La fotografía de la niña en llamas que ayudó a terminar con la guerra de Vietnam

miércoles, 8 de junio de 2016 11:06

|alejandro lopez




Nick Ut helicoptero

"Queridos mamá y papá: Hoy hemos tenido una misión y no estoy muy orgulloso de mí mismo, de mis amigos ni de mi país. ¡Hemos quemado todas las chozas que había a la vista! Todos están llorando, pidiéndonos y rezando que no les separemos y que no nos llevemos a sus maridos y padres, a sus hijos y abuelos. Las mujeres gimen y se lamentan...".

Así inicia una carta enviada por un soldado estadounidense a su familia en 1971, justo después de cumplir con la llamada "Operación Fénix", un programa que la CIA llevó a cabo en secreto, que consistió en la ejecución de más de 20 mil civiles en Vietnam del Sur, sospechosos de ser miembros del movimiento comunista clandestino. Al término de la guerra, la nación más poderosa del globo había lanzado siete millones de toneladas de bombas (más del doble de las que cayeron en Europa y Asia durante la Segunda Guerra Mundial) en un pedazo olvidado del mundo, una selva rica en caucho y estaño, llena de campesinos y que luchaba por la soberanía, cuyo "error" fue pretender establecer un sistema de propiedad social de los medios de producción, una afrenta a la competencia y el libre mercado sobre el que se levanta la podredumbre de la sociedad contemporánea.

Nick Ut Vietnam soldado


Entre todas la historias y crudas fotografías que se tomaron a lo largo de uno de los genocidios más sanguinarios de la historia de la humanidad, la Guerra de Vietnam, una imagen resaltó por el poder narrativo de su contenido y la historia que surgió a través de la misma. 

El 8 de junio de 1972, en medio de una operación de bombardeo a Trang Bang, Vietnam, el camarógrafo enviado a la zona de guerra por The Associated Press Los Ángeles, Nick Ut, captó una fotografía tan cruda como real: en pleno ataque del ejército estadounidense, un grupo de niños corre aterrorizado, llorando y sufriendo los estragos de las bombas de napalm, un compuesto químico parecido a la gasolina de consistencia gelatinosa, capaz de arder indefinidamente y conservar altas temperaturas. En medio de la imagen, una niña completamente desnuda con la espalda ardiendo entre trozos de piel fundidos con la tela de la que se despojó muestra la verdadera cara de la guerra, la que no muestran los noticiarios internacionales ni los gobiernos beligerantes, ni siquiera Tom Hanks en Forrest Gump o las producciones hollywoodenses sobre la guerra.


vietnam photo Nick Ut

Acto seguido, el reportero gráfico guardó la cámara y corrió hacia la niña sin pensarlo dos veces. Abrió su cantimplora y vacío todo el líquido sobre su espalda, que mostraba harapos de piel desprendidos y parte de sus músculos cociéndose. Un periodista de la BBC la sostuvo entre sus brazos mientras ella gritaba desesperadamente "me muero, me muero". Nick Ut llevó a la niña personalmente al hospital, donde fue atendida de emergencia y permaneció durante más de un año.
La fotografía fue enviada por Ut a la agencia, que al principio se mostró reticente a su publicación. Su hermano, quien falleció en la misma guerra, le dijo que antes de morir debía prometerle que una imagen suya terminaría con el conflicto armado. Nick pasó momentos muy duros después de tomar la fotografía, pero en el fondo sabía que con su publicación, la promesa a su hermano quedaba cumplida.

"¿En qué momento el periodista deja de asumir el papel de espectador en primera línea de crueles guerras o bombardeos inmisericordes sin tomar partido, sin voltear furioso contra la injusticia?".


La fotografía finalmente fue replicada por millones en distintos medios de todo el mundo, mostrando en todo su esplendor la barbarie estadounidense. Tal fue el revuelo que causó la fotografía, que el mismo Nixon intentó hacer creer que se trataba de un elaborado fotomontaje. Las protestas en los Estados Unidos se radicalizaban, principalmente en las universidades, y sin duda, esta imagen fue un aporte importante para mostrar aquello que los altos mandos se negaban a aceptar.  

Nick Ut gente


El periodismo es uno de los oficios más bellos que pueda existir y choca inevitablemente con el supuesto profesionalismo y las reglas implícitas de una cobertura mediática. ¿Cuál es el límite de la imparcialidad? ¿En qué punto termina el oficio y la supuesta "objetividad" que se exige a un periodista e inicia la más sensible humanidad? ¿En qué momento el periodista deja de asumir el papel de espectador en primera línea de crueles guerras o bombardeos inmisericordes sin tomar partido, sin voltear furioso con el poderoso argumento de conocer los acontecimientos contra la injusticia? ¿Acaso la ética profesional está por encima de la humanidad misma?

Una posible respuesta fue la acción de Nick Ut en aquel día de muerte. Cada periodista es pieza fundamental de cualquier conflicto porque es parte de la sociedad en que se desarrolla. Ni John Reed o Edgar Snow pretendieron ocultar su ideología mientras realizaban algunas de las coberturas y crónicas más memorables de acontecimientos que marcaron la época que vivieron. ¿Qué son los periodistas sino los historiadores del presente, quienes encuentran la historia en primera persona y a partir de la fuerza del impacto contra ella, emiten un juicio para escribirla? ¿Cuándo ha sido objetivo el proceso de escribir la historia?


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Años después, Nick Ut y la niña de la foto, Kim Phúc, se encuentran de nuevo. Los protagonistas de ambos lados de la lente que se conocieron por la urgencia de la historia, en medio de una guerra despiadada en la selva vietnamita, sonríen 45 años después de aquella memorable y dura imagen. Son buenos amigos y ambos conocen a sus familias, incluso procuran verse al menos una vez al año. Ambos saben de los horrores de los conflictos armados y tratan cada día, con ayuda de sus seres queridos, de disipar esos tormentosos recuerdos. Entienden que son afortunados, una mínima parte de un cruento proceso histórico que sobrevivió a sus terribles consecuencias.


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Otra historia sobre la crudeza de la guerra que debemos tener presente para forjar un presente distinto es la de Shinji Mikamo, el hombre que sobrevivió a la bomba atómica pero jamás odió a los estadounidenses. Si has tenido suficiente y prefieres leer algo distinto, descubre los hechos increíbles que se convirtieron en datos históricos que no podrás creer que en realidad sucedieron.






REFERENCIAS:
alejandro lopez

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