La historia de los asesinos seriales de Sonora

Viernes, 27 de mayo de 2016 16:47

|Alejandro Arroyo Cano
los huipas


Se dice que una persona puede elegir su sexualidad libremente porque la humanidad ha llegado a un desarrollo intelectual y social gracias al cual los individuos pueden vivir de la manera que gusten sin temor a ser señalados o insultados. Tú, como parte de un engranaje sociocultural, debes de saberlo, sentirlo y disfrutarlo. ¿O crees que todo sea una mentira?

Seguramente ya tienes la respuesta en la punta de tu lengua y sólo basta expresar un monosílabo para que todo siga su curso habitual y puedas regresar a la vida que tanto te ha dado y que disfrutas día con día. Sin ir muy lejos, te contaré una historia que inició hace unas décadas y que posiblemente, te suene muy parecida a lo que vives diariamente. El norte del país es conocido por sus extensas áreas de tierras áridas y porque aún perduran muchos pueblos indígenas con tradiciones, hábitos y pensamientos de varios siglos atrás.

Su aportación a la cultura enriquece el patrimonio de México y gracias a ellos todos tienen un pasado místico que presenta mundos incomparables y de gran sabiduría. En este cuadro perpetuo del pasado, no se puede evitar ver algunos colores sombríos que desentonan con lo que se dijo antes. Y es aquí donde se tiene que ser claro, por más sagrada que sea la cosmogonía de un pueblo, siempre existirán los instintos del ser humano que echarán todo a perder.

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En el poblado de Huatabampo, Sonora, flota sobre sus calles una historia que te dejará con un sentimiento de  impotencia. En 1949 existieron cuatro sujetos que castraban y asesinaban a sus enemigos, una cruel y excesiva muestra de la realidad insólito y mística de los indígenas mayos. Este relato de asesinatos viajó más allá de una barrera geográfica al punto que la simple frase "cuidado con los Huipas" marcó una época de terror y zozobra.

Los protagonistas de estos asesinatos fueron Adelaido Huipas Quijano, Eusebio Yocupicio Soto, Leonardo Yocupicio Huipas y Basilio Humo Valenzuela. Todos ellos indígenas puros, descritos por quienes los conocieron como los clásicos yoremes, desconfiados, serios y recelosos hacia los hombres blancos o “yoris”.

“Acostumbraban a reunirse en la casa de Eusebio (Chevo), ahí acordaban quién era el próximo al que matarían en venganza por haberlos ofendido o porque les cayera mal”. Se llegó a decir que practicaban la magia negra en una especie de secta, cuando los atraparon encontraron en la vivienda libros de hechichería", comentó un conocido comerciante del poblado, Héctor Galaviz Rubio.

La sucesión de hechos es muy sencilla, un día comenzaron a desaparecer hombres y mujeres, después encontraban sus cuerpos tirados en el desierto sin el pene (en el caso de los hombres) o los senos (en el caso de las mujeres).  “Les cortaban los órganos sexuales, los disecaban y guardaban en una canasta, hacían con ello una especie de bolsas que colgaban en el interior de la vivienda a donde nadie más que ellos entraba”.


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Se dice que su modo de vida marginal los orilló a desinteresarse del mundo que los rodeaba. Los cuatro huipas vivían en la pobreza extrema, como muchos de los habitantes de la zona, también eran analfabetos, carecían de cualquier tipo de educación y sólo hablaban el dialecto mayo. Eso dicen, aunque también cuentan que ninguno de los cuatro tenía esposa y siempre se les veía juntos, día y noche. 


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La combinación de que un grupo de hombres viviera apartado de la comunidad y estuvieran mucho tiempo juntos, rápidamente creó en las mentes de los pobladores que ellos eran homosexuales. Por eso se limitaban para convivir con los demás, porque sólo "querían darse placer en su oscura intimidad".

Cuando atraparon a estos asesinos tras decenas de desapariciones, entre el tumulto se escuchó decir "ustedes tienen la culpa". Después se corrió la voz, se decía que estos hombres asesinaban a las personas que le gritaban "jotos" o cualquier otro insulto con el tema de la homosexualidad. "Lo que pasó en Bacapaco tuvo mucho que ver con la ignorancia de los indígenas, las ideas 'raras' de magia negra", dijo Héctor.

La última persona que murió en manos de estos asesinos fue Vicente Buitimea, un compañero de trabajo que se burlaba de Eusebio debido a sus preferencias sexuales. El libro "El principio de una pesadilla", investigación de la escritora yoreme Emilia Butimea, relata que tras el insulto, el asesino huipa se reunió con su grupo y planeó la sanguinaria muerte de Vicente.

Pasaron sólo unas horas para que los asesinos llegaran en la madrugada a su casa, lo dejaran inconsciente de un golpe seco en la cabeza y lo empezaran a despellejar aún vivo. Dicen que con una navaja de afeitar empezaron a arrancarle la piel desde el ombligo hasta donde terminan los testículos, arrancándole todo su miembro. Después arrastrarían su cuerpo ensangrentado al patio y lo enterrarían vivo. Vicente murió debajo de la tierra.


El padre de Vicente, al no encontrarle durante varios días, fue con Eusebio, quien decía la gente, fue la última persona con la que se le vio hablando con su hijo. Al principio el asesino negó su culpa, pero la insistencia del padre le hizo perder los estribos y querer acabar con él. Por fortuna, el desconsolado padre ya había prevenido este acto y ya había dado aviso a las autoridades.

Cuando Eusebio intentó mata al padre de Vicente, el delegado de seguridad irrumpió en el lugar y sometió al agresor. Tras varias horas de torturas, Eusebio confesó su culpa, dijo el nombre de sus cómplices y el lugar de los demás cuerpos mutilados. En su casa se encontraron, dicen, penes colgados de las paredes y senos de mujeres a punto de pudrirse. 

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Las historias de desapariciones terminaron con la captura de los asesinos de los Huipas y hoy todo es una anécdota, pero sigue el espacio para preguntar: ¿Será que estos actos violentos sólo fueron la única forma de desahogo para un grupo de hombres que sufrían el acoso por su sexualidad? ¿Sus trastornos mentales fueron causados por los incesantes comentarios de la sociedad? ¿Quién es el culpable?

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Esta historia terminó con la captura de estos asesinos, pero la historia también tiene registro de aquellos que mataron al doble de personas y nunca fueron capturados.


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