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La historia de los druidas

16 de noviembre de 2017

Rodrigo Ayala Cárdenas

Estos misteriosos hombres de blanco fueron seres de una sabiduría muy grande que ejercían como jueces, maestros, curanderos, astrólogos, astrónomos, poetas y adivinos entre su pueblo.


«Sólo ellos están autorizados a dirigir estas ceremonias y elegir a las personas que serán sacrificadas»...


La gigantesca figura hecha de mimbre se yergue en la cima del monte, contemplando los últimos rayos de sol que se esconden en el horizonte. A su alrededor un grupo de cien personas con las manos sujetas (enfermos y heridos en guerra, en su mayoría), avanzan hacia el interior del coloso en silencio y con la mirada perdida. A la distancia, un grupo de venerables hombres de tez pálida y vestidos de blanco, llamados druidas, observan la escena mientras levantan oraciones en silencio a dioses que hace muchos siglos sus nombres dejaron de ser pronunciados. Sus ojos negros y azules son enigmáticos, fiel reflejo del conocimiento acumulado a lo largo de largas vidas.



Una vez que la figura está llena de hombres y mujeres de pies a cabeza, un par de damas, que portan antorchas en sus manos, proceden a prender fuego en la base del hombre de mimbre. Con el paso de los minutos, la figura arde por completo y con ella las almas que se consumen en su interior. Algunas gritan, otras aguantan en silencio el terrible sufrimiento. Los hombres de blanco entonan cánticos que son apagados por el rugido de las llamas que ahora incendian la noche de la Galia. Sólo ellos están autorizados a dirigir estas ceremonias y elegir a las personas que serán sacrificadas. 



Estos misteriosos hombres de blanco fueron seres de una sabiduría muy grande, que ejercían como jueces, maestros, curanderos, astrólogos, astrónomos, poetas y adivinos entre su pueblo.


Vivían retirados en lo profundo de los bosques, adorando la figura de los enormes robles que les servían como moradas. Eran la casta sacerdotal de los celtas que habitaban en la Galia e Inglaterra.


Los primeros registros que se tienen de ellos provienen desde el ya lejano siglo III a.C. por medio de Julio César, quien habló sobre la capacidad y autoridad de los druidas para ejercer justicia y dictar sanciones en juicios públicos y privados. Otros autores que manifestaron un evidente interés hacia ellos fueron Cicerón, Pomponio Mela, Plinio o Suetonio.



Tenían tantos privilegios que no pagaban tributo alguno. Dedicaban su tiempo, en la reclusión de los bosques, a estudiar los versos antiguos, la filosofía natural, la astronomía y el saber de los dioses. Para convertirse en druida era necesario atravesar un entrenamiento cercano a los 20 años, en los que los jóvenes recibían una esmerada instrucción en todas las áreas del conocimiento de mano de los sabios.


Resulta peculiar saber que los druidas no eran partidarios de dejar testimonios escritos de sus enseñanzas sino que se decidieran a usar la memoria y la oratoria para transmitir sus lecciones. Julio César lo explica así: «Creo que esta prohibición obedece a dos causas; una, el que nadie conozca sus doctrinas y éstas parezcan más misteriosas de lo que en realidad son; otra, el que los estudiantes, no pudiendo contar con el escrito, fíen más en la memoria y la cultiven con mayor ahínco».



Los druidas estaban convencidos de que todo tenía un alma (eran partidarios del animismo) por ello es que su estudio y respeto por la naturaleza era absoluto. Tenían altares en el interior de sus moradas en los robles, en las partes más profundas de los bosques o en grutas donde celebraban asambleas y reuniones de estudio para discutir hechos sociales y filosóficos de gran trascendencia.


La disposición de estos altares era en forma circular, pues representaba al Universo; en línea sinuosa para recrear la forma del dios serpiente Hu; en forma de cruz, ya que ésta era la regeneración del cuerpo y alma, o de alas abiertas para representar el paso de la divinidad.



A menudo se ha dicho que la filosofía y el conocimiento de los druidas guarda semejanzas con las de los brahmanes de la India, los magos de Persia y los sacerdotes del antiguo Egipto. Ejemplo de ello es que los druidas creían en la supervivencia del alma después de la muerte y en su futura reencarnación, dependiendo de los méritos que la persona hubiera hecho en su existencia, lo que en la actualidad es denominado metempsícosis.


Apunta Julio César al respecto: «Ante todo, se esfuerzan por fomentar la idea de que el alma del hombre no perece, sino que transmigra, después de la muerte, de un individuo a otro. Estimulan con ello el valor de las gentes, ya que destruyen el temor a la muerte».



La historia les ha adjudicado también algunos poderes sobrehumanos como la capacidad de alterar el tiempo, volverse invisibles, predecir el futuro y convertirse en animales. Hay un aspecto aún más oscuro acerca de esta casta de sacerdotes que resulta más siniestra que lo que se relataba al inicio de este texto: se ha especulado con la posibilidad de que también sometieran a los bebés a sacrificios, aunque en su mayor parte eran los ladrones o enfermos los que morían en los rituales. El toro fue uno de los animales que también formaba parte de estas ceremonias.


Algunos autores sostienen que los druidas están vinculados con la construcción de Stonehenge, aunque otros sostienen que ellos arribaron al lugar cuando ya estaba erigido. Stonehenge ha estado asociado con diversas historias: algunos afirman que se trababa de un lugar con poderes de sanación al que viajaban peregrinos enfermos, mientras que otros prefieren llevarlo al lado más científico y colocarlo como una especie de observatorio astronómico. Cualquiera que haya sido su uso, se ajustaba perfectamente a dos de las actividades principales de los druidas: la medicina y la astronomía.



Se les adjudicaba una gran capacidad mágica; prueba de ello es que los guerreros celtas acudían a éstos para recibir consejos, bendiciones y amuletos que los protegerían en las batallas y los volverían invulnerables gracias a la magia de los druidas.


Algunas piezas con supuestas propiedades mágicas se conservan en la actualidad gracias a las tumbas encontradas cuyos ocupantes portaban talismanes y collares con cuentas de ámbar.


Su capacidad de vaticinar el futuro se debía a la práctica de leer el futuro en las entrañas de las víctimas de sacrificio, en los graznidos de un cuervo o en la capacidad de entablar conversación con los muertos, llamada nigromancia. 



Cuando los romanos, famosos por sus espectáculos sangrientos en el Coliseo, adquirieron la religión cristiana y arribaron a la Galia se sintieron horrorizados con las costumbres de los druidas, sometiendo al pueblo galo y a sus poderosos sacerdotes bajo su yugo. Por desgracia, los druidas fueron perdiendo relevancia a nivel social y sobrevivieron a duras penas como poetas, historiadores y jueces, hasta que su casta quedó extinta. En el presente existen organizaciones diseminadas que recogen las enseñanzas y costumbres druídicas como el culto a la naturaleza.


La filosofía wicca es uno de los que mayores ecos druídicos en la acutalidad. Hoy día han llegado costumbres antiguas que con algunos cambios sustanciales se adaptan a las exigencias de la vida moderna, como es el caso de la fiesta pagana que se convirtió en la celebración de los muertos.

TAGS: Historia mundial Religión Datos curiosos
REFERENCIAS: National Geographic Historic UK

Rodrigo Ayala Cárdenas


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