomó el submarino, encargado de patrullar en busca de naves enemigas. Después de que un miembro de la tripulación le afirmara que el sonar de la nave había detectado lo que parecía ser un submarino enemigo, Hubbard no se tomó tiempo para analizar la situación y ordenó atacar lo que él pensaba eran dos sumergibles japoneses con 35 cargas de profundidad y varias rondas de disparos.


Sin embargo, nadie podía corroborar que hubiera un enemigo a la vista. Distintas naves se le unieron en el ataque, dándole el mando principal, pero no había alguien que pudiese rastrearlo. Posterior a eso, los oficiales en mando afirmaron que posiblemente Hubbard estaba atacando un depósito magnético y tomó una mala decisión.




El ataque a México


Sin embargo, su siguiente acción fue más riesgosa. Después del incidente, la nave fue enviada para acompañar a un nuevo portaaviones en San Diego, California, donde también se le asignaban distintos ejercicios para conocer las capacidades de su nave. El 28 de junio de 1943, sin razón aparente, el hombre le ordenó a su tripulación disparar cuatro cascos de un arma de tres pulgadas, y varios disparos de rifle y de pistola en dirección hacia unas islas en las que su transporte anclaba durante esa noche. No hay registro de por qué tomó esa decisión, y se cree que lo hizo por aburrimiento y porque no encontraba algo más interesante qué hacer.


Lo que no sabía es que estaba disparando a las Islas Coronado, un archipiélago al noroeste de las costas de México, al lado de Baja California. Su decisión irresponsable despertó el enojo de la marina mexicana, cuyo personal se encontraba en el lugar durante la guerra. La acción, siendo un ataque directo a México por parte de un miembro de Estados Unidos durante un tiempo de tensión, pudo iniciar una guerra entre ambas naciones si no hubiese existido la diplomacia entre ellas.



El ataque fue inmediatamente reclamado por el gobierno mexicano, lo cual provocó que Hubbard llegase a una junta de investigación naval en San Diego, en donde fue cuestionado y reprendido por usar irresponsablemente sus armas y violar la soberanía de los mares mexicanos, casi dando inicio a un enfrentamiento. Fue relevado por «actuar sin pensar en las consecuencias. No se considera calificado para tomar mando ni tener un ascenso en este momento. Se recomienda ser asignado a una nave de gran tamaño donde pueda ser supervisado».



Posterior a eso, el hombre cayó enfermo por una úlcera duodenal que eventualmente lo llevó a salir del ejército. La historia de la Cienciología afirma que Hubbard decidió salirse porque había sido solicitado para desarrollar sus técnicas psicológicas como armas de guerra, lo cual es absolutamente falso. No existen pruebas de haber sido llamado de nuevo, ni de haber participado en contrainteligencia o en investigaciones psicológicas. Desde esa época fue notorio que era un individuo en busca de grandeza, sin importarle los medios. Indudablemente es uno de los personajes más extraños de la historia reciente, cuya más grande creación, basada en más de una mentira, continúa acumulando millones de dólares en donaciones de sus seguidores.


REFERENCIAS:
Alonso Martínez

Alonso Martínez


Editor de Cine
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