La cárcel latinoamericana donde mantenían vivos a los prisioneros sólo para seguirlos torturando
Historia

La cárcel latinoamericana donde mantenían vivos a los prisioneros sólo para seguirlos torturando

Avatar of Diego Cera

Por: Diego Cera

13 de enero, 2017

Historia La cárcel latinoamericana donde mantenían vivos a los prisioneros sólo para seguirlos torturando
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Por: Diego Cera

13 de enero, 2017



El gran error del ser humano es creer que tiene el poder sobre todo lo que le rodea. Sin importarle la destrucción o el daño que pueda causar, el hombre hará y tomará todo lo que esté a su disposición para lograr sus objetivos. A veces, parece que la crueldad forma parte de nuestro código genético.

Las granjas de perros son uno de los ejemplos más cercanos de crueldad, los criadores someten a las hembras a un horrible ciclo de apareamiento y alumbramiento sin fin, muchas de ellas son sometidas a condiciones totalmente insalubres: cubículos pequeños donde apenas pueden pararse para cumplir sus necesidades, falta de limpieza e incluso golpes. La mayoría de las perras nunca ha visto la luz del día.

Deberíamos preguntarnos qué pasaría si las personas fueran sometidas a las mismas condiciones, aunque en realidad no hace falta hacerlo. A lo largo de la historia se han construido lugares donde las personas han sido sometidas a condiciones inhumanas: zoológicos de negros en Italia durante el siglo XVI, los gulag de la Unión Soviética y los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial son apenas ejemplos de lo que nuestra constante sed de poder puede llegar a hacer.

ESMA 1928 centro clandestino de tortura

En 1976 cuando el pueblo argentino se encontraba en plena dictadura militar, se creó uno de los centros de detención y tortura más sangrientos de toda América Latina: la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) fue convertida en una de las cárceles clandestinas de la última dictadura pampera, la más sangrienta de todas.

Guiados por su interés en mantener el orden del país y establecer el libre mercado a cualquier precio, los oficiales de la dictadura tenían órdenes inapelables de detener a todo aquél que atentara en contra del orden establecido. A la menor señal de revuelta, la policía tenía el permiso de proceder violentamente contra cualquiera que resultara sospechoso. Muchos de los detenidos fueron desaparecidos y otros más enviados a campos de concentración donde eran sometidos a procesos casi medievales de tortura. La mayoría de ellos encontró la muerte en estos centros de detención que permanecían ocultos del ojo público, a pesar que todo mundo había oído de ellos como una terrible pesadilla.

videla centro clandestino de tortura

Uno de los sobrevivientes a este infierno militar es Mario Villani, aprehendido debido a sus acciones militantes durante el régimen del general Jorge Rafael Videla, su único delito fue denunciar las desapariciones.

«Fue un susto enorme. Primero pensé que me estaban asaltando, pero enseguida me di cuenta de que me estaban secuestrando»


Villani fue llevado a la ESMA a la edad de 38 años junto con otros 5 mil presos. Muchos fallecieron ahogados en el mar durante los llamados "vuelos de la muerte". En la cárcel se mantuvo todo el tiempo encapuchado y atado a grilletes que tenía que llevar en todo momento, sólo le era permitido levantarse la máscara para comer e ir al baño; parecía que sólo los mantenían con vida para seguir condenándolos a una vida de opresión y malos tratos.

protesta centro clandestino de tortura

«Para ir al baño me tenían que llevar, iba arrastrando los grillos[...] Tenía que bajar las escaleras y más de una vez caí. Aparte de los golpes de la caída, recibía los golpes que me daban por haberme caído. Y si no me caía, los guardias que pasaban al lado se divertían golpeándome»

presos centro clandestino de tortura

Debido a su formación como físico, a él se le encomendaban todas las cuestiones de reparación de aparatos eléctricos como radios y tocadiscos, hasta que un día le pidieron reparar una picana, instrumento que utilizaban los guardias para electrocutar a los presos. Al principio él se negó a hacer tal cosa, le parecía ilógico reparar una herramienta con la que más adelante seguramente lo castigarían.

«Originalmente me negué a hacerlo. Dije (a un oficial) que yo no podía reparar un instrumento de tortura y pensé para mis adentros 'aquí me matan'. Pero este hombre fue más sutil: cuando estaban torturando a una persona sin la picana, lo hacían con un cable conectado directamente la corriente eléctrica, a un enchufe de la pared. Eso puede ser mucho más mortal»

A lo largo de los años siguientes vio cómo sus compañeros eran electrocutados hasta la inconsciencia o la muerte; una vez desmayados muchos de ellos eran trasladados a la enfermería para reanimarlos y así poder seguir con la tortura en un proceso que podía durar horas y días, incluso meses.

madres centro clandestino de tortura

En agosto de 1981 le otorgaron una especie de libertad condicional donde si lograba escapar del país su familia sufriría su condena, la cual probablemente sería peor que la que él mismo había sufrido en la ESMA. No pudo sentirse libre sino hasta que pudo testificar ante un tribunal en contra de sus verdugos en 1984, un año después de que la Argentina se liberara de una pesadilla que se cristalizaba aún fuera de los sueños.


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Fuente:

Lainformacion.com









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